¿Qué tal la primera resaca navideña? Si sois gente de bien y hacéis caso a lo que recomiendan los expertos, estaréis a pan y agua, dejando sitio en el estómago para la pitanza de Nochevieja y Año Nuevo. Si sois como yo, y la dieta post- y pre-comilona os ha durado sólo un día, no os preocupéis, siempre os quedarán los buenos propósitos del nuevo año...

Aunque a mi casa ya ha llegado el Olentzero, muchos de vosotros estaréis aún ayudando a los Reyes Magos con los últimos preparativos. Si os gustó la idea del tubo de galletas, hoy os traigo una receta fácil y resultona, para quedar como unos auténticos reyes con los agasajados. ¿quién quiere una camisa de talla equivocada, o un bolso que no pega con nada, pudiendo recibir un regalo comestible?

En un ratillo, y con un poco de paciencia y cariño, tendremos unos preciosos botes llenos a rebosar de tiras de naranja confitada y chocolate:


Es más fácil de lo que parece, y en caso de que no queráis untar la naranja con chocolate, podéis guardarla confitada en la nevera para usarla en el roscón de reyes, plum cakes, y cualquier cosa que se os ocurra.


Naranja confitada con chocolate:

Dificultad, así de primeras: para reyes magos principiantes Probables complicaciones: pegajosidad extrema en cacharros y superficies cocineriles Sabor: extremadamente bueno.


INGREDIENTES: 


  • naranjas de mesa (a mí con 3 naranjas grandes me salieron 3 botecitos)
  • azúcar
  • agua
  • 100 gr. de chocolate negro fondant

PREPARACIÓN:
Primero hay que lavar y pelar las naranjas: para hacerlo más cómodamente, cortar horizontalmente la parte de arriba y el culo de la naranja, para poder apoyarla bien sobre la tabla o encimera. 

En algunos sitios dicen que lo mejor es quedarse sólo con la piel exterior, desechando toda la parte blanca. Yo, como no le hago ascos a nada, dejé todo lo que pude, e incluso un poco de pulpa: así los palitos quedarán mucho más carnosos.


Se pueden hacer 4 cortes longitudinales y arrancar la piel con los dedos, o ir sacando lascas de cáscara con el cuchillo, de arriba abajo. Cuando tengáis los trozos de piel, hay que cortar bastones de aprox. 1 cm de anchura y lo más largos posible.


Es hora de probar una esquinita de la piel: si os sabe muy amarga, se puede blanquear hirviéndola brevemente. En mi caso, como tenía unas naranjas muy dulces y además me gusta un sabor acentuado no lo hice, pero en caso de que lo prefiráis se trata de echar las pieles en un cazo con agua fría y calentarlo al fuego hasta que hierva unos minutos (el blanqueamiento se puede repetir más veces para quitar del todo el amargor).

Pesamos las cáscaras de naranja y medimos la misma cantidad en peso tanto de azúcar como de agua. Esos dos ingredientes mezclados los echamos en un recipiente a fuego alto, y en cuanto el azúcar se haya disuelto añadimos las tiras de naranja. Esperamos hasta que empiece a hervir el almíbar y entonces bajamos la potencia del calor a medio-bajo, manteniendo el hervor pero con unas burbujas perezosas (blob blob).

Dejad confitando la naranja hasta que esté ligeramente translúcida, unos 25 minutos. Mientras, podéis supervitaminaros y zamparos la pulpa de dentro.


Llega la parte más pegajosa: sacar uno a uno los bastones y dejarlos secar sobre una rejilla, bien separados entre sí. ¡No se os ocurra tirar el almíbar sobrante por el fregadero! meterlo en un tarro limpio dentro de la nevera y servirá para emborrachar bizcochos, por ejemplo, o para endulzar un té dándole sabor a naranja.

Las tiras de naranja tienen que estar varias horas secándose antes de poder rebozarlas en azúcar. Este paso no es fundamental pero hace que el resultado final sea más crujiente: sólo tened en cuenta que cuanto más pegajosas estén las pieles, más azúcar absorberán, de modo que si lo hacéis en cuanto las saquéis del almíbar quedarán con una costra muy gruesa, y si esperáis unas horas será un granulado fino.


Simplemente, echar las cáscaras sobre un plato con azúcar y encroquetarlas rebozándolas bien, luego sacudirlas un poco y volver a colocarlas de una en una, bien separadas otra vez sobre la rejilla. Al día siguiente deberían estar casi completamente secas al tacto, y si tenéis un poco de prisa, se pueden meter en el horno a 50 grados para que vayan un poco más rápido. 

Para bañarlas en chocolate, sólo hay que derretir éste al baño maría o en el microondas (a intervalos cortos y media potencia, para que no se queme) y colocarlo en un recipiente estrecho, para que haya varios cm. de cobertura sin tener que gastar mil tabletas. Preparad una bandeja o fuente cubierta de papel de hornear.

Con cuidado, metemos la punta o hasta la mitad de cada tira en el chocolate, dejamos escurrir y las colocamos sobre el papel de hornear. Ahora sólo hay que esperar a que se solidifique, o en caso de que seas un goloso impaciente, meter la bandeja dentro del congelador unos 15 minutos.


¡Y ya está! Naranja confitada lista para ser introducida en botes, empaquetada, etiquetada, adornada y repartida por sus majestades los Reyes de Oriente.

Nota: si lo que queréis es limón confitado, el proceso es el mismo pero blanqueándolo 3 veces para quitar el máximo de amargor, y usando al menos una medida y media de azúcar por peso de cáscaras.


Por si tenéis curiosidad, los tarros que he usado y que salen en las fotos son de la tienda Casa, Para uno de ellos pinté la tapa (que originalmente era dorada y con letras negras) de blanco con un spray, y luego pegué una flor seca. El lacito, en cualquier mercería!
¿Preparados para comenzar el maratón de las comidas sin fin, las sobremesas eternas y los kilos de más?

Desde aquí os deseo unos días felices, un año nuevo espectacular, en el que algunos, si no todos de vuestros sueños se hagan realidad, y que sigáis volviendo aquí para intentar hacer la vida un poco más dulce.




Feliz Navidad, Gabon Zoriontsuak, Bon Nadal, Boas Festas

¡Gracias por este medio año de blog, por leerme, por buscarme y por ser unos golosos irredentos!
Recta final prenavideña, y la casa sin barrer. O con muchas galletas aún por hacer.

Este año las fiestas me han pillado con el pie izquierdo en el aire y, por poner un ejemplo, no he puesto todavía ningún adorno en casa. Las promesas de "voy a hacer panettone, y mazapanes, y esto y lo otro y lo de más allá" se me han amontonado y sólo quedan 4 días para cumplirlas, me temo que con escaso éxito.

Seguro que vosotros sois más previsores, o igual tenéis más tiempo que yo y lo tenéis todo preparado: el árbol, los turrones, los regalos, el agua para los camellos... Si os falta algún detalle, o buscáis una idea para hacer un regalo especial, barato y bonito, yo os obsequio una: regalar galletas caseras, hechas con nuestras primorosas manos, y guardadas en un paquete original.


La ilusión que mostrará el afortunado "regalado" es proporcional al orgullo que siente el "regalante" cuando todo el mundo exclama oh... ahhhhh.... ¿lo has hecho tú?

La base: unas ricas galletas artesanas, preferentemente de forma redonda. Si queréis algo fácil, rápido, y que no requiera glasa, ni adornos, podéis hacer las brownie cookies, las galletas de dos chocolates, o unas buenas shortbreads de mantequilla.

Si os apetece deslumbrar con un dibujo en glasa, aquí tenéis unas sencillas instrucciones de cómo hacerlo, usando además colorantes naturales.

Yo para este regalo usé galletas de jengibre y cacao, típicas de adviento y que son muy sencillas de hacer. Pinté el tubo que servía como envoltorio y pinté las galletas ¿? Aquí viene el tutorial:

Material necesario:
Para el tubo:

- un tubo vacío y limpio de Pringles (lo cual implica comérselas antes, vaya por dios...)
- pintura acrílica blanca
- pincel plano grande
- acuarelas o pintura acrílica de colores
- pinceles variados
- (papel decorado o de regalo)

Para las galletas:

- galletas redondas
- glasa real (una clara de huevo, una cucharada de zumo de limón, azúcar glas)
- colorante (en polvo o en gel, o natural, en mi caso: té verde matcha)
- vodka
- pincel fino



GALLETAS:

Preparar la glasa batiendo la clara hasta que espume, añadir el zumo de limón y después el azúcar glas poco a poco, probando la consistencia. Cuando metáis la punta de un cuchillo y la glasa tarde en recuperar su alisado unos 10 segundos, está lista. (Harán falta unos 200 gr. de azúcar glas, más o menos dependiendo del tamaño de la clara)



Con esta regla de los 10 segundos, que ya expliqué en esta entrada, no tendréis que usar glasa de delineado y de relleno, sino sólo una: cogemos la galleta, hacemos una línea alrededor del borde y unos segundos después ya se puede rellenar la parte interior, teniendo en cuenta que no hay echar demasiada glasa porque se expanderá una miaja e igual se nos desborda. Cuando falten algunos resquicios por rellenar, hay que mover con cuidado la galleta horizontalmente, para que se reparta bien la cobertura y quede lisa.


Si veis que se nota alguna burbuja de aire en la glasa, podéis pincharla con un alfiler o la punta de un palillo. Dejadlas secar hasta el día siguiente


Preparamos la pintura comestible con colorante y un poco de vodka (u otro licor transparente). No os preocupéis que el licor se evaporará y no dejará ningún sabor. 

Podéis usar colorante en polvo o en gel. Yo utilicé té verde matcha, tamizado y mezclado con el vodka: es completamente natural y deja un bonito color verde.

Tan sólo tenéis que elegir un pincel suave y fino, mojarlo en la pintura y empezar a pintar sobre la glasa. Ésta no se reblandecerá ni nada, sirve de lienzo para destacar el color.


Puede ser que parte del vodka se evapore a la de un rato, si pasa esto, sólo hay que añadir unas gotitas más para que la pintura vuelva a ser líquida. 

Podéis pintar un motivo navideño sencillo, como he hecho yo, árboles, estrellas, copos de nieve, o incluso escribir con el pincel vuestros buenos deseos.


TUBO :
Con el tubo bien limpio y seco por dentro, debemos empezar a pintarlo con pintura blanca, dando varias manos para tapar del todo el fondo, y dejando secar al aire entre las distintas capas.

Cuando esté blanco del todo, podéis optar por dos cosas: si tenéis buena mano, pintarlo con un motivo sencillo, o pegar encima papel decorado, pegatinas, adornos, etc, barnizándolo después.

Si vais a pintarlo, lo mejor es que con un lápiz o pintura de palo, bosquejéis suavemente el motivo que habéis elegido encima de la pintura blanca, para luego no equivocaros demasiado.



Ahora, con acuarelas o pintura acrílica y un pincel fino, pintar sobre los trazos del dibujo. Hacerlo con el tubo de pie es un poco complicado, así que colocadlo sobre un papel con cuidado de no emborronar las partes que ya estén terminadas.


Si queréis que el tubo dure en óptimas condiciones por toda la eternidad, podéis terminar barnizándolo o usando un spray de acabado para manualidades. Después, envolver las galletas en papel de cebolla colocándolas en una pila vertical, y cerrar el paquete como si fuera un caramelo, con unos lazos en cada extremo. Meter las galletas envueltas dentro del tubo, y ¡poner la tapa!

Aquí podéis ver cómo quedó el famoso tubo de Pringles tuneado:

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!Sólo quedan 10 días para Navidad!

Soy la encargada de la receta número 15 del #calendariodeadvientogastronómico. ¿Que no sabéis lo que es?


Pues una iniciativa festivo-glotona, comandada en Twitter por Manu Catman y Patri Dimequeesviernes, en la que unos cuantos cocinillas nos encargamos, cada día de adviento, de hacer una receta navideña para que no os falten ideas de cara a las fiestas.

Hoy me toca a mí, y he preparado unos muffins de compota navideña, con manzana, frutos secos y canela. Perfectos para desayunar en estos días fríos, untados en café con leche y que a mí me transportan automáticamente a la cocina de mi amá.

La compota navideña es un plato típico del País Vasco y de todo el Norte de España, se prepara con manzana, ciruelas, pasas, orejones, higos, canela, azúcar y a veces vino tinto.

Mi ama la prepara habitualmente en esta época y es la fórmula perfecta para comerla caliente en el sofá, arrebujados en una manta y pasando la indigestión de las macrocomilonas navideñas.


Muffins de compota navideña:

Dificultad, así de primeras: para hijos emancipados Probables complicaciones: absolutamente ninguna Sabor: a recetas de amatxu. Receta de inspiración: variación de Fluffy Apple Muffins

No lleva huevo, así que es una receta apta para intolerantes a este ingrediente!

INGREDIENTES: para 8 muffins grandes. 



  • 200 gr. de harina
  • 225 ml. de buttermilk (misma cantidad de leche más una cucharada de zumo de limón)
  • 100 gr. de azúcar moreno
  • 150 gr. de manzanas troceadas (mejor ácidas: reineta, grannys o de sidra)
  • 75 gr. de mantequilla a punto de pomada
  • un puñado de pasas sultanas (sin pepitas)
  • un puñado de ciruelas pasas
  • orejones de albaricoque o melocotón
  • 3 cucharaditas de gasificante Royal
  • 2 cucharaditas de canela
  • una pizca de sal

Podéis usar peras y manzanas, o sólo peras, además de higos secos si os gustan y otro tipo de especias, como jengibre, clavo, nuez moscada, etc...


PREPARACIÓN:
Batir la mantequilla con el azúcar hasta obtener una crema esponjosa.

Mezclar aparte la leche con el zumo de limón y dejar reposar 10 minutos para conseguir el buttermilk. En otro recipiente, reunir la harina con el gasificante (Levadura Royal o similar), la sal y la canela.

Cortar mientras tanto la manzana y los frutos secos en trozos pequeños, y precalentar el horno a 190 grados.

Añadir los ingredientes secos y el buttermilk a la masa de mantequilla y azúcar: primero una tercera parte de secos, luego la mitad del líquido, otra tercera parte de secos, el resto del buttermilk y terminar con lo que quede de harina, batiendo bien después de cada adición.

Agregar la fruta y remover bien, para que que se impregne completamente de masa. Preparar unas cápsulas de muffins (que son más grandes que las de cupcakes, también se pueden usar éstas pero os saldrá mayor número de muffins), colocarlas en el molde y rellenar con la masa hasta 2/3 de su capacidad.



Por encima, echar sobre cada muffin una cucharadita de azúcar moreno mezclado con canela, y un orejón, por ejemplo.

Introducir en el horno y dejarlas durante unos 25 minutos, o hasta que un palillo insertado os salga seco. Es mejor hacer bien estos muffins porque los trozos de fruta que lleva aportan bastante humedad, y si no se hornean suficientemente os quedarán un poco blandos.


Y recordad, !sólo quedan 10 días para Navidad! Aunque estoy hasta arriba de trabajo y tengo mil y una cosas que hacer, intentaré poner más recetas golosas, originales y engordantes...

Seguid la pista de #calendariodeadvientogastronómico, por delante 10 recetas más hasta el día 25 y un recopilatorio especial.


1 de diciembre, primer día de adviento y los que somos fans incondicionales de la Navidad vamos calentando motores. Incluso para los que no celebren las fiestas navideñas llega una buena época: la del frío en la calle, bufandas y gorros en el colgador de la entrada, nieve para los muy afortunados, calefacción o chimenea en casa y ganas de comer cosas potentes.

(Los golosos irredentos tenemos una especial querencia por el invierno, es la excusa perfecta para hacer chocolate caliente acompañado de churros, rosquillas caseras en una tarde lluviosa, encender el horno permaneciendo cerca para vigilar el bizcocho... Ronroneamos como una cesta de gatetes al lado de la estufa.)

La Navidad es sinónimo de cosas ricas, tanto saladas como dulces. Las despensas se llenan de turrones, mazapanes, polvorones, frutos secos, peladillas, panettones y un sinfín de vicios más. Lo bueno es que lo que a uno no le gusta, le encanta a su hermano, o madre, y todos quedamos contentos y la mesa vacía.

Desde ahora hasta el final de las Navidades intentaré poner aquí recetas que sirvan para darnos un pequeño homenaje y también para agasajar a familiares, amigos invisibles, pajes, camellos, renos y diversos reyes magos. Y qué mejor que empezar con unas galletas que inunden la casa de olor a invierno, jengibre, especias y chocolate.


Aunque en el recetario español no se suela usar el jengibre, cada vez está más extendido su uso debido a la influencia de otras culturas. A mí me encanta y me recuerda especialmente a la Navidad, las vacaciones y el mercadillo de adviento (Weihnachtsmarkt o Adventsbasar) que se celebraba en mi colegio. (Recetas alemanas se acercan en breve!)

Éstas galletas son, y sin querer echarme flores, maravillosas. Solamente la masa antes de hornearlas está como para comérsela entera a cucharadas. Tienen un intenso sabor a jengibre, especias, naranja y cacao, dejan un regustillo picante en el paladar y son perfectas para decorar, porque mantienen la forma y son lo suficientemente resistentes como para regalarlas y mandarlas por correo.

El plus: la mayoría de recetas de jengibre que encontraréis por ahí llevan siempre melaza entre los ingredientes, y ¿quién porras tiene melaza en casa? yo, desde luego no, así que éstas galletas no llevan!

Galletas de jengibre y cacao:

Dificultad, así de primeras: hiper fácil Probables complicaciones: separar las piezas cortadas Presentación: perfectas para regalar o decorar. Sabor: a Navidad pura. Receta de inspiración: variaciones sobre Chocolate Gingersnaps, de Mushitza

INGREDIENTES: para 30 galletas de 5 cm de diámetro y 4 mm de grosor. 


  • 140 gr. de harina
  • 20 gr. de cacao puro en polvo
  • 5 gr. de jengibre molido
  • 4 gr. de canela en polvo
  • 2 gr. de nuez moscada molida
  • 1 cucharadita de ralladura de naranja
  • 1 gr. de clavo molido
  • 1 gr. de gasificante (levadura química de repostería, Royal o similar)
  • 50 gr. de azúcar moreno
  • 50 gr. de miel
  • 1 huevo a temperatura ambiente
  • 70 gr. de mantequilla salada, fresca pero dúctil al tacto (si no usáis salada, añadir a las especias una pizca de sal)

Casi todas las recetas extranjeras de galletas de jengibre llevan melaza (o molasses, en inglés) que es lo que aporta el color oscuro y un sabor particular. Se puede sustituir la melaza por una mezcla de sirope de arce, jarabe de maíz oscuro y... ¿acaso creéis que tengo eso en el armario? En algún sitio he leído que puede cambiarse por tres cuartas partes de azúcar moreno y una de agua, haciendo un almíbar muy espeso, pero no queda igual, razón por la que busqué una receta base sin melaza.

Esta en particular la he adaptado de un blog búlgaro, añadiendo especias y sustituyendo la panela original por miel.

PREPARACIÓN:

Teniendo todos los ingredientes a mano, se tardan 10 minutos en preparar la masa, en un chispúm, vamos. Si no tenéis las especias en polvo, podéis conseguirlo pasándolas por un molinillo, un mortero o bajo un rodillo.

En un recipiente, tenemos que juntar la harina, las especias, el cacao, la ralladura de naranja y el gasificante, revolviendo con un batidor para que no haya grumos y los aromas se mezclen. Si no os gusta o no tenéis alguna de las especias que he usado, podéis quitarlas o añadir otras, como anís estrellado, cilantro... Las más importantes son el jengibre y la canela, además de la ralladura de naranja que da un toque genial.


En un bol grande batiremos la mantequilla hasta que esté cremosa, y luego añadiremos el azúcar y la miel, batiendo bien a continuación. Por último, agregamos el huevo y volvemos a batir.





Sólo hay que que juntar los ingredientes secos con los húmedos, formando una masa espesa y muy oscura que huele a gloria. Debemos echarla sobre un trozo de film para alimentos y envolverla haciendo un paquete, y éste a su vez meterlo dentro de un tupper en la nevera durante una hora.

Pasado ese tiempo, colocamos la masa entre dos hojas de papel para horno y la aplanamos con el rodillo, hasta un espesor de unos 4 mm. Aviso: así de delgadas las hice yo porque prefiero que salgan muchas y además su sabor es bastante fuerte. Si las queréis más gruesas, tendréis que usar el doble de ingredientes, pero será más fácil separarlas después de usar el cortapastas.



Precalentar el horno a 170 grados, sacando la bandeja. Una vez estirada la masa entre los papeles, la ponemos sobre una bandeja o similar y metemos en el congelador durante 5 minutos. Como no lleva mucha mantequilla, la refrigeración de la nevera no la habrá dejado muy firme, así que es mejor usar el congelador cada vez que la estiremos para poder cortar mejor las formas.


Para principiantes puede ser más fácil usar el método del rulo: hacer una "salchicha" o cilindro con la masa, y cuando esté bien fría cortar lonchas con un cuchillo, o truco del almendruco, con hilo dental.


Dejándola un rato en el congelador, la masa queda lo suficientemente dura como para poder utilizar un cortapastas, rápidamente y lejos del horno para que no se vuelva pegajosa. Las formas ya cortadas se pueden retirar con una espátula, o más sencillo y práctico, despegándolas tirando del papel con cuidado hacia abajo, como si quitásemos una pegatina.




Con cuidado las colocaremos sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear o silicona, y las meteremos dentro del horno a una altura media, calor arriba y abajo, 170 grados durante 10 minutos, más o menos. ¡Si las habéis hecho más gruesas, quizás sean 12-14 minutos!


Cuando estén hechas (a ojo de buen cubero, puesto que son tan oscuras que no cogen color) las sacamos y tras un par de minutos las transferimos con cuidado a una rejilla de enfriamiento, o apaño casero, a la rejilla del horno sostenida en alto por unas tazas, por ejemplo.


En cuanto estén tibias se pueden comer compulsivamente. También se puede esperar y guardarlas con celo hasta Navidad dentro de un recipiente hermético, o decorarlas para regalarlas con cariño, como veremos los próximos días.




¿Cuál es vuestro dulce preferido de Navidad? Podéis darme ideas, queda mucho tiempo hasta enero...


La mantequilla corre por mis venas. Me gusta sola, acompañada, fría, derretida, dulce y salada. El único de sus vástagos al que le hago ascos es la buttercream, infame mezcla propia de civilizaciones bárbaras y de la que ya hablamos en su día

Tampoco he sido capaz nunca de untar mantequilla en los bocadillos, trauma infantil debido a la inhumana cantidad de Tulipán con mortadela que ponían las madres de otros niños en sus bolsas del recreo. 

A mí lo que me pierde son las galletas de mantequilla: lo mismo me da danesas, que alemanas, shortbread escocés que pastas de pueblo (también admito sin pudor la versión con manteca de cerdo). Recuerdo con deleite el sabor de unas galletas inglesas que vendían en el Mark´s & Spencer de Bilbao, hace mil años...

Así que ha sido un placer preparar y comer la receta que Whole Kitchen nos proponía en su reto dulce de noviembre: pasta sablé.

Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de noviembre nos invita a preparar un masa básica en pastelería: pasta sablé

Las pastas sablé bretons son una especialidad francesa, hechas con una variante de la masa quebrada. Tienen una textura crujiente y terrosa, de ahí viene su nombre: "sable" en francés significa "arena". 

Hace tiempo descubrí este artículo del New York Times sobre Dorie Greenspan y sus recetas para sablés, y en él cuenta que ella aprendió con un panadero francés que las hacía a mano, amasando los ingredientes sobre una mesa.

Así que ni corta ni perezosa, como yo soy muy antigua, he hecho lo mismo y me he enfangado de harina por todos lados. Han salido buenísimas y perfectamente se pueden hacer a la usanza del s. XXI, en un bol y con batidora o amasadora. 


Sablé bretons de café:

Dificultad, así de primeras: sencilla, sencillorra. Probables complicaciones: que la masa esté demasiado blanda para cortarla, o demasiado dura. Presentación: untándolas en el café hasta los nudillos. Sabor: mantequilla salada + café dulce. Receta de inspiración: Pasta sablé de la Guía Completa de las Técnicas de Postres (Cordon Bleu)

Ingredientes:

250 gr. de harina
160 gr. de mantequilla salada de buena calidad (ablandada pero fresca)
70 gr. de azúcar glas
2 yemas
1 cucharada rasa de café instantáneo

1 huevo
1 cucharadita de azúcar
1/2 cucharadita de café instantáneo

Preparación:

Para hacerlo a mano, necesitaremos trabajar un poco la mantequilla con los dedos para conseguir que sea maleable. Sobre una mesa o encimera, hacemos un volcán con la harina tamizada. En el hueco del centro ponemos el azúcar y el café en polvo, volvemos a crear otro volcán en su centro y dentro echamos las 2 yemas de huevo. 



Empezamos a mezclar los ingredientes, los secos sobre los húmedos hasta que se creen unas migas que amalgamaremos con la mantequilla, amasando hasta que tengamos una masa brillante y homogénea, pero pegajosa. No hay que echar más harina que la que pone en la receta!!

Si queréis hacer la versión civilizada, tendríais que batir la mantequilla con el azúcar y agregar después las yemas. La harina se tamizaría junto con el café instantáneo y se echaría poco a poco sobre la preparación anterior.

Cuando esté hecha la masa, la envolveremos en plástico transparente para refrigerarla. Hay dos maneras de dar forma a las pastas: con un cortador sobre una masa estirada con rodillo, o cortando "lonchas" de un rulo cilíndrico. Esta segunda forma es más rápida y sencilla y es la que uso yo.

Si la preparación está muy blanda y no se puede crear el rulo, lo haremos pasados 15 minutos en la nevera. Hay que hacer una especie de salchicha de unos 4 cm de diámetro, envolverla de nuevo en film y enfriarla una hora más, o un ratito en el congelador. Para que no pierda la forma cilíndrica, podéis cortar un lado de un rollo de papel de cocina y ponerlo alrededor del rulo de masa.

Cuando haya pasado el tiempo de refrigeración y la pasta esté firme, la cortamos en lonchas de 1 cm. de grosor. Por encima las pintaremos con una mezcla de huevo batido, café y azúcar. Si queremos, después de 5 minutos, pasamos los dientes de un tenedor sobre la parte superior de las galletas para dejar unas marcas de adorno, típicas de las sablé bretons. Precalentar el horno a 180 grados.

A veces, al hacer estas pastas y otras parecidas, me ha ocurrido que en el horno se expanden mucho y pierden la forma. Esto se evita metiendo la masa fría, pero también con truco buenísimo que descubrí hace poco en Aliter Dulcia: metiendo cada galleta dentro de un molde de magdalena. Así aunque se derritan un poco no perderán altura y no se pegarán unas con otras.

20 minutos en el horno a 180º, con calor arriba y abajo y en posición central. Cuando veáis que el glaseado va cogiendo color y que los bordes se doran ligeramente, están listas. Al tacto parecerá que están muy blandas, pero hay que dejarlas reposar sobre la bandeja (fuera ya del horno) unos 2 minutos y luego pasarlas con cuidado a una rejilla para que se enfríen del todo. En unos 10 minutos ya se pueden comer y sacar de las cápsulas de papel, si es que las habéis usado.



Bon Appétit!


La semana pasada estuve haciendo galletas por un tubo, para agasajar a 3 cumpleañeros del mismo día. Hice de limón, de almendra, y unas decoradas especiales para mi sobrina, que aún está en la edad de quiero-todo-rosa.

Esto de las galletas decoradas está en boga: adornadas con fondant, glasa real o chiribitas (sprinkles para los entendidos), han llegado desde los yuesei para quedarse, como tantas otras cosas. Hay gente que hace verdaderas obras de arte, tan bonitas y trabajadas que da pena comerlas, otros, por falta de pericia, nos conformamos con un estilo más sencillo pero que sigue diciendo "tequieromil-hehechoestoparati".



Una de las dificultades logísticas a la hora de ponerse a decorar galletas por primera vez es la falta de materiales: cortadores, boquillas, mangas, colorantes... A grandes problemas, grandes remedios caseros, todo se puede conseguir usando trucos sencillos y material que todos tenemos en la cocina.

  • Para cortar las galletas, un vaso alto y estrecho.
  • Para reemplazar las mangas pasteleras, bolsas de congelación en plástico grueso o un cono de papel de horno (tutorial en breve!)
  • Boquillas redondas: nada más fácil que hacer un agujero a la punta de la manga. Tened en cuenta que para hacer detalles como letras, puntos pequeños etc, tiene que ser una abertura muy pequeña, de unos 2 mm.
  • Colorantes: esto es lo más complicado. Las ampollas de colorante alimentario líquido que podemos encontrar en los supermercados (Vahiné) suelen aligerar la consistencia de la glasa y no tiñen demasiado. Lo habitual es usar colorantes en gel, pasta o polvo, que se compran únicamente en tiendas especializadas o por comercio electrónico. Pero ambas opciones son artificiales

No nos pongamos tiquismiquis: todos sabemos que habitualmente consumimos productos con aditivos, conservantes, colorantes y otros componentes químicos. En la UE, todos los aditivos colorantes cuyo uso está autorizado han sido evaluados por el Comité Científico para la Alimentación Humana (SCF). Tras evaluar un colorante, los expertos le asignan un límite de ingesta diaria admisible (IDA) y un número a la letra E a los que ya han sido evaluados y se consideran seguros. Se trata de un sistema para simplificar la clasificación de los colorantes, y actualmente en Europa están aprobados 45, aunque no en todos los países: los estados nórdicos sólo permiten el uso de 9.

Debido a esta legislación está regulada la compra de algunos productos comestibles desde los EEUU, porque allí usan algunos aditivos que no están permitidos en la Unión Europea.

Partiendo de la base de que la composición de los colorantes artificiales está estrictamente vigilada, no tenemos por qué dejar de usarlos, siempre que sea en cantidades mínimas. Yo misma tengo colorantes en gel de Wilton, Sugarflair y Squires Kitchen, pero leyendo su etiquetado, pone que "pueden tener un efecto adverso en la actividad y la atención de los niños". Algunos de ellos (como muchos aditivos, no quiero demonizar los colorantes) pueden provocar reacciones alérgicas e intensificar los síntomas del asma.

Si hacemos repostería casera, artesana, con los mejores ingredientes, por qué vamos a usar aditivos químicos si no es necesario? Hay muchos productos que pueden teñir naturalmente la comida: el café, el chocolate, el té matcha (verde), el caramelo, la cúrcuma, los frutos rojos...



Para decorar estas galletas en rosa, he usado remolacha. Simplemente, un poco del líquido que viene en las bolsitas de remolacha cocida. También se pueden hervir las remolachas frescas, cortarlas, y dejar que rezumen líquido colándolo después.

(La remolacha tiene dos pigmentos muy potentes, la betacianina y la betaxantina, de color rojo oscuro. Son totalmente inocuos y actualmente están empezando a usarse en la industria alimenticia bajo el nombre de betanina, rojo remolacha o colorante E-162.)

Tiñe muchísimo y con sólo unas gotas sobre una masa blanca se consigue un tono rosa pastel. Si queréis un color más fuerte, como el que he usado yo, sólo tenéis que echar un poco más en la glasa hasta conseguir el tono adecuado y añadir un poco más de azúcar glace para que la consistencia no se diluya. No deja prácticamente sabor al secarse, pero podéis añadir limón o algún extracto natural de sabor si lo preferís.

Glasa real:

Ingredientes:

1 clara de huevo
200 gr. azúcar glas

jugo de remolacha (de una bolsa de remolachas cocidas al vacío "Huercasa", o cociendo las remolachas frescas, partiéndolas y dejándolas drenar sobre un colador fino)


Preparación:

Batir la clara de huevo hasta que espume, entonces ir añadiendo el azúcar poco a poco, batiendo bien con las varillas hasta que coja consistencia. 

Yo no uso glasa de delineado y relleno, sino sola una con una consistencia media, que sirve para todo. Para ello uso la regla de los 10 segundos, los que tarda la glasa en recuperar su alisado cuando hundimos un cuchillo o un palito en ella.

Podéis echar el zumo de remolacha directamente, o separar la glasa en 2 boles dejando una parte blanca, y tiñendo sola la otra. Si al echar el líquido colorante la glasa se aligera, sólo hay que añadir azúcar hasta recuperar su firmeza.

Sin más, rellenar las mangas o bolsas y empezar a decorar las galletas marcando primero el borde exterior, rellenando después (no en exceso) y con cuidado coger la galleta moviéndola horizontalmente para que la glasa se esparza y alise. Los adornos con el otro color podéis hacerlos inmediatamente, si usáis marmolado con palillo, o dejando secar la primera capa unas horas y decorando por encima.


Más trucos y consejos para usar la glasa real, aquí. La receta de las galletas era una muy sencilla, a la que le añadí ralladura + zumo de mandarina y canela.

Dentro de poco, recetas de galletas navideñas y otros usos de colorantes naturales!


De los creadores de la megagalleta, y los guionistas de la megamagdalena, llega hoy a vuestras pantallas #eldiadelbrownie.

El 11 del 11 del 11 no ha sido el fin del mundo, ni se ha roto el espacio-tiempo, pero un montón de gente golosa ha dedicado un rato a hornear un brownie y a darse un gustazo.  La célula calórico-terrorista ha estado encabezada por El monstruo de las galletasDavid MonaguilloLa receta de la felicidad y Anita Cocinitas, y durante todo el día el chocolate jugoso y engordante ha dominado Twitter.

A duras penas llego yo también a celebrar el día del brownie, como mucho de postre para la cena...




Se trata de un brownie normal, con una parte de tarta de queso, fresas y salsa de fresas al vinagre balsámico. Qué glamouroso suena, no? La verdad es que el otro día en el súper vi una caja de fresas, pensé "uf, fresas en noviembre, no sabrán a nada...". Pero hete aquí que los olisqueé, y olían de maravilla, como tienen que oler las buenas fresas, y me entró el capricho.

Los gurús de los menús de temporada estarán negando con la cabeza, pero ¿y el gustazo que da comer fresas frescas en otoño? Total, que se vinieron a casa conmigo y se han convertido en el ingrediente estrella de mi día del brownie.

Brownie con queso y fresas

Dificultad, así de primeras:
 para cocineros nulos. Probables complicaciones: poner el papel en la fuente del horno sin que se formen arrugas. Presentación: chimpún. Sabor: a chocolate jugoso, pegajoso, y con tropezones de tarta de fresa

INGREDIENTES
110 gr. de chocolate fondant negro
80 gr. de mantequilla con sal (si la usas sin sal, echar una pizca en la masa)
145 gr. de azúcar
1 cucharada de esencia o pasta de vainilla
2 huevos
40 gr. de harina de repostería
7 gr. de cacao puro en polvo


140 gr. de queso
25 gr. de azúcar
1 yema


fresas lavadas y secas (también he usado salsa de fresas al vinagre balsámico, pero podéis obviarla o usar mermelada de fresa)

PREPARACIÓN:
Precalentar el horno a 180 grados y cubrir un molde o fuente cuadrada (la mía es de 20 x 20 cm) con papel de horno.

Derretir en un bol grande el chocolate junto con la mantequilla (microondas o baño maría). Cuando esté bien homogénea la mezcla, echar el azúcar y un poco de sal en caso de no haber utilizado mantequilla salada. Batir bien durante un par de minutos y agregar la vainilla y los huevos.



Tamizar aparte la harina y el cacao para que no tengan grumos, y añadirlos a la masa de chocolate, batiendo todo junto.

Echar el contenido del recipiente en el molde, reservando media taza.

Para la crema de queso, batiremos 140 gr. de queso cremoso (o sea, Philadelphia) o mascarpone junto con el azúcar y la yema. Este líquido hay que echarlo sobre la base de brownie con cuidado y desde una altura baja, para que no salpique y desplace el chocolate: movemos con cuidado el molde para que el queso tape todo el fondo.

Ahora, lo más artístico. La media taza que habíamos guardado de masa browniezada la vamos echando a churretones con una cuchara sobre el queso, para después, con la punta de un cuchillo, mezclar los dos colores creando un Pollock comestible. Importante: no llegar con la punta hasta el fondo!!!!



Yo en este momento he echado también hilillos de salsa de fresa y he puesto unas cuantas fresas sin empujar demasiado.

Al horno con él, media hora a 180 grados (calor normal arriba y abajo) y 10 minutos más a 150, porque lo veía aún haciendo chup-chup. Dependiendo del horno que tengáis y su potencia, tendréis que mirar bien el brownie a partir de los primeros 25 minutos y ajustar la temperatura y el tiempo.

Cuando la parte superior de los trozos oscuros esté firme y agrietada, es hora de sacarlo. Ahora sólo queda levantar con cuidado el brownie tirando del papel, y dejarlo enfriar sobre una rejilla.


No digo nada más. Yo ya me he comido dos trozos de una sentada...


La Nutella es un regalo divino, disponible en supermercados. Años ha, aquí sólo conocíamos la Nocilla de toda la vida, y si acaso, el Pralin de Zahor, sucedáneo que compraban las madres a fin de mes y que sucumbió bajo la tiranía de "leche, cacao, avellanas y azúcaaaaaaaaaaar"

Cuando yo era una adolescente jovenzuela estuve de intercambio en Alemania, y una de las cosas que más me sorprendió (aparte de la falta de persianas, la sobreabundancia de chalés y que las alemanas quinceañeras pernoctaran con su novio en casa pero no bebieran kalimotxo), fue la Nutella. De todos los colores y sabores, allí se comía en el desayuno y con el bocadillo de pan de centeno durante los recreos. Su intenso sabor a avellanas, ni de cerca parecido a la nocilla patria, me persiguió durante años.

Después, Ikea, los nórdicos de plumas, el euro y la Nutella llegaron a España. Los niños de ahora ya no untan Tulipán en el bocadillo y la Nocilla cambió de receta, pero la fórmula nutelliana sigue igual de buena que antes.

Para los amantes de la Nutella a escondidas, para los reincidentes que tienen prohibido comprársela, aquí va una crema que "sabe a" pero no tiene nada, nada de Nutella. Tiene la consistencia de un pudding o postre de chocolate (aquella mítica copa Dalky...), para comer a cucharadas sin nocturnidad ni alevosía en vez de untada!



Crema de Nutella sin Nutella (crema de chocolate y avellanas)

Dificultad, así de primeras:
 fácil, fácil. Bueno, un poco más difícil que comprar Nutella en el súper. Probables complicaciones: cero patatero. Presentación: en boles o vasitos Sabor: no lo hemos dicho ya? ¡A Nutella! Receta de inspiración: ésta de Food52, con cambios en los ingredientes y las proporciones

INGREDIENTES (para 5 vasitos de yogur de La Lechera)

  • 170 gr. de avellanas tostadas sin sal (1 cup)
  • 300 ml. de leche
  • 100 ml. de nata para montar

  • 3 yemas de huevo
  • 48 gr. de azúcar normal (1/4 cup)
  • 14 gr. de maicena (1 1/2 tablespoon)
  • semillas raspadas de 1 vainilla o 1 cucharada de pasta o extracto de vainilla
  • 1 pizca de sal

  • 80 gr. de chocolate fondant, negro (o más, al gusto)
  • 30 gr. de mantequilla


Aviso: a partir de ahora intentaré poner las medidas de los ingredientes, además de en sistema métrico decimal,  en cantidades de volumen (cups, tablespoons... ) para los que os sea más fácil esta manera.

PREPARACIÓN:

Hay que hacer la receta el día anterior, para que esté fría, coja consistencia, y sobre todo porque al día siguiente tiene un sabor mucho más intenso a avellanas.

Hay que romper las avellanas y conseguir unos tropiezos gruesos: lo mejor es hacerlo con la batidora unos segundos, teniendo cuidado de poner un trapo alrededor de la boca del recipiente para que no salgan volando las avellanas.

Echar la leche y la nata en un cazo, añadir las avellanas trituradas y llevar a ebullición, bajando luego el fuego a medio-bajo. Infusionamos durante 5 minutos más y después apartamos el recipiente del calor para que se enfríe (unos 20 min. o media hora). Preparar los tarritos o boles en los que vayamos a guardar la crema de Nutella.


Transcurrida la mitad del tiempo de espera, derretimos el chocolate y la mantequilla juntos, en el microondas (intervalos de 30 segundos para que no se queme) o al baño maría. Cuando la mezcla de chocolate esté homogénea, retiramos para que se temple.

En un bol grande, hay que batir las yemas, la maicena (tamizada para evitar grumos), el azúcar y la sal. Tenemos que conseguir una mezcla de color amarillo pálido y ligeramente espesa. 

Cuando la leche con avellanas esté tibia, la añadiremos taza a taza a las yemas, batiendo bien después de cada incorporación. Sobre un cazo pondremos un escurridor o filtro fino y echaremos por encima el líquido con las avellanas, para poder separarlas. 

Cuando haya escurrido bien, pondremos el cazo al fuego removiendo con un batidor, para que no se queme la crema ni se formen grumos.

En cuanto empiece a hervir, la mezcla espesará: es ahora cuando hay que añadir el chocolate y batir hasta conseguir la consistencia de una bechamel gruesa.

Para que la crema quede brillante y fina, podemos pasarla por la batidora 30 segundos, y ya está!

Y qué hacemos con las avellanas sobrantes? un buen truco es repartirlas en una fuente de horno y calentarlas 10 minutos en el horno a 180-200 grados. Así se secarán y volverán a estar crujientes, pudiendo echar estos trocitos debajo o encima de la crema.

Sólo queda rellenar los tarros, poner la tapa o cubrirlos con film para alimentos y dejarlos en la nevera una noche entera.



Al día siguiente podéis usar lo que sobró de nata para montarla y poner un poco por encima de la crema, echando también avellana molida o galleta triturada.

Con esta receta participo en el concurso de Pan y Peter "Ilustramos tu receta" Os imagináis un póster de los suyos en la cocina, para recordar todos los días cómo se hace este vicio? 

Ya sé que últimamente no escribo mucho, pero estoy muy liada, con el trabajo, el gato, la vida y otras cosas que espero enseñaros pronto. Que aproveche!


Biscayenne. Con la tecnología de Blogger.