Me llena de orgullo y satisfacción... deciros que he ganado un premio especial en el concurso de For the Cakes!!!!!

En esta entrada de su blog podéis ver las obras de todos los ganadores: admito que según iba leyendo el post he sentido un poco de pena y envidia malsana porque mis dulcerías no estaban en la lista de ganadores. Pero como estoy muy bien educada y es de bien nacidos ser agradecidos, me dije a mí misma "... bueno hija no pasa nada porque era la primera vez y hay gente muy buena que se ha presentado y era muy difícil y ahora para animarte te puedes tomar un vermú y tu gato te sigue queriendo..." (mi voz interior es muy librepensadora)

Hasta que he visto al final del todo que he ganado un premio especial a la decoración sin fondant por las recetas, el diseño y la presentación (esto lo dice Rodolfo, no yo, porque yo me creo guay pero no tanto) por participar en las dos categorías!

No sé en qué consistirá el premio, pero vamos, ¡que me da igual! Llevo menos de un mes con el blog, y ya tengo casi, casi, 50 seguidores, (ACTUALIZACIÓN: ya sois 50!!) he participado en este concurso y lo más importante, me dejáis todos los días comentarios positivos que hacen que tenga ganas de volver a encender el horno, incluso con este bochorno. Así que gracias mil, a los organizadores, a todos vosotros. a los que me han votado en facebook, a los que me animáis desde aquí, a mi madre y a la virgen del rosario...

Y paso ya a felicitar a los ganadores absolutos del concurso Love is in the Air:

En la categoría de cupcakes, Pigscuit con este precioso vídeo



Finalistas de la categoría cupcakes: Ana y Belén Martí. 
Premio especial a la decoración con fondant, Catherin de titis-cookies.
Por la osadía del proyecto (tarta más cupcakes), Rosana

En la categoría de tartas, Charo Frigolet de sweetcolourscadiz, con una tarta que según la vi el primer día, me dieron ganas de meterme debajo de una cama y no volver a salir.


Como finalistas de tartas han quedado Susana Ben Hassan (la suya era mi preferida), Lorena Aguilera y Darío de El tartero real.. Premio especial al diseño, para Mila Prados de Cakelarre.

Zorionak a todos, y gracias especialmente a Daisy Lee Mones que me ha escrito un email para felicitarme! Y que haya muchos más concursos ;)
Soy de pueblo. A pesar de ser nacida en el mismísimo centro de Bilbao, y orgullosa residente en la misma ciudad, mis recuerdos infantiles siempre están asociados a los veranos en el pueblo.

Por cosas del trabajo, hace un tiempo estuve viviendo 3 años en el pueblo yo sola: me harté de campo, de frío polar  y de despertares con gallo, y me volví a la urbe. Sin embargo, cuando empieza el buen tiempo lo empiezo a echar de menos y ahora estoy pasando unos días en él: calor infernal y verbenas, estupenda combinación.


Como no podía ser menos, siendo de pueblo tenemos una huerta de pueblo, con productos de pueblo crecidos al sol de pueblo. Mi padre fue un pionero de la agricultura ecológica, tan completamente ecológica que la huerta parece más una selva que otra cosa, porque todas las plantas van a su libre albedrío...

Entre todo ese lío vegetal, crecen tomates, calabacines, pimientos, remolachas, uvas, espárragos, pepinos... Pero lo que a mí más me gusta, y que más envidia sana le da a Uno de dos son los frutos rojos, y no tan rojos: moras, grosellas y frambuesas.

Las matas de frambuesa dan dos cosechas al año (junio-julio y septiembre), y estos días nos estamos dando un atracón literal. Se comen directamente de la planta, o frías con zumo de limón y azúcar, en batido, con yogur, en ensalada, en mermelada...

Si los que solemos cocinar en casa somos adictos a los buenos productos, a lo "no envasado", imaginaros la gozada que es cultivar y recoger tus propios ingredientes y que todo sea casero 100%. Seguro que alguno de vosotros sabe lo que es, y el orgullo desbordante que se siente!


A ver si puedo poneros esta semana la receta de una tarta de queso que hice ayer, con frambuesas asomando por todos lados. Es la pionera del movimiento VSHY (verano sin horno ya). Porque con pirólisis o sin ella, los hornos necesitan también descanso estival.
"Ya puestos a pasar un calor infernal con el horno encendido, y con las manos en la masa... qué más da hacer una tarta, que unos cupcakes, o las dos cosas a la vez?..."

Esto lo pensé la semana pasada, cuando no hacía tanto, tanto calor como estos días. Si os pasáis ahora una tarde entera en la cocina, con el horno a 180º, no me responsabilizo de las consecuencias físicas ni morales...

Para el concurso Love is in the air de tartas y/o cupcakes bodorriles, organizado por For the Cakes, tiré la casa por la ventana e hice las dos cosas: tarta y cupcakes. (Qué chula soy). Claro que usé la misma base de bizcocho para las 2 cosas, y así todo se simplificó exponencialmente; pero de todas maneras me pasé 2 días trajinando en la cocina para cumplir con mi primer concurso repostero-blogueril.

Ya os enseñé en el anterior post cómo había quedado el resultado, y hoy os traigo las recetas en caso de que queráis exponeros imprudentemente a un golpe de calor, o guardarlas para cuando llegue un clima más templado.

Si os gusta la receta, dejad una opinión sobre ella, o sobre mí en los comentarios del blog de For the Cakes, o en su página de Facebook. Cada comentario cuenta como un voto!


Como había que contentar a Rodolfo, he puesto limón y chocolate blanco, y para que le guste a Micaela, un poco de color rosa y frutos del bosque.

Ellos son de tamaño pequeño, así que una mini tarta les va que ni pintada, con sus tres pisos de rigor y su parejita en lo alto. Los invitados más informales podrán disfrutar de los cupcakes a juego, y encender las velas en el momento álgido del baile (ése en el que el primo de rigor lo da todo, ellos se aflojan las corbatas y ellas se quitan los tacones).

La base del bizcocho es una receta de Magnolia Bakery, que yo he adaptado para conseguir 2 sabores y 2 colores distintos.

Con las cantidades que pongo, salió una mini tarta de 3 pisos de 20 cm de altura, y 10 cupcakes (frutos del bosque, chocolate blanco, limón y vainilla). Podéis hacer una tarta más grande, o todo cupcakes, o reducir las cantidades a la mitad, pasar del rosa, pasar de la vainilla, tomaros un mojito...

Elegid la combinación de sabores que más os guste: la receta del bizcocho os la recomiendo porque es la mejor de las que he probado como base de cupcakes. A parti de ahí, usad vuestra imaginación y lo que tengáis a mano en casa! Lo que importa es pasarlo bien, y que el resultado sea de nuestro gusto: empecemos bailando un poco...



Tarta y cupcakes de frutos del bosque:


Dificultad, así de primeras: con 34 grados a la sombra, todo es difícil. Probabilidad de complicaciones: mejor olvidaos de la perfección. Presentación: 10 en la escala de la monería-cucadaSabor: muy bueno. Recetas de inspiración: Trotamundos (sobre una receta de Magnolia Bakery) y yo misma

Ingredientes masa del BIZCOCHO VAINILLA MAGNOLIA BAKERY (unos 24 cupcakes)
Buena voluntad
400 gr. harina
225 gr. mantequilla en pomada
440 gr. azúcar
4 huevos
250 ml. leche
20 gr. o una cucharadita colmada de polvos de hornear
Extracto de vainilla, o vainilla natural raspada
Extracto de almendra (opcional)
Mermelada de frambuesa (opcional)
Esencia de frambuesa (opcional)
Colorante comestible en gel rosa (opcional)
Cerezas frescas (opcional)

Preparación:
Batir la mantequilla ablandada a temperatura ambiente hasta que esponje. Gradualmente, añadirle el azúcar y batir hasta que se integre. Incorporar los huevos, uno a uno, batiendo muy bien tras cada adición.

Mezclar aparte la harina con la levadura y tamizar.

Unir en otro recipiente la leche con una cucharadita de vainilla.

Precalentar el horno a 180 grados.

Añadir la harina a la primera masa de mantequilla con huevos y azúcar, alternando con la leche, pero empezando y terminando con los ingredientes secos. Integrar completamente.

De la masa resultante, reservé una tercera parte en otro bol: añadí esencia de frambuesas, y varias cucharadas grandes de mermelada de frambuesa ( o frambuesas frescas, si se tienen), más una pizquita de colorante rosa en gel. La otra parte de masa se puede aromatizar con más vainilla, o un poco de esencia de almendra, al gusto personal.

TARTA:
Para realizar la tarta, he usado 3 moldes cuadrados, cada uno más pequeño que el anterior, de 12, 9 y 6 cm, respectivamente.

El molde mediano lo usé con la masa rosa de frambuesa; el más grande, y el pequeño se rellenan hasta la mitad con la masa avainillada: tras deshuesar varias cerezas frescas, puse 12 en el molde mayor y unas 4 o 5 en el menor. Después se vierte un poco más de masa de bizcocho para tapar las cerezas y que queden en el interior.

Los tres moldes han de estar unos 45 minutos en el horno, a 180 grados.

Tras comprobar que cada uno está bien cocido, se dejan enfriar sobre una rejilla y cuando estén bien fríos puede montarse la tarta: abajo, el bizcocho grande de vainilla y almendra con cerezas. Sobre él, se extiende un poco de mermelada de frambuesas rebajada con agua, como almíbar. Encima, el bizcocho mediana de frambuesas, partido en 2 pisos y con una generosa capa de lemon curd en el medio. Un poco más de mermelada de frambuesas encima, y arriba del todo, el bizcocho pequeño con cerezas en su interior.

Sobre el primer y tercer bizcocho va una buttercream de cereza y frutos del bosque, y encima del segundo, una ganaché de chocolate blanco que adorna también las esquina de los otros pisos y la flor central superior


CUPCAKES:
Con una tercera parte de la masa total hice los cupcakes: hay que colocar las cápsulas de papel en el molde, y repartir la masa dentro de ellas, hasta 3/4 partes de su capacidad. Los cupcakes de masa avainillada, llevan una cereza deshuesada dentro, tapada con un poco más de masa; los de bizcocho rosa tienen una cucharada de mermelada en el centro.

Cocinar 25 minutos en el horno, a 180 grados.

Los cupcakes de color rosa están rellenos de lemon curd: cortamos un cono de bizcocho con un cuchillo e introducimos la crema con cuidado o utilizamos una boquilla especial de relleno. Por encima, ganaché de chocolate blanco aplicada con manga pastelera o directamente con una espátula (quien dice espátula, dice cuchara, cuchillo de extender o apaños similares). Los cupcakes de cereza tienen frosting de buttercream de frutos del bosque: intenté hacer flores con la boquilla de pétalos, y como la rosa era difícil de narices, al final salieron unos "claveles". Ejem



GANACHE DE CHOCOLATE BLANCO:

200 ml. de nata para montar
300 gr. chocolate blanco

Calentar la nata al fuego, justo cuando rompe a hervir, echar los trozos de chocolate dentro, retirar del fuego y dejar que se disuelva. Una vez enfriado, meter unas horas en la nevera y después montarlo con unas varillas hasta conseguir una consistencia esponjosa y firme.

El chocolate blanco tiene más grasa que el negro, por lo que para que la ganaché no quede líquida la relación de chocolate respecto a la nata no es 1:1, sino de 1,5 o 2:1.

BUTTERCREAM DE FRUTOS DEL BOSQUE

250 gr. mantequilla en pomada
75 gr. Fondant Squires de grosella negra (si no se tiene, mantequilla y el doble de azúcar glas, más mermelada o aromas)
2 cucharadas de agua hirviendo
mermelada de frambuesa
esencia de cereza
100 gr. azúcar glas (a partir de ahí, al gusto)

Batir la mantequilla en pomada con el polvo tamizado del fondant de grosella negra. Añadir las 2 cucharadas de agua hirviendo, y emulsionar batiendo bien. Agregar azúcar glas hasta que la crema espese, y más tarde la esencia de cereza y la mermelada colada para que no tenga grumos.

La receta de lemon curd la tenéis aquí.

Y eso es todo, puff... ésta es la receta más complicada de las que he hecho hasta ahora, pero el nivel del concurso es muy alto, así que me doy por satisfecha con que os guste, y si alguno me quiere votar, pues genial! Desde aquí mando toda la suerte del mundo a los demás participantes, en las entradas de For the Cakes podéis ver todas sus obras.

Los próximos días pondré alguna propuesta más sencilla, y sobre todo, más fresca para estos calores.
Supongo que a estas alturas ya os habréis enterado del concurso que organiza For the Cakes para celebrar la boda de Rodolfo, su mascota aviar, con la pájara que le ha cazado, Micaela...

Se puede participar en la categoría de tartas o cupcakes (o en ambas), y los premios van desde un fantástico lote de productos de su tienda hasta un curso gratuito en el Atelier Mericakes de Barcelona durante el próximo trimestre!!

Hay mucha gente apuntada y hoy han empezado a enseñar los primeros dulces a concurso: después de ver algunos se me han quitado las ganas de enviar mi idea, pero ayer me pasé el día cocina que te cocina, y no lo iba a dejar ahora, con los calores que pasé junto al horno!

Acabo de darle al botón de enviar, con mi receta, mis fotos y mi ilusión "principanta"... No sé si esperaré a que salgan los ganadores para poner aquí la receta, porque además la próxima semana estará fuera de viaje y sin poder escribir entradas, así que de anticipo, dejo unas fotos de lo que se me ocurrió para festejar a los novios.


Minitarta y cupcakes con la misma base: bizcocho de vainilla con cerezas, y de otro de frambuesa con ganaché de chocolate blanco y lemon curd!


Qué os parecen? Aunque no gane, son una buena manera de celebrar que ya ha llegado el verano, la playa y las tardes soleadas con cerveza fresquita en mano!
Yo, que tengo poca experiencia en esto de la alta gastronomía y soy muy de andar por casa, resulta que llevaba toda la vida conociendo el lemon curd como crema de limón, corriente y moliente.

Pero hete aquí que la empiezas a llamar lemon curd y ya parece otra cosa, como más fina y cosmopolita.

Esta crema es una especialidad británica, máxima expresión del clásico té con pastitas y demás tentaciones que se toma a las 5 de la tarde en el palacio de Buckingham.

Y también se toma en mi casa a la mínima oportunidad, sólo que hasta hace poco, sin saber que era una delicatessen si no como una más de las recetas de mi ama. (Llevamos la finura y la clase en las venas)

El lemon curd es altamente adictivo y yo me he acostumbrado a hacer una buena cantidad de vez en cuando y guardarlo en botes: para extender en tostadas, con el yogur, a cucharadas...

Es facilísimo de hacer y muy resultón. En teoría puede hacerse, en vez de con limón, con zumos de otras frutas como naranja, piña, etc, pero no me han dado buen resultado y como el contraste dulce-ácido del limón no hay nada.


Lemon curd:

Dificultad, así de primeras: extremadamente fácil. Probabilidad de complicaciones: cuidado con salpicar agua en el baño María!. Presentación: la que quieras. Sabor: ñam. Recetas de inspiración: la de mi amatxu

Ingredientes: (para rellenar un bote de mermelada de uno 350 o 400 gr)
220 gr. azúcar
100 gr. mantequilla
3 huevos
ralladura de 1 limón
zumo de 3 limones

Preparación:
Encontrar un recipiente con el que poder usar la técnica del baño María. Yo tengo un cuenco metálico de Ikea que está especialmente hecho para eso con unas agarraderas para que no se hunda en el agua, pero vale cualquier cazo que podáis poner sobre una olla de agua caliente. 

Calentar el agua del recipiente inferior, y echar la ralladura del limón junto con el azúcar y el zumo en el superior. Si los limones son muy grandes, igual es mejor usar el zumo de 2 en vez de 3, porque puede que la crema quede demasiado ácida. Al revés, si son muy pequeños, mejor usar 4.

Agregar la mantequilla y dejar que ésta y el azúcar se disuelvan a fuego suave, sin dejar nunca que hierva la mezcla.


Batir los huevos aparte, y añadirlos pasándolos por un colador, para evitar los coágulos. Es muy IMPORTANTE que el contenido del bol superior no esté hirviendo, porque entonces se cocinaría el huevo, y lo que queremos es que se cuaje lentamente espesando la crema.

Mantener a fuego medio revolviendo de vez en cuando: la crema irá cogiendo consistencia en tanto cuanto más tiempo la dejemos al calor. Tened en cuenta que al enfriarse espesa aún mas, así que no es cuestión de dejarla como un engrudo.

En unos 10 o 15 minutos estará lista. El lemon curd podéis usarlo directamente, previo enfrado, para rellenar una tarta o unos cupcakes. Mezclado con nata montada es un poco más suave y sigue teniendo un delicioso sabor a limón.

Para conservarlo lo mejor es que aún caliente, lo echéis en un bote mediano de mermelada, hasta el borde de la boca, y tapéis inmediatamente apretando bien. El mismo calor del contenido hará que el bote se selle al vacío, y podréis guardarlo tranquilamente en la nevera durante semanas.


EDITADO: en muchas recetas de lemon curd que hay por ahí, añaden desde una cucharadita hasta 50 gr. de maicena para espesar la crema. Removiendo con cuidado y dejándola suficiente tiempo al calor, no hace falta para nada, sobre todo porque la maicena para hacer su función debe hervir, y el lemon curd nunca tiene que hervir... pero que si queréis probarlo, pues ¡adelante!
El otro día os conté que iba a estrenar el domingo mi tartera: yo no sé tener algo nuevo guardado en el armario. Menos mal que teníamos una ocasión especial que celebrar con una tarta de cumpleaños.

Como los calores cantábricos empiezan a apretar, tuve que pensar en algo rico y dulce que no fuese demasiado pesado como colofón de una comida pantagruélica. Entremeses variados, ensalada, fabes (oh sí, fabada con calor, así somos), dos primeros platos, tres segundos, más café, más copa, más... No os sorprendáis: en los genes maternos hay una enzima que es la de la "comida familiar a cascoporro". Y todos encantados.

De modo que me olvidé de chocolate, merengue y demás complementos hipercalóricos y opté por una tarta veraniega de limón y frambuesa.

Es una tarta con base de bizcocho y capas alternas de lemon curd y un mejunje que no sé si llamar buttercream de frambuesa, porque me puse a innovar demasiado y ya sabéis lo que pasa... ejem. Vamos que quedó un poco rara y ni remotamente parecida a lo que había pensado, pero de sabor muy bueno.

Todo el mundo quedó encantado así que esta receta ha pasado el test de la sobremesa dominical, nada menos. Para el bizcocho elegí uno que no es muy complicado y tiene un sabor que recuerde totalmente al bizcocho de nata tradicional, el de buttermilk (suero de mantequilla) de Tartacadabra.

Tarta de limón y frambuesa:
Dificultad, así de primeras: se va complicando la cosa. Probabilidad de complicaciones: si lo queréis hacer todo en una mañana, alta. Presentación: lucida. Sabor: fresco. Recetas de inspiración: Tartacadabra y yo misma

Ingredientes BIZCOCHO BUTTERMILK (para un molde de 20 cm y una altura resultante de unos 8cm):
125 gr. mantequilla en punto de pomada
200 gr. azúcar
3 huevos

250 gr. harina
1 1/2 cucharadita de polvos de hornear (o sea, Royal)
1/2 cucharadita de bicarbonato
1/4 cucharadita de sal
1 cucharadita de esencia de vainilla o vainilla fresca al gusto
200 ml. buttermilk (más abajo explicación de cómo apañar un buttermilk sin buttermilk)

Preparación:
La mantequilla en punto de pomada es tal cual lo que dice su nombre: mantequilla que hemos sacado como mínimo una hora antes de la nevera para que se ablande y consiga una consistencia de pomada, que se hunde sin hacer presión al tocar con el dedo. Si cuando te pones a hacer la receta se te ha olvidado sacar la mantequilla, puedes cortar el trozo que necesites en trocitos pequeños y así se ablandará antes. Por experiencia propia os aviso de que no vale meterla un milisegundo al microondas, porque entonces se te derrite y sale un churro de tres pares de narices.


La mantequilla ablandada sin trampas la batimos en un bol junto con el azúcar hasta que se integren perfectamente y quede una crema esponjosa. Añadimos los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada adición para que entre aire en la mezcla y nos quede el bizcocho bien esponjoso.

En un recipiente aparte juntamos la harina con los polvos de hornear, el bicarbonato y la sal. No hace falta tamizar la harina pero sí revolver todo con un batidor para que no queden grumos gruesos.

El buttermilk: la leyenda urbana dice que venden buttermilk en el Lidl, pero yo nunca lo he visto así que me limito a conseguir suero de mantequilla casero. Hay 2 opciones: la primera es batir a propósito la nata hasta que ocurre eso que normalmente hace que jures y perjures, o sea, que se te separe en una especie de mantequillorra grumosa y un líquido amarillento. Habitualmente esto lo tiras a la basura mientras te cagas en todo elegantemente te recriminas el despiste. Pues eso líquido de color blanco-amarillento, ligeramente menos espeso que la nata y de sabor levemente agrio, es el buttermilk.

Como el primer método de producción doméstica del buttermilk suele ser involuntario, mejor probemos el segundo: mezclar la cantidad que necesitemos de leche con una cucharada de vinagre blanco o zumo de limón y dejarlo fuera de la nevera unos 10 o 15 minutos. No sé por qué pero a mí me sale siempre mejor con limón que con vinagre. Conseguiremos una especia de leche espesa.


Al buttermilk obtenido con este chachi-método le añadimos la vainilla, en esencia u obtenida raspando la vaina, como gustéis. 

En este momento tenemos que poner a precalentar el horno a 160 grados, y echar los ingredientes secos y el buttermilk a la mezcla primera de mantequilla + huevos +azúcar, alternando las dos cosas y empezando y acabando con la harina. 

La masa la echaremos en el molde previamente engrasado/enharinado y la dejaremos en el horno unos 50 minutos, aunque a partir de la media hora ya podéis pinchar el bizcocho con una brocheta o palillo para ver si sale limpio, el tiempo total dependerá de vuestro horno.

El bizcocho hay que dejarlo unos 10 minutos dentro del molde y después ponerlo sobre una rejilla para que se enfríe.

Así sin más está buenísimo, pero si queréis hacer la tarta aguantad la tentación y dejarlo tranquilo durante unas horas o hasta el día siguiente. Yo las tartas suelo hacerlas en dos días a fin de no agobiarme: primero una tarde el bizcocho y la crema, y a la mañana siguiente lo preparo todo para el ensamblaje final.

Cuando el bizcocho esté frío, hay que cortar las capas con un cuchillo del pan o una lira. Para que la tarta sea estable, es recomendable hacer las capas de relleno la mitad de gruesas que las de bizcocho. Dependiendo de la altura que os haya alcanzado éste podréis hacer más o menos capas, yo en este caso corté tres círculos de unos 2 cm. de espesor.

Para que las capas queden luego bien alineadas, el truco del almendruco es clavar en el diámetro una brocheta larga que asome por cada lado. Os ayudará a levantar las bases de bizcocho y también a poner después cada una en su sitio.

Para que la tarta quede más jugosa, es mejor bañarla con un almíbar antes de poner el relleno. 

Almíbar:

Ingredientes:
100 gr. azúcar
100 ml. agua
licor, aromas o zumo de limón al gusto.

Preparación:
Calentar el agua junto con el azúcar en un cazo al fuego, hasta que el azúcar se disuelva. Agregar zumo de limón, un licor o aromatizante al gusto y dejar que la mezcla espese ligeramente. Dejar enfriar antes de esparcirlo sobre el bizcocho.

El almíbar hay que echarlo dejando el perímetro del bizcocho seco, así no se mojarán los bordes y será más fácil cubrir la parte exterior de la tarta con crema.

Ahora llega el momento de rellenar la tarta con lo que queráis: desde simple nata montada, hasta fruta, mermeladas, etc... En este caso yo utilicé crema de limón o lemon curd (receta de una servidora) mezclada con nata en 2 capas, y una central con mermelada de frambuesa y buttercream.

Encima del bizcocho esparcí también mermelada de frambuesa (si está muy espesa, rebajarla con una cucharadita de agua y emulsionar) y sobre ella y por toda la parte exterior, mi mezcla chunga de buttercream con sabor de frambuesa.

Y os preguntaréis que cómo estaba hecho el dichoso mejunje y por qué no pongo la receta. Pues sinceramente, porque es mejorable. No me gusta el buttercream puro: mi goloso paladar encuentra que la mera mezcla de mantequilla y azúcar glas sabe exactamente a eso, a grasa láctea dulce. Por eso me pongo a echar distintos ingredientes que rebajen la mantequillosidad de la buttercream. En este caso, usé mantequilla en pomada, azúcar glas, mascarpone, nata, frambuesas y una pizca de colorante rosa.

El problema creo que fue que el líquido de las frambuesas no se mezcló bien con el resto, y no quedó una crema homogénea, pura y virginal, sino más bien grumosa. Batí y batí pero la consistencia no mejoró: eso sí, tenía un sabor buenísimo. 

Así que no pude hacer florituras con la manga pastelera, me conformé con extenderla bien con la espátula y disfrutar de la imperfección. 


Además de hacer dulcerías, tengo otras aficiones que no engordan pero cuestan dinero. Qué le vamos a hacer.

Tengo una personalidad recolectora: la pequeña urraca que vive en mí me obliga a guardarlo todo y a no tirar nada. Papeles, facturas, ropa que no te sirve, bolis gastados... todo "por si acaso". Por si acaso empieza una nueva guerra mundial o vuelve la moda de los 90.

El coleccionismo es la faceta elegante de esta manía. Colecciono antigüedades, básicamente mapas y grabados antiguos, pero también ropa y complementos viejos vintage, que se dice ahora.

Y ya he empezado a dedicarle un poco de tiempo a la investigación anticuaria sobre utensilios de cocina. Esto es lo que me llegado esta semana por correo:

 Adivináis qué es? Un cake-stand (o tartera, en castellano) de cristal, de los años 50.

Tiene alguna marca y arañazo, pero es precioso, con un pedestal alto, y va a resaltar cualquier birria que le ponga encima. Además de que es bastante difícil encontrar una tartera (de cualquier tipo o material) en tiendas, tenía claro que quería una clásica, de cristal esmerilado, y antigua.



Me encanta recuperar piezas antiguas y me gusta que no sean perfectas, que se note su uso y su edad. Por eso tampoco en este blog veréis fotos perfectas, con estilismos estudiadísimos ni nada parecido. Hago las fotos sobre la marcha, y no tengo tiempo para ponerme a montar un fondo, atrezzo... buf!

Admiro a la gente que lo hace y me pasaría horas viendo sus imágenes, pero éste es un blog con recetas domésticas, imperfectas, con un punto casero, y así quiero que lo reflejen las fotos.

Espero hacer para este domingo una tarta para una ocasión especial ¡y estrenar la tartera! Y vosotros ¿qué clase de manía acumuladora relacionada con la cocina tenéis?

A estas alturas creo que todos conoceréis a Miss Chocolate Guinness Cake: una dama irlandesa, dulce y viciosa que fue presentada en sociedad por Nigella Lawson. Hace un tiempo viajó a España (cual rica y ociosa heredera) de la mano de Trotamundos.

Su aspecto tierno y su pasado oscuro la han convertido en toda una celebrity de la repostería, y campa por doquier en blogs y recetarios.

Culo veo culo quiero: tenía que ser mía. De modo que esta receta fue de las primeras que hice en forma de cupcake. Desde entonces, varios blogs han puesto esta receta con la misma adaptación, convirtiendo a Miss Guinness en una pequeño bocado de vicio, pero yo los hice primero grrrr ya tenía preparada la entrada.

A pesar de llevar cerveza negra, el bizcocho no sabe casi nada a ella. Si acaso, la Guinness aporta humedad y un sabor a chocolate más profundo de lo normal. Combiné los cupcakes con crema de queso o cheesecream, en unos simple, y en otros mezclada con mermelada de fresas casera: ¡sabían a petit-suisse!

PRECAUCIÓN: esta receta puede dañar tu sensiblidad y tu dieta


Cupcakes de chocolate Guinness:

Dificultad, así de primeras: fácil. Probabilidad de complicaciones: que te bebas la cerveza que sobre y no atines. Presentación: lucida. Sabor: a chocolate puro. Recetas de inspiración: Food and Cook

Ingredientes (para unos 15 cupcakes, si queréis hacer la versión tarta, doble de todo):
125 ml. cerveza Guinness Stout (de lata o botellín)
125 gr. mantequilla
80 ml. nata líquida para montar
1 huevo
media cucharadita de esencia de vainilla (o vaina de vainilla, aún mejor)
40 gr. cacao puro en polvo
200 gr. azúcar
125 gr. harina
1 cucharadita más 1/4 de bicarbonato (sobre el bicarbonato hay una nota más abajo) o 4 de polvo de hornear Royal (ver nota)

Preparación:

Hay que poner a calentar la cerveza en un cazo o cacerola sin que llegue a hervir. Dentro echamos la mantequilla en trozos y removemos hasta que se derrita completamente. Entonces retiramos del fuego y reservamos.

En un bol mezclamos todos los ingredientes secos (cacao, azúcar, harina y bicarbonato/royal) y removemos para que no haya ningún grumo.

En otro recipiente, batir juntos la nata, los huevos y la vainilla. Seguidamente, añadir a este bol la mezcla de la cerveza con mantequilla e integrar todo bien.

Precalentar el horno a 180 grados. En cuanto a qué altura es mejor, o posición, yo siempre lo pongo con ventilador arriba y abajo, y la bandeja en el medio. No sé por qué, no he hecho un máster en conducción del calor pero así me funciona!

Ahora hay que ir echando los ingredientes secos sobre los húmedos: mejor en 3 veces para evitar los grumos. 

Colocar los papeles para los cupcakes dentro de cada hueco del molde para magdalenas. También podéis usar moldes de silicona, con los que no hace falta papelito, o papelito sin molde: este sacrilegio lo he cometido yo infinidad de veces y no quedan mal a no ser que las cápsulas sean muy delgadas (como las de Ikea, que son una basura hedionda). ¡Así caben muchos más cupcakes en el horno de una sola vez!

El resultado final es una masa muy líquida: difícil de echar en las cápsulas o en los moldes sin manchar nada. Es así como tienen que quedar, no os preocupéis. Para evitar estropicios y cochinerías, es recomendable echar la masa en una jarrita, y con su ayuda  ir vertiéndola en los papeles. No llenar los moldes más allá de 3/4 de su capacidad, para que no se salga la masa durante el horneado.

Con cuidado de no quemarnos, que los hornos los carga el diablo, metemos los moldes dentro y esperamos unos 15 minutos. A partir de ese momento ya podemos pinchar con un palillo para ver si sale limpio, o usar otro truco: presionar ligeramente con el dedo sobre el cupcake y que éste se hunda pero se vuelva a esponjar.


NOTA sobre el bicarbonato: aunque la aplastante mayoría de nosotros, ignorantes, decimos "levadura" para denominar a los polvitos de Royal y similares, no son una levadura o fermento vivo, sino un impulsor químico o gasificante que hace que crezcan las pequeñas burbujas de oxígeno dentro de la masa. Estas burbujas ayudan a levantarla, creando una sensación esponjosa (las burbujas ya tienen que estar en la mezcla, por eso es tan importante batir bien)

Aunque hay gente que cree que el polvo de hornear (= Royal) se puede sustituir indistintamente por bicarbonato, son productos con una composición química diferente que necesitan diferentes tratamientos. El bicarbonato necesita de un ingrediente ácido y otro líquido para reaccionar, por eso se usa en recetas que llevan nata ácida, o buttermilk (suero de leche), limón, etc... Empieza a hacer su efecto muy rápido y es importante no esperar a meter la masa en el horno.

El bicarbonato es 4 veces más potente que la levadura, y siempre necesita de un elemento ácido para funcionar, por eso no es tan matemático sustituirlo por polvo de hornear.

El problema: el cacao puro es ácido y por eso, casi todas las recetas que lo llevan indican también que hay que usar bicarbonato. Vale, la tarta Guinness lleva cacao, y bicarbonato... ¿? Pues el lío deriva del cacao. El cacao que usan en las recetas anglosajonas, como es ésta originalmente, suele ser natural (por ej. marca Hershey´s). En el continente europeo es mucho más común el cacao en polvo puro procesado (Dutch processed o cacao holandés). Este cacao ha sufrido un proceso de alcalinización para darle suavidad y restarle acidez, y es el más común (por ej. la lata de Valor).

Por esta razón, las recetas que en principio ponen "cocoa powder"van de la mano con "baking soda" (bicarbonato) y no con "baking powder" (Royal). Si nosotros usamos un cacao de procesado holandés, tenemos que cambiar el bicarbonato de la receta por 4 veces su cantidad en polvos Royal. 

¡Menudo lío! Pero es que la repostería es todo matemáticas y cantidades, y por esta razón hay veces que algunas recetas no salen como tendrían que salir. Todo esto lo explicó Bea mucho mejor que yo aquí.

Frosting crema de queso / petit-suisse:

Ingredientes
1 tarrina de queso Philadelphia (150 gr.) o 150 gr. de Mascarpone
180 ml. nata líquida para montar bien fría
100 gr. azúcar glas

Mermelada de fresas
(colorante alimentario rojo)

chocolate blanco

Preparación:

Montar la nata. Batir bien el queso con el azúcar hasta que nos quede una crema untuosa (la receta original le echaba mucho más azúcar, pero incluso a mí me pareció demasiado) y después agregar la nata montada, juntándolo todo con movimientos suaves para que no sa baje.

Ésta es la receta básica, a partir de ahí podemos improvisar echándole chocolate blanco derretido (con cuidado en el microondas, en tandas de 30 segundos para que no se queme, mezclarlo con la crema cuando haya enfriado pero no solidificado) o mermeladas de fresas. En mi caso, yo opté por una mermelada casera buenísima que nos habían regalado, y no hizo falta echarle nada de colorante para conseguir un tono rosa magnífico.


Montaje final:

Cuando los cupcakes están fríos, llega el momento de adornarlos y/o rellenarlos. Para rellenarlos, hay 2 opciones:
1. Cortar con la punta de un cuchillo afilado un pequeño cono hacia dentro en la parte central del cupcake. Meter una cucharada de crema y volver a tapar.

2. Tener una boquilla de relleno (la mía es de Ikea) acoplada a una manga pastelera. La punta de la boquilla se clava en el cupcake, como si pusiésemos una inyección, y se aprieta poco a poco introduciendo la crema en el interior.
Para adornarlos por encima, podemos untar el frosting con un cuchillo, o usar una manga pastelera (o bolsa de congelar con agujerito).
Si soléis hacer galletas, o tenéis pensado animaros con alguna receta (como la mía de shortbread, por ejemplo), quizás las queráis regalar después.

La otra opción es comérselas uno todas, en plan avaricioso. Y aún mejor, no decir a nadie que las hemos hecho, esconderlas debajo de la cama y argumentar que ese delicioso olor que hay en el ambiente es culpa de la vecina.



Si a pesar de la tentación decidís regalarlas, hoy os enseño una idea que yo suelo utilizar.

Las galletas, duran perfectas unos 2 o 3 días. Si se van a comer en ese plazo, es mejor guardarlas herméticamente para que no se sequen o "se revengan" (término casero donde los haya, que ni siquiera sé si es un verbo conjugable: del entrañable adj. revenido/a). En una lata bien cerrada o en bolsas de celofán, en un sitio oscuro y fresco.

Yo suelo usar botes herméticos de cristal, que compro en Ikea muy baratos, o en el chino, que siempre hay de todo. Con Photoshop diseño unas etiquetas personalizadas, que imprimo en una cartulina, recorto y pego en la tapa del tarro. También se pueden colgar con un cordón de la boca del bote.


Quedan preciosas: quien reciba el regalo quedará impresionado, se lo enseñará a todos sus amigos y conocidos, y en nada se os vendrá encima un alud de peticiones de galletas...

MATERIAL NECESARIO:
Un poco de tiempo
Galletas (si no son caseras, lo de "hecho a mano" será un poco fraude...)
Cartulina blanca o de colores
Impresora, y por lo tanto ordenador
Tijeras (normales o con bordes en zig-zag)
Cordón (Hilo grueso, o de seda, lana, lazos ... yo tengo unos cuantos de imitación ante de los chinos, mis grandes amigos)
Pegamento fuerte

La cartulina podéis reemplazarla por papel adhesivo imprimible, entonces ya no haría falta el pegamento.


Aquí podéis descargaros un zip comprimido con el archivo psd que diseñé y la fuente utilizada. Esta misma idea os servirá para adornar tarros de mermelada, conservas, etc... sólo tenéis que adaptar el diseño, o elegir uno diferente.

En la web de Martha Stewart hay un montón de plantillas descargables, igual que en la página de Canon de arte en papel.

1. Etiquetas de Martha Stewart | 2. Idea de Project Wedding | 3. Style Files | 4. Imagen de Wedding Bee

ACTUALIZADO: Si necesitáis la plantilla de etiquetas en otro formato, como Word por ejemplo, pedídmela a través de un email o en los comentarios, y la subiré!

Cocinar para alguien es como hacer un regalo. Debería estar enfocado en quien lo recibe, y no en quien lo hace.

Vale que todos hemos regalado alguna vez a nuestra madre/pareja/hermano esa cosa que tanto deseábamos (nosotros) con la esperanza de poder disfrutarlo de rebote. Esa jugada se traduce en la cocina como "québienquevienenfulanoymenganoacomer-aprovechoyhagocroquetas-queyollevounmesadietaymemuerodeganas".  Es muy válida, sobre todo si a Fulano y a Mengano también les encantan las croquetas. ¿A quién no le gustan?

Pero los mejores regalos que se pueden recibir son aquellos en los que se nota que han sido pensados para tí, conociendo tus gustos. Por eso cuando cocino para alguien, intento pensar siempre en lo que sé que más le va a hacer disfrutar: no se trata de lucirse con técnicas raras, ni ingredientes gourmet.

A mí me encantan los postres, cuanto más golosos mejor. Con mucha crema, mucho relleno y mucho de todo. Pero hoy ha venido mi hermana a comer y ya sé que ése no es su estilo: mejor ingredientes naturales, frescos, sin cosas complicadas...

Así que he pensado en lo que tenía en casa, y me he acordado de unas cerezas que nos quedaban que ya se iban a pasar de maduras. Buscando un poco por aquí y un poco por allá, he adaptado cosas de varias recetas (más abajo los links originales) e inventado un poco para conseguir unos cupcakes especiados de cereza y almendra. ¡Muy fáciles!



Cupcakes especiados de cereza y almendra:

Dificultad, así de primeras: sencilla. Probabilidad de complicaciones: tener que limpiar después, eso seguro. Presentación: fácil. Sabor: muy bueno y natural. Recetas de inspiración: A qué saben las nubes y Mundodulcinea

Ingredientes (para 12 cupcakes):
130 gr. de harina
100 gr. de almendra en polvo (si no tenéis, pues entonces 230 de harina)
150 gr. de azúcar
1 yogur natural
2 huevos
50 gr. mantequilla
1 pizca de sal
1 pizca de canela
semillas de amapola
2 cucharaditas de levadura
cerezas deshuesadas y picadas, o en conserva, o deshidratadas...

Preparación:
En un cazo o en el microondas, fundir la mantequilla hasta que esté líquida (podéis sustituirla por 3 cucharadas de aceite de girasol). Mezclar con los huevos bien batidos y el yogur: batir todos los ingredientes húmedos juntos.

En otro recipiente, mezclar los ingredientes secos: Harina, almendra, levadura, azúcar y canela (las especias son al gusto, podéis obviar las semillas de amapola si no tenéis, o echar nuez moscada, jengibre...). Revolver con un batidor para que no queden grumos.


Precalentar el horno a 180º, e ir colocando las cápsulas de papel en los moldes.

Agregar los ingredientes secos a los húmedos, en 3 o 4 veces: hay que mezclar bien la masa pero sin batir demasiado, si no no subiría! Mejor con una lengua de gato o cuchara que con el batidor.

A continuación, echar las cerezas. Yo he usado cerezas de temporadas deshuesadas y picadas, y un puñado de deshidratadas (de la marca Royal Orchid, las compré en Carrefour y las uso en los plum-cakes). AVISO: Probad el sabor, si queréis echarle más azúcar para contrarrestar el ácido del yogur, no hay ningún problema.

Ya sólo queda ir repartiendo la masa dentro de las cápsulas.
AVISO: el producto resultante es bastante líquido, así que cuidado al irlo echando (hasta 2/3 de la capacidad de la cápsula de papel) para no engorrinar todo.

Cocinar en el horno unos 20-25 minutos, o hasta que insertéis un palillo y salga limpio.

Et voilà! Vuestros preciosos cupcakes estarán terminados, algún trozo de cereza habrá salido a la superficie pero así quedan más vistosos. Dejarlos enfriar 5 minutos en el molde, y después pasarlos a una rejilla (si no tenéis la rejilla de la Barbie repostera, podéis utilizar una normal del horno con algún tope debajo para que circule el aire bajo los cupcakes).

Quedan buenísimos, con un sabor penetrante a cereza y un toque de almendra y canela insuperable! Si queréis adornarlos con frosting, rápidamente se puede hacer una mezcla de queso crema (Philadelphia o tipo mascarpone) con más cerezas picadas y azúcar: yo la hice y la pusimos sobre algunos de los cupcakes, pero sinceramente ¡están mejor sin nada!

Ya que estamos en plena temporada de cerezas, también podéis animaros a probar otras recetas con esta misma fruta. Echar un vistazo a otros cupcakes realizados con esta fruta, como los de Cakes Haute CoutureObjetivo Cupcake, o Cupcakeproject, los muffins de Fotomerienda, los bizcochitos de Mi dulce Magdalena, las galletas de Joy the Baker o las cerezas al vodka de Lorentzero.


Qué le pasa a un cupcake que viaja al país de las hortalizas?


Sweet Dreams from Kirsten Lepore on Vimeo.

Porque no todo es perfecto en un mundo de azúcar y fondant... (ya sabéis niños, 5 piezas de fruta y verdura al día)

La señorita Wikipedia nos cuenta que el shortbread es un tipo de galleta elaborada tradicionalmente con una parte de azúcar blanca, dos partes de mantequilla y tres partes de harina de trigo. 

Lo que no dice es que estas galletas de mantequilla son un pecado (venial), un delito contra las caderas y un placer excelso. 

Originarias de Escocia, y popularmente identificadas con la gastronomía británica, los shortbread no tienen mucho que ver con las galletas de mantequilla que conocemos por aquí: nada de lata azul, ni de cobertura de chocolate, y mucho menos guinda o mermelada en el centro.

Éstas juegan en otra liga: la de la mantequillorra total, con un olor delicioso a grasa fundente y un punto salado. Por esta razón, o te encantan, o las odias. Y aunque te encanten, me parece que no es recomendable su consumo abusivo a no ser que seas porteador de alta montaña o atleta profesional.

Por esta razón hace falta una muy, muy buena excusa para decidirse a hacerlas y luego tener la voluntad de no comerlas todas. En mi caso, eran para un regalo y sólo comí dos y las migas. (El porqué de las migas, más abajo)


RECETA Shortbread:
Dificultad, así de primeras: sencilla
Probabilidad de complicaciones: media-alta si no lees las instrucciones
Presentación: fácil
Sabor: para lucirte

260 gr. harina
225 gr. mantequilla sin sal (nada de margarina)
60 gr. azúcar
1 cucharadita (tsp.) de vainilla
2 gr. o 1/4 tsp. de sal

Batir la mantequilla hasta que esté cremosa.
Añadir el azúcar y batir de nuevo para integralo a la mantequilla.
Agregar la vainilla, la harina y la sal, y mezclar bien.
Amasar con las manos la bola resultante, y cuando no tenga ningún grumo, envolver en plástico o film para alimentos, aplastar hasta que quede un disco plano y enfriar en la nevera, mínimo 30 minutos (mejor si son 2 horas)

La experiencia me dice que es mejor separar la masa en 3 discos, y dejar 2 en la nevera mientras estiras y cortas la primera. ¿Por qué? Pues porque al tener tanta mantequilla, la masa fría tiene un poco de dureza que va perdiendo al contacto con las manos, y es más fácil trabajarla.

Sobre una superficie antiadherente o entre papeles encerados estiramos el disco de masa con el rodillo hasta un espesor de (IMPORTANTE)  entre 10 y 15 mm. A continuación podemos recortar las galletas con un cortador, o con la boca de un vaso estrecho. 
Truquillo > los recortes sobrantes se pueden volver a juntar para intentar sacar alguna galleta más de ellos.

Si tenéis bandejas de hornear galletas (que son más pequeñas que las del horno) vais poniendo con cuidado las piezas que os salgan sobre éstas, con un papel de horno en medio. Si no tenéis todavía el kit de la Barbie repostera completo, como yo, las ponemos sobre una fuente o plato llano grande, con su correspondiente papel de horno. Entonces las volvemos a meter en la nevera, mínimo unos 15 minutos - media hora. El frío hará que no pierdan la forma del cortador y que no se derritan enseguida tras entrar en el horno.

Hacemos lo mismo con los otros discos de masa que tenemos esperando en la nevera. 

Cuando metamos el último grupo de galletas a enfriar, precalentamos el horno a 175º.
IMPORTANTE: ¡No dejar las bandejas del horno dentro! La bandeja tiene que estar fría cuando coloquemos las galletas encima, si no se ablandarían instantáneamente.

Hay que colocar los papeles de horno con las galletas encima de la bandeja del horno, no os preocupéis por dejar mucho espacio entre ellas porque al no llevar levadura no crecen, sino que menguan al derretirse la mantequilla. (Por eso es importante no cortarlas con un grosor muy fino, como hice yo la primera vez, porque se os quedarán transparentes y quebradizas...)

En 8 o 10 minutos de horno estarán listas, en cuanto los bordes empiecen a coger un tono dorado. 


Recomendaciones encarecidas: respetad los tiempos de nevera porque de lo contrario no hay alma humana que separe las galletas de los recortes.

¿Veis qué finitas me quedaron a mí algunas en las fotos? Pues después de todo este proceso, de haber decorado algunas con chocolate fundido, de meterlas en un bote personalizado con todo mi cariño... Muchas de ellas acabaron en nada más que migas (muy ricas, pero migas) porque se golpearon unas a otras dentro del bote durante el transporte (demasiado frágiles)
GULA: Pecado capital para la religión cristiana y el catolicismo. La gula es un vicio del deseo, un apetito desordenado por el placer conectado con la comida o la bebida. Puede ser pecaminosa de varias formas:

  • Comer o beber más de lo que el cuerpo necesita.
  • Cortejar el gusto por cierta clase de comida a sabiendas que va en detrimento de la salud.
  • Consentir el apetito por comidas o bebidas costosas, especialmente cuando una dieta lujosa está fuera del alcance económico.
  • Comer o beber vorazmente dándole más atención a la comida que a los que nos acompañan.
  • Desperdiciar la comida, estando en la misma categoría que la de comer más de lo que necesita el cuerpo.

Me considero culpable de todas estas variantes, en menor medida de la cuarta. En mi caso debería cambiarse por "comer o beber durante horas y horas en una sobremesa interminable que se junta con la merienda y la cena"

La gula por lo dulce es un rasgo genético dominante en mi familia, de la que sólo se libra un espécimen. Los demás tuvimos que sufrir durante años por las pastas "para visitas" que testaban guardadas en un armario, esperando a que alguien viniera a tomarse un café. Escudriñábamos los estantes por si los gnomos habían traído por arte de magia alguna dulcería nueva. Nos comíamos el segundo piso de la lata de "pastas para visitas" (aquellas danesas, de color azul) dejando el primero inmaculado.

En mi casa éramos muchos y que yo recuerde, no solía haber repostería ni chiminadas compradas: de ahí venía que las dichosas pastas danesas fueran EL oscuro objeto del deseo, y que las campurrianas desaparecieran enseguida. Parece que estoy hablando de la posguerra, pero soy una niña de los 80.

Para compensar estas carencias modernas, mi ama preparaba todos los fines de semana un postre especial, que podía ser de los canónicos (sobremesa de domingo: arroz con leche, tarta japonesa, flan...) o de los normales (para los días corrientes, mientras durara: plum-cake, bizcocho de nata, tostadas de crema...)




Mi padre, que es muy de hobbys estacionales, tuvo un episodio de repostería highclass: hojaldre a tutiplén. Croissants, canutillos y milhojas poblaron nuestras meriendas noventeras. Hasta que se le pasó, encontró otra afición, y todos adelgazamos unos cuantos kilos.

En mi casa, las fiestas de guardar incluyen obligatoriamente postre manufacturado. Lo comprado es vulgar.

Y no hay satisfacción mayor para una golosona como yo que llevar el postre, que todos lo disfruten y  sobre todo que mi ama me diga eso de "¿Pero cómo has hecho esto? ¡Qué mano tienes!!!"

Así que mi afición se ha tornado en pasión, y la pasión en proyecto. (Business, como dice Mr. Posh). Aquí empieza.

Biscayenne. Con la tecnología de Blogger.