El 18 de febrero queda declarado oficialmente como Día Nacional de la Cocina Viejuna, gracias a que me sale de las narices y a que dos acontecimientos intergalácticos han coincidido en el espacio-tiempo. El Comidista, magno sponsor del premio, dedica hoy un post a mi loca iniciativa reivindicatoria de la mayonesa y los dátiles con bacon. Y a la vez sale otro artículo sobre el Premio Nacional de Cocina Viejuna en La Gulateca. Si el mundo no implosiona hoy no sé cuándo lo va a hacer.

Para aumentar el riesgo de embolia global voy a enseñaros las portadas de algunos de los recetarios viejunos más simbólicos y bizarros. Ya os indiqué cómo reconocer el viejunismo culinario con ejemplos sangrantes gráficos, así que hoy toca que reviséis vuestra biblioteca para ver si tenéis alguno de los ejemplares que señalo a continuación. Por ahora no valen ni una perra, pero cuando el huevo hilado gobierne el mundo... Quién sabe. Si no los queréis, yo estoy dispuesta a adoptarlos y rendirles pleitesía.


Si queréis comenzar una colección diógenes como la mía, deberéis empezar por frecuentar sitios de mala nota como las librerías de viejo y los puestos de mercadillo. Está estrictamente prohibido pagar más de 3 euros por cualquier ejemplar de menos de 100 páginas, y envido hasta los 10 (y ya me estoy pasando) en el caso de magnas obras profusamente ilustradas y con un peso capaz de aplastarte el pie.

Cuantas más fotos mejor, que es lo que mola. Y en color, porque lógicamente las ilustraciones en blanco y negro no nos dejan apreciar el festival fosforescente de los rabanitos o las cestitas de limón. En lo alto del ránking de coleccionables están los recetarios que regalaba la Caja de Ahorros Católica con la apertura de una cuenta, el Vademécum AMC que daban a las madres con la batería de cocina y la serie de "Biblioteca del ama de casa" de G. Bernard de Ferrer.

wow

Después de mucho investigar ahora sé que la G era de Genoveva, traductora y escritora que montó un emporio gastroviejuno con libros de todos los temas habidos y por haber. Algunos de ellos con portadas tan lóquers como éstas:


Lo mejor es que los libros salieron tal cual en la década de los 40, y sin ningún sonrojo les cambiaron la portada por una más yeyé en los 60, sin modificar nada del interior. No me digáis que no os entran ganas de pinchar una lechuga iceberg con banderillas.

La perfecta ama de casa moderna (moderna de entonces, entendámonos) tenía multitud de recetarios a su disposición para poblar nuestros sueños de pesadillas, y se empezaba a preocupar por guardar la línea comiendo solamente gelatina y leche desnatada Pascual. 


Después de pasar siglos comiendo tocino y chorizos llegó la manía de la cocina ligera, con ejemplares tan geniales como éste que recopilaba recetas de ensaladas, platos fríos y parrilladas. O lo que es lo mismo, todo lo que metía tu madre en la nevera portátil cuando ibais de excursión al río con cangrejeras y gorras de promoción "Pinturas López". 


Otro clásico es la colección "Comer bien", que lo mismo incluye un especial para aterrorizar a tus invitados con pasteles de embutido que una espeluznante guía para perpetrar platos improvisados. De esta serie yo tengo unos cuantos y admito que el de repostería es ya un clásico familiar.


Cualquier recetario anterior a 1990 que incluya en su título palabras como "moderna", "actual" o "futura" es digno de estudio. Atención a las modernísimas cascadas de langostinos y a la futurista perola de alubias.


Entre mis preferidos están los libros viejunos que regalaban las marcas después de pasarte un año recortando códigos de barras. Mención especial se merece el recetario de Tulipán de 1988 que aún puede verse (¡y descargarse!) de su web, una obra chiripitifláutica que merecerá post propio algún día.


Directamente tristes son estos dos especímenes: "Gastronomía madrileña", con una foto sacada a la virulé y el manual práctico del rodríguez que se quedaba en casa mientras la parienta y los niños se iban al pueblo. 


Mis preferidas sin duda son las siguientes dos obras del feísmo culinario patrio. No hay palabras para describir "Érase una vez el mundo mágico del duende Thermomix", un recorrido lisérgico por las cocinas regionales de España acompañado por el dichoso duende thermomixero. Sin duda una criatura aberrante salida de una mente enferma, cuyo interior pudimos ver gracias a las fotos de una poseedora.

Guat de fak
Y en lo alto del olimpo de los dioses viejunos está "Los 100 platos universales de la cocina vasca". La portada es bastante inofensiva, pero el interior, lleno de recetas de maestros de la cocina como Arzak, nos enseña el potencial asesino de la cocina viejuna de los 80. A él dedicaremos un post próximamente porque no tiene desperdicio ninguno, ay.


¡Perlas! ¡Langostas con brochetas de limones esculpidos! ¡Huevos cocidos con flores de zanahoria!


¡Que suenen las fanfarrias! Están ustedes personalmente invitados a la Gran Gala final del I Premio Nacional de Cocina Viejuna. Hagan el favor de ponerse la bisutería buena y la corbata de moiré antes de seguir leyendo, se requiere atuendo de cóctel de gambas.

Hubiera estado bien hacer este gala en streaming, conectando con los distintos miembros del jurado para que emitieran sus votos en directo y copazo en mano. Guayominí duse puá, Espein eit poins. Todo se andará y esa fantástica idea, con más audiencia potencial que Eurovisión y la Super Bowl juntas, será tenida en cuenta para próximas ediciones. Este año se tendrán ustedes que contentar conmigo vía palabra escrita, aunque no me vean el collar de perlas ni la estola de astracán siberiano.


Al lío, que sé que estáis hiperventilando.

Tal y como dije en las bases del concurso "si hubiera una épica pugna entre varios contendientes o alguien mereciera un premio especial a la horterada y la simpatía, se podrá añadir un premio accésit." Así ha ocurrido, porque el jurado súper profesional y desinteresado ha votado mayoritariamente una obra, y yo, que soy una sensiblera de blando corazón, he incluido a otra que también merece reconocimiento moral.

El palmarés queda así:

  • El primer premio, otorgado al mejor cocinero viejuno de España por su esfuerzo, magnífica elaboración y mejor presentación es para "pastel de merluza con escamas de pepino", de Sara Luengo Jiménez. Autora del blog El nido de mamá gallina, Sara perpetró una maravillosa receta culmen de la cocina viejuna, como todos los míticos pasteles de pescado con forma de ídem y adornados hasta la extenuación. Adornado con profusión de guarniciones incomibles, este pastel de merluza tenía además la interesante cualidad de estar bueno, y según su inventora, duró lo justo para hacerle las fotos.

Fijaos en el detalle de las rodajas arquitectónicas de naranja y limón
Según Sara, ha tenido cierta ventaja a la hora de presentarse al premio porque en su juventud, marcada por el uso excesivo de la laca y los cardados, se hinchó a adornar fuentes de ensaladilla con flores de pimiento. En esta entrada de su blog podéis ver todas las fotos del proceso e incluso la receta por si os atrevéis a replicarla.

Por su gran interpretación de lo mejor del horterismo culinario, Sara se lleva el premio gordo: Una cámara de fotos Polaroid PIC300 de Polaroid cedida por nuestros amables patrocinadores de Reflecta, una preciosa cafetera italiana marca Moka de los años 70 de la mano de Cachivache Vintage, un ejemplar firmado y dedicado por Mikel López Iturriaga alias El Comidista de su último libro "Las 202 mejores recetas de El Comidista", y sacados de mi propia colección Diógenes, una balanza de cocina alemana marca Stube en naranja fosforito y el libro de cabecera del guisandero viejuno, "La gran enciclopedia de la cocina" de 1964.


  • El premio accésit a la simpatía y la colaboración familiar se lo lleva el "menú de picoteo viejuno" de Adriana Consuegra Navarro, que con la ayuda de su madre Yolanda, su hermano Lucas y su tía Rosamen se vino muy arriba y montó una mesa de bufé digna del certamen Linda de España. Adictos al subidón de la cocina viejuna, no pudieron elegir solamente una receta e hicieron nada menos que siete (enlace al pdf con todas las recetas y fotos). Canapés de fiambre, de sardina, fantasía lisérgica mar y montaña en homenaje a Alicante, pericana, salmón marinado y brazo de gitano, todo regado con un estimulante refrigerio de vermú, vodka y Picón para embolingarse a gusto.
Adriana andaba con muletas esos días y requirió la ayuda impagable de su troupe familiar para recrear este festival de sabores basado en las recetas que coleccionaba su yaya. De ella heredaron su amor por la cocina viejuna y trampantojil, y recuerda con cariño los "huevos fritos" que preparaba su abuela con melocotón en almíbar, clara a punto de nieve y calabazate.

Por su entrañable historia, por la impagable fantasía mar y montaña en homenaje a los locas esculturas de setas de Alicante y por hacerme la pelota diciendo que van a instaurar una comida familiar anual de recreación viejuna, Adriana se lleva varios premios: otro magnífico ejemplar de "Las 202 mejores recetas de El Comidista", firmado con emoción por su autor Mikel Iturriaga, el juego de café irrompible de seis servicios de Duralex, una tetera alemana de los años 80 de estilo ranciamente kitsch y un indefinible libro de "La colección del ama de casa", para que siga perpetrando estos horrores.


Esto es todo, amigos. La próxima edición será más grande, mejor y con mucha más purpurina si cabe. Trabajaré duro durante los próximos 10 meses para que el Premio Nacional de Cocina Viejuna se convierta en una tradición patria, al nivel de otras rancias instituciones como la partida de tute después de comer y la bata de boatiné.

Agradezco de todo corazón vuestro interés y obsesivo seguimiento de esta primera edición, y por supuesto a los que la han hecho posible: los valientes que se han presentado, los que lo intentaron y quedaron atrapados en una debacle de gelatina y mayonesa, al magnífico jurado de brillos y oropeles (Iker, Anna, Mónica, Albert, Mikel, Pamela, Cristina, Roberto y Carmen) y a los maravillosos patrocinadores sin los que el premio sería una birria, Reflecta Polaroid, Cachivache Vintage aka. los Quiroga Páez y El Comidista.

Gracias a todos por vuestra ayuda y por rescatar del limbo a la cocina viejuna; madre, hija y espíritu santo de la gastronomía moderna, con la que todos crecimos y a la que debemos tanto.

Nos vemos el próximo año en la gala de Torremolinos.



Me saqué de la manga el I Premio Nacional de Cocina Viejuna en una tarde de constipado y congestión, afectada seguramente por síntomas febriles y una masiva ingestión de risketos. Nunca pensé que mi locura y obsesión por la cocina viejuna conquistara vuestros corazones, pero así ha sido.

Insertad ahora mentalmente un fondo musical con toque épico, porque el momento lo vale.

Dos meses y diversas vicisitudes después, está a punto de decidirse el ganador de tan magno evento. Por fin. Procedo a enseñaros algunas (no todas, no hay espacio ni aguante retiniano suficiente) de las obras cumbre han llegado a mi buzón. Todas elaboradas con el máximo amor y respeto por el horterismo imperante en los 80. Una lección de clase y glamour digna de la mesa de un notario de Torremolinos.

Sorprendentemente, casi todos los participantes han declarado libremente y sin estar bajo tortura que la comida estaba buena. O casi. Algunos, como veréis, se vinieron arriba y prepararon todo un menú temático, montando una fiesta nostálgica regada con demasiado brandy Soberano. No tengo palabras para agradecer el esfuerzo de planificación y digestión que implican estas fotos. Recordad que yo no juzgo, así que mis simpatías, filias o fobias no cuentan para nada. Más abajo os cuento quién tiene en sus manos la responsabilidad de elegir al mejor cocinero viejuno de España.

AVISO: las siguientes imágenes podrían herir su sensibilidad. Si es usted acérrimo seguidor de Masterchef, la deconstrucción molecular o los gastrobares, mejor no siga leyendo y vaya a comerse unas carrilleras infusionadas en sopa de coliflor con ajonegro.


Christian y Susana, una pareja de valientes ayudados por una intrépida suegra, mandaron un menú completo consistente en canapés variados, áspic de ensaladilla, pudding de pescado y sorbetes de limón. Sí, los míticos de la cáscara de limón rellena de helado.

También decidieron darme mucha envidia con su despliegue de material de cocina viejuna, incluyendo las geniales fichas de la revista Telva en su caja verde original. Esnif.

Atención a la caja de "Classy Cabaret, the good cook companion". No sé lo que es, pero mola mil

Juan, del que me declaro fan incondicional, optó por una "tarta salada o manjar egipcio", receta propia para un ágape marbellí con mucho brilli-brilli. La flor de rabanito es amor y lo demás nada.


De extras añadió un loquísimo árbol de salchichas, "dátiles con bacon o diazepán primitivo" y unas "cornucopias de la abundancia" hechas con jamón de york, manzana, mayonesa y cómo no, rabanito.

Haceros fáns, Juan se lo merece
Con un estilo más clásico, en la línea del viejunismo deluxe, Carmen hizo una merluza en salsa americana al horno. Véase su maestría con la manga pastelera, haciendo bien de rosetones de puré de patata mazacote. Para completar el estilismo recomienda "buscar en casa de madres y abuelas todo tipo de atrezzo para intentar aviejunar lo máximo posible la “mise en place” resultante. En este caso, la mía creo que ha resultado ser bastante “Telva sesentera”"



Como no podía ser de otra manera, los pasteles de pescado con forma de ídem han triunfado. Su finura estética está anclada en lo más hondo de nuestros recuerdos de infancia, así que los participantes sacaron su vena más rococó y kitsch para crear cosas tal que así:

barroquísimo pastel de patata y bacalao con de todo más gnomos, de Cris
pastel de merluza con escamas de pepino, acompañado de aperitivo viejuno, de Sara

La cocina viejuna debería ser asignatura obligada en educación primaria, sustituyendo a plástica y pretecnología. Total, lo engloba todo, como se puede verificar viendo "la perla del Caribe" perpetrada por Alberto.


Como dice él, "el nombre nace de la incursión de los productos exóticos caribeños en nuestra gastronomía, mezclada con la caspa que destila el auge de las máquinas tragaperras en los bares de serrín en suelo, cuya estrella era la mismísima Perla del Caribe. Todo ello envuelto de clásicos de ayer, hoy y siempre." Una maravilla que une palmito, palitos de cangrejo y langostinos congelados, aguacate, piña, huevo hilado, ketchup y huevas de lumpo ("el caviar infame de los 70/80").

Me han enviado tartas, bizcochos salados, ensaladas, montañas de salchichas, áspics con cosas inimaginables dentro... No puedo ponerlo todo, pero el viernes cuando publique el ganador daré su receta y pondré todas las fotos del proceso. 

Como broche de oro a esta pequeña muestra de cocina viejuna vale esta imagen, que parece sacada de un número de "Ama de casa y Hogar" de 1976, pero no. Es un despliegue actual de viejunismo en su máxima expresión.

la mesa viejuna total, de Adriana
Ahora que os habéis hecho una idea aproximada de las bellezas que he recibido, paso a explicaros quién decide quién recibe el extremo honor de ganar el I Premio Nacional de Cocina Viejuna. Yo me abstengo de opinar en la cuestión, para que no haya suspicacias. Y porque además he encontrado a diez personas mucho más profesionales que yo que han colaborado a cambio de una futura e hipotética invitación a un sol y sombra.

En estricto orden alfabético, para que no se piquen, éstas son las personas que tienen el destino del viejunismo en sus manos:
  • Albert Molins @HGastronomicus, jefe de producción de La Vanguardia y mi benévolo director en Zouk Magazine
  • Anna Mayer @annalibera, italiana, pelirroja,  profesora de cocina en Panepanna, consultora gastronómica y persona de bien. 
  • CachiVache Vintage o el emporio de los Quiroga Páez, patrocinadores del Premio Cocina Viejuna. Venidos a menos por culpa del pérfido Bernie Madoff, subsisten vendiendo las pertenencias que les quedan
  • Carmen Alcaraz @Bonavivant, periodista, gastrónoma y más maja que las pesetas. Trabaja en RNE-Radio 4, El País Semanal y allá donde haya de comer.
  • Cristina Morales @CrisLeBonVivant, amiga y paisana de barrio y ciudad, ahora exiliada a las frías tierras teutonas. Cocina y escribe en Le Bon Vivant.
  • Iker Morán @photolari, como Peter Parker, es periodista/fotógrafo de día y Spiderman cocinillas de noche. Jefe supremo de La Gulateca.
  • Mikel Iturriaga @mikeliturriaga, periodista y bilbáino trisílabo. También conocido por ser gurú y la mente perturbada detrás del El Comidista.
  • Mònica Escudero @moniquecestmoi, periodista (¡otra, son plaga!) y mujer de bandera. Comilona, amante de las chucherías y Comidista adjunta.
  • Pamela Rodríguez @UnodedosRecetas, gallega riquiña y bilbáina adoptada. Musa y autora del blog de cocina Unodedos.
  • Roberto González @elpingue, cocinero, profesor y agitador mental pucelano. Escribe con maestría en El Pingue

El Premio Nacional de Cocina Viejuna tenía que tener un jurado de lujo, acorde con su nivel. El próximo año montaremos una gala con mucho espumillón o un congreso sesudísimo con bufé frío, cisnes de hielo y canapés de chatka y mayonesa.

Atentos porque el viernes saldrá el resultado. Ay señor, qué emoción. 

Biscayenne. Con la tecnología de Blogger.