Después de muchos meses siguiendo blogs y viendo fantásticas y churriguerescas tartas hechas a base de fondant, andaba yo con la idea metida entre ceja y ceja de que tenía que aprender a manejarlo. En mis sueños multicolores, hacía una tarta de tropecientos pisos esplendorosa y provocadora de admiración total.

Para los que no lo sepan, el fondant es un tipo de recubrimiento usado en la decoración de pasteles que aunque viene del francés "fundente", no tiene nada que ver con el chocolate ídem ni con el ídem hecho sólo con azúcar y agua. En inglispitinglis, lengua materna de los maestros de esta técnica, se llama rolled fondant o fondant icing a la pasta dulce creada con glicerina y gelificantes que puede amasarse, moldearse y estirarse para cubrir o decorar un postre.

Hete aquí que yo me compré un día, en una de mis compras compulsivas por la red, un paquete de fondant blanco, y ahí está, metido en el armario, mirándome con ojos de cordero degollado cada vez que abro la puerta. Investigué, leí y googleé pero me parecía bastante complicado tirarme a la piscina en plan autodidacta.

La versión casera del fondant se puede hacer en casa, a base de nubes de chuchería y azúcar glas a cascoporro. Como no podía ser de otra manera, la barbie repostera se compró para su kit un paquete enorme de jamones (así es como llamamos a las nubes en Bilbao), que también pone ojitos tiernos desde su rincón. La cosa no podía seguir así, de modo que ni corta ni perezosa la semana pasada fui a un curso de decoración con fondant.

A estas alturas ya querréis saber qué porras pasó, si me gustó, si fondant sí o fondant no. Pues tendréis que esperar, paciencia! De momento, esto es lo que me salió:

En mis andaduras blogueriles, llegué hasta el blog de una chica que suele dar cursos de repostería creativa y a finales de julio impartía uno de decoración básica con fondant. Así que el sábado pasado me fui a con mi caja de tartas y mi bizcocho (un madeira sponge cake de chocolate que me salió bastante mazacote porque no puse bien las cantidades, ejem).

El curso, de 4 horas, estaba muy bien organizado y la profesora llevó de todo: almíbar, colorantes, bolas ya teñidas en varios tonos, cortadores, estecas, rodillos, delantales... éramos 6 personas y pasamos una mañana muy entretenida aprendiendo a preparar fondant.

Cortamos los bizcochos en capas, los bañamos en almíbar con un biberón, y los rellenamos y cubrimos: crema de chocolate, de queso, swiss meringue buttercream normal, de frambuesas...

Después de alisar, se metieron las tartas a la nevera y entonces la profesora explicó cómo se colorea el fondant, los tipos distintos que hay, su consistencia y conservación, herramientas necesarias, etc. Aprendimos a amasarlo y teñirlo, a hacer lazos, rosas y a usar cortadores.

hablando sobre los colorantes, y arriba, las chorrocientas herramientas y cosiquinas que había
Tras media hora, sacamos las tartas de la nevera y empezamos a estirar el fondant que iba a recubrirlas. Algo que me sorprendió fue que hubiera que dejarlo tan gordo, de unos 4 o 5 mm, yo ingenua de mí creía que el fondant se dejaba finísimo y que por eso era tan difícil manejarlo: error! no fue demasiado complicado darle la vuelta y colocarlo sobre el bizcocho, pero sí alisarlo para que no quedaran arrugas ni pliegues.

Después de cubrir, cada uno tiró de imaginación y adornó la tarta como quiso
Y aquí tenéis mi tarta, de bizcocho esponjoso de Madeira con chocolate, en 3 capas, y rellena de crema de chocolate y swiss meringue buttercream de frambuesa.

Fondant entonces, sí o no?

A riesgo de despertar las iras de todos los fondant-fans, me decido por el no.

"Pero vamos a ver alma de cántaro, por qué? si estaba saliendo todo bien"

Entendámonos: escribo el blog porque me gusta cocinar, y me gusta cocinar sobre todo, porque me gusta comer. Mucho. Por eso soy una comedora ansiosa y una golosa irredenta, voy en busca del sabor apropiado, del postre pluscuamperfecto que te deja turuleto cuando lo pruebas, no cuando lo ves.

El fondant ya sé que depende de las marcas (en el caso del industrial y no casero, como era aquí), pero usamos Credipaste, que mi investigación googleadora previa había puesto en el número 1 de los que "saben mejor". Y qué es lo que le pasa? pues que no sabe a nada. O sí, sabe un poco a chuchería dulce sin sabor definido.

Y eso no es lo que yo quiero poner en una tarta! Para mí las tartas tienen que ser (esto lo digo yo, y cualquier hijo de vecino pensará otra cosa completamente distinta) jugosas, con un sabor sorprendente, con una untuosidad viciosa, y ya si nos ponemos a pedir el oro y el moro, bonitas.

Mi obra en fondant cosechó muchos "ohhs" y "ahhhhhs", pero luego casi todo el mundo peló la parte de fuera y se comió lo de dentro. Yo incluida. Se oyó mucho lo de "alguien quiere lo blanco?", de modo que no pasó el terrible test familiar de cata dulce.

mi sobrino, quitando el fondant para comerse lo demás...
Me da casi hasta pena porque comprobé que usar el fondant no es tan complicado como pensaba, que se pueden hacer cosas muy resultonas con él... pero en el momento decisivo, las papilas gustativas me dijeron que aquello no sabía a ná, y qué es la comida más que gusto y deleite?

No sé si volveré a usar fondant alguna vez, si le daré más oportunidades, en definitiva. No he llegado aún al modelado con pasta de azúcar y ya estoy pensando que a ver, realmente: eso se come? porque si un alto porcentaje de los comensales hacen como mi familia y lo retiran, para qué molestarse? sería lo mismo adornar la tarta con figuritas de plastilina, o con flores de verdad, o...

Me gustaría que comentarais aquí vuestra opinión, si creéis que se puede hacer de otra manera, o que no todo el mundo es tan talibán como mis catadores. Y por supuesto agradecerle a Inés el curso tan fantástico que dio.

ACTUALIZACIÓN (31.07.2011): resumición acientífica de los resultados de vuestros comentarios aquí en el blog y en twitter.

El 58% de los comentarios se decanta por el NO rotundo y sin concesiones.
El 40% por el SÍ con peros.
Sólo el 2% de las opiniones fueron de defensores a muerte del fondant.

Mi conclusión personal: lo que más me ha sorprendido es que muchos de los fondant-fans han admitido que no les gusta y/o que no lo comen en sus tartas. !? Eso no me lo esperaba para nada.

Muchos habéis dicho que el fondant resulta demasiado empalagoso, yo el problema que le vi no es que fuera demasiado dulce (tipo atracón de leche condensada), sino que no sabía a nada, absolutamente a nada más que a artificialidad.

Como en este blog hablo de repostería casera (de pequeños vicios que podemos hacer para satisfacernos y sacar una sonrisa a los demás desde una cocina pequeña), intento siempre que los ingredientes sean lo más naturales posible y que estén al alcance de todos. El fondant industrial no es natural, pero tampoco es pernicioso, tiene ingredientes que habitualmente llevan muchos productos que consumimos con asiduidad. Cada uno es libre de elegir usarlo o no, y de que le guste o no.

Simplemente creo (gracias a varios expertos que me han orientado!) que el método que usé en la tarta no es el mejor, que su versión casera deja mucho margen a la mejora del sabor, y que el fondant puede ofrecer un montón de posibilidades creativas pero que hay que supeditarlas al objetivo final de un postre: que alimente y que enamore.

De momento y hasta que no aprenda a utilizarlo mejor, el fondant no es para mí ni para mis degustadores habituales: hay muchas maneras de adornar un postre, muy pecaminosas y muy apetecibles y que no se van a quedar en el plato. Seguiréis viendo todas ellas aquí!

PD: gracias sinceras a todos los que habéis expresado vuestra opinión y habéis ayudado a que nos formemos una idea mejor de cómo trabajar esta técnica.
Whole Kitchen en su Propuesta Dulce para el mes de julio nos invita a preparar un postre clásico británico: trifle.

Éste es el primer reto de WK en el que participo, así que le di más y más vueltas para encontrar una idea original y veraniega, a ser posible que no estuviera prohibida por mi VSHY (verano sin horno ya).

El trifle es un postre todo-vale en el que se arrejuntan restos reposteros tan ricos como trozos de bizcocho, natillas o crema, fruta, nata y almíbar. De esos que te hacen quedar como una cocinillas elegante y sofisticada cuando en realidad no tenías casi nada en casa y tampoco tiempo para pensar.
El trifle es el eclecticismo hecho dulce: desde la pura improvisación hasta la combinación más refinada, conjuga siempre distintos sabores y texturas. Y yo, para honrarlo, he usado un atajo casero y una elegante crema de té matcha, chocolate, ginebra, lima y melocotón.



¿El atajo? Pues viene a colación de que yo quería un trifle con base de chocolate, pero no me apetecía hornear un bizcocho porque la cena era solamente para dos, y me iba a sobrar. Tampoco quería comprar uno ya hecho. Solución casera: piedras de chocolate hechas con galletas Oreo.
Arg! El acabóse! Los puristas se llevan las manos a la cabeza y los pies! ... pues no sabéis lo bueno que estaba.

Trifle fácil de chocolate y té verde matcha:
Dificultad, así de primeras: facilísimo. Probabilidad de complicaciones: mínima. Presentación: mi media mandarina se quedó con la boca abiertaSabor: especial, por el té matcha. Recetas de inspiración: yo mí me conmigo y Circus Day para la crema

Ingredientes: (2 copas bien llenas) la crema de té va más abajo!
20 galletas Oreo
1 cucharada de mantequilla


2 limas
1 melocotón
medio mango
250 ml. nata para montar
75 gr. azúcar
75 ml. agua
ginebra


PREPARACIÓN:
Triturar las galletas de chocolate con la batidora o a mano, hasta conseguir la textura de polvo o arena. Entonces, derretimos la cucharada de mantequilla y la mezclamos con el polvo de galleta, creando pequeñas rocas con los dedos. Si metemos estas piedras en la nevera se quedarán más sólidas, pero hay que dejar aparte un poco de polvo para decorar al final.




Para conjugar el chocolate con el frescor del té y su color verde, utilicé lima para el almíbar y la decoración.

Primero hay que rallar finamente la piel de una de las limas y frotarla con un poco de azúcar, para que suelte el aroma. La reservaremos para el final. 

Como adorno sobre la nata, confité varias rodajas de la otra lima. Para hacer esto, sólo hay que preparar un almíbar con la misma cantidad de agua que de azúcar: en cuanto hierva, bajar el fuego e introducir las rodajas de fruta cortadas muy delgadas, dejándolas dentro unos 15 minutos. El almíbar no tiene que oscurecerse cogiendo color de caramelo!

Al pasar ese tiempo, sacar las rodajas de lima del cazo con cuidado, una a una, para que no se amontonen, y colocarlas sobre un plato o superficie de la que luego podamos despegarlas.

Al almíbar sobrante le añadimos un poco de zumo de lima, y un chorrito o chorrazo (al gusto) de ginebra. Y ya podemos empezar a montar nuestro trifle, cogiendo 2 recipientes de cristal. Yo usé dos copas muy grandes de balón que usamos para las bebidas simpáticas y alcohólicas. En el fondo de la copa, colocamos las piedras de galleta de chocolate, y las bañamos con almíbar de lima.

Ingredientes para la CREMA de TÉ VERDE MATCHA:
1 yema grande
10 gr. mantequilla
2 cucharadas de nata montada
80 ml. de leche
1 cucharadita de té verde matcha en polvo
20 gr. azúcar
una cucharadita de harina de maíz o maicena


Esta impresionante crema la he copiado del blog de Caty, Circus Day, y tengo que avisaros de que está buenísima. Tan buena que yo me comí un par de cucharadas y como había hecho sólo cantidades para una yema, no me quedó tanta como para poner 2 capas en el trifle. Así que mejor haced el doble, y os sobrará para rebañar sin remordimiento!

Primero batir la yema, junto al azúcar y la maicena.

Aparte hay que calentar la leche, a la que añadiremos la cucharadita de té en polvo. Importante: aunque sea muy poca cantidad, hay que tamizarlo porque servidora no lo hizo y luego tuvo que usar el batidor levanta-espuma del café para quitar los grumos.




Aunque la leche no tiene que hervir, por si acaso vamos a verterla sobre el azúcar removiendo sin parar para que no se cuaje la yema de huevo.  Esta mezcla hay que ponerla de nuevo al fuego hasta que hierva para que la maicena espese la crema.

Al primer borboteo, retiramos, batimos para homogeneizar y cubrimos con un papel plástico o film al ras para que no se cree una película más sólida en la superficie. Dejamos enfriar.

Ahora hay que montar la nata, de la cual usaremos 2 cucharadas en la crema de té verde ya enfriada, y el resto para el trifle. Mezclaremos la nata con el té con mucho cuidado, sin batir y con movimientos envolventes hasta que las dos partes se unan, creando una crema brillante y sedosa, de color verde claro y con un dulce sabor a té.




Podemos seguir con el montaje del trifle, echando en las copas una capa generosa de crema de té matcha,   y regándola con unas gotas más de almíbar. Es el momento de añadir la fruta elegida, en este caso, yo puse trocitos pequeños de melocotón fresco y un poco de mango, para seguir con el tema tropical. 

Este es el té matcha que yo tengo.
Lo podéis encontrar en tiendas especializadas
"¿Tema tropical, qué hay tropical?" ahhh... aquellos años en que la lima era una fruta rara y el más exótico de los flashes del kiosko era el de lima-limón! ...

Digresiones aparte, podríais usar también kiwi, para combinar su color verde y el toque cítrico, o melón, o fruta de la pasión, o peras del huerto del tío Ramón.

Después de la fruta, nata montada, otro poco más de fruta, almíbar y coronaremos con más nata, encima de la cual va la lima confitada. Para terminar de darle el punto chic y elegante que abrirá bocas y ojos como platos, espolvorearemos la parte superior con la ralladura azucarada de lima, polvo de galletas oreo y un pellizco de té en polvo matcha.



¡Y a lucirse!
Por si no os habéis enterado, hoy se celebra la festividad de Santa María Magdalena, patrona oficiosa de los reposteros y tocaya de una nueva tribu urbana: las malenis.

¿Qué son las malenis? Hace ya tiempo que Raquel GratisTotal (gurú mediática y culjanter pop - ular) me abrió los ojos: vi la cruda realidad de la vida.

A un paso estoy de crear MMAA (Malenis Anónimas), organización sin ánimo de lucro que haría reuniones en sótanos de mala muerte y sin buffet libre, donde la gente se levantaría y diría frases como "Hola, me llamo Maripuri y soy maleni, llevo dos meses sin encender el horno y necesito vuestro apoyo".

Según GratisTotal, la culpable de esta terrible epidemia es esta señorita:


Amelie, con su dulce mirada y sus buenas intenciones, destrozó muchas vidas y elevó nuestras expectativas (tener un apartamento vintage en París, enanos de jardín, un enamoramiento mágico...) a la altura de las nubes.

Confesad: ¿habéis metido la mano hasta el codo en un saco de lentejas creyéndoos guays y súper agustoconlavida hasta que el tendero os fulminó con la mirada?

Yo encima, que he llevado el pelo corto mucho tiempo, y que me parezco un poco (sólo que con la nariz más grande y más fea toda en general) he tenido que soportar que me llamaran por su nombre durante años, y al final, en una simbiosis mental, intentó poseerme.

Como dice Raquel:

"El problema empieza cuando nos creemos Amélie y consagramos nuestra vida a la realización de cupcakes y muffins, las magdalenas de toda la vida, de ahí el nombre: las malenis"


De manera irónica, yo cumplo algunas de las máximas satíricas de la maleni de manual: hacer bizcochos, llevar sombrero, zapatos que parecen del año de la polca, gafas de pasta y un pre-síndrome de Diógenes por las cosas viejunas.

No soy cursi, odio el color rosa y las gafas son por prescripción médica a causa de una miopía de caballo, suelo vestir vaqueros con zapatillas y me gustan las series de ciencia ficción. Mi madre me quiere como soy y no voy a cambiar a estas alturas de la vida.

Pero sí que tengo una fijación con el horno y la mantequilla. Gracias a dios en el fondo soy tan, tan, tan poco maleni que no uso colorines y cuando horneo me suelo dar un homenaje de barra de bar con mostrador de zinc.

Vermú con hielos en el vaso medidor...

El malenismo invade el mundo y los cupcakes de colores van a comernos las vísceras, exterminando los polvorones y los postres sin glamour. Haced un ejercicio de introspección y confesad. 

Guerra a las malenis!!! y viva Gratis Total, que las ha bautizado!

Actualización: El blog maleni habla sobre la invasión de lo "mono", los cupcakes barrocos y los peligros de pensar en rosa. Soy fan.
Cada vez que leo uno de vuestros comentarios se me hace el corazón agüita (Lorentzero, que sabe que soy muy burra, me corregirá y dirá que en el fondo lo que quiero decir es que se me hace el culo gaseosa).

Como soy novel, neófita e inexperta en esto de los blogs, me sorprende cada día la atención que prestáis a mis receticas. Debéis de ser golosos tan irredentos como yo...

El caso es que una de las costumbres sociales que reina en el el mundo blogueril es el de los premios: otra vez me lleno de orgullo y satisfacción para deciros que otras ilustres cocinillas me han otorgado varios honores.

Eva de Ma Petite Boulangerie me ha elegido como el blog de la semana, Ilusiones color pastel me dio el índalo de bronce, Aurora de Chic Cookies el de Pink Lady, y Atelier Sucrème el de Tu blog me alegra el día. ¡A mí ellas sí que me alegraron el día!

Estos premios se supone que hay que pasarlos a otras personas, pero como no sé elegir, lo que voy a hacer es presentar aquí varios blogs que para mí son imprescindibles y que igual no son (aún) súper conocidos, pero que se merecen todos los reconocimientos habidos y por haber!

Pigscuit
Sí, ¡que ya sé que la conocéis todos! pero es que hoy justo ha llegado a los 100 seguidores y se merece muchas, muchas visitas. Es mi alma gemela repostera y tiene un gusto exquisito, además de un estilo divertido y desenfadado.



Can Colette

Zaida hace unas recetas muy originales y unas fotos que daba yo medio brazo por hacerlas parecidas...

Tarjeta de embarque












Cocina, viajes y fotografía de 10: Heva es una maestra de las ensaladas y las recetas frías.

Hands in dough

Una ingeniera española en Suiza, desde donde nos deleita con un montón de recetas fantásticas y vicios varios

El cajón de la cocina












Ainoa hace unas de las tartas fondant más bonitas del planeta tierra


Reseña especial para Pan y Peter , un blog de ilustración sobre cocina, o de cocina con ilustraciones... alucina vecina!


Circus Day












Estupendas fotos, y las mini sandías en limas... ¿no flipáis?


Otros de mis blogs diarios son Cerezas de chocolate (no he podido poner aquí sus fotos, perdón...), Las recetitas de MirasensLas aventuras de Teresita, La Crème de la crème ... Si os interesa, otro día seguiré poniendo links de webs inspiradoras que sigo atentamente, en español y en inglispitinglis.

Total, que ya he decidido que la tag de estos post sea "lo más": básicamente, lo más interesante que puedo escribir cuando no tengo nada nuevo que enseñaros!! Gracias de nuevo a las que me han dado los premios, y a los que diariamente escribís comentarios. Aunque no los responda todos, aquí o en vuestros respectivos blogs, me los leo todos y me hacen el culo gaseosa el corazón agüita.
Como estamos teniendo un verano, que ni es verano ni es ná, me estoy pasando el VSHY (verano sin horno ya!) un poco por el forro últimamente. Además, mi voz interior me dice que es por una buena causa: no por gula, ni vicio, ni egoísmo personal, si no por hacer el mundo más bonito y feliz. (Risas de mi voz maligna interior)

No, de verdad de la buena que es por una razón noble. Una amiga mía, muy guapa y más lista aún, cumple años esta semana y ya tengo su envío galletil planificado. Para no aburrirme, he probado una nueva receta y le mandaré unas pastas finolis y éstas más todoterreno que os pongo hoy: chip cookies, o lo que es lo mismo, galletas con trocitos de chocolate negro, blanco, pistacho y nueces.

Podrían ser de un sólo chocolate, o de almendra, con pecanas, con avellanas... lo que más os guste y más a mano tengáis.

La receta, y otras muchas más, la he sacado del blog de Joy the Baker, un reducto estadounidense de golosinerías maravillosas, en el que prima el buen sabor por encima del aspecto perfecto y rebuscado al que muchos blogs reposteros nos tienen acostumbrados. Joy aporta un toque casero y especial a todo lo que hace, y ése es el estilo que a mí me gusta y al que aspiro!

En esta receta, hay dos cosas novedosas para los que estéis acostumbrados a hacer chip cookies: mantequilla derretida, harina de fuerza y azúcar moreno. Éste último aporta un sabor caramelizado buenísimo, y la harina de fuerza hace que las galletas no sean planas y crujientes, sino más altas y blanditas. Tengo que probar aún si sustituyendo el bicarbonato por royal funciona mejor y la masa se levanta más, pero desde ya os aviso que las he hecho en dos tandas, y que han quedado mucho mejor aquellas cuya masa ha estado 2 días en la nevera! Cosas de la ciencia infusa...


Galletas de dos chocolates, pistacho y nuez:
Dificultad, así de primeras: muy sencilla. Probabilidad de complicaciones: hay que hacer varias hornadas porque son enormes. Presentación: de andar por casa. Sabor: caramelo con chocolate y frutos secos. Recetas de inspiración: Joy the Baker

Ingredientes (para unas 15 galletas gigantes, de 10 cm. de diámetro):
225 gr. mantequilla
290 gr. de harina de fuerza
1 cucharadita de sal (yo uso sal marina Maldon, que me gusta más)
1 cucharadita de bicarbonato sódico
300 gr. azúcar moreno
1 huevo
1 yema
2 cucharadas de leche
1 1/2 cucharadita de esencia de vainilla
chips de chocolate blanco
chips de chocolate negro
pistachos
nueces

Preparación:
Derretir la mantequilla al fuego o en el microondas y mezclarla seguidamente con el azúcar moreno.

Añadir el huevo y la yema, batiendo bien hasta la incorporación total de cada uno. Medir la leche y agregarla, y después la esencia de vainilla.

Ésta es una de las vainillas que yo uso: la compré en For the Cakes y es natural, con las semillas de vainilla dentro y un olor...! También podéis usar la normal de Vahiné, la incolora de Wilton o vainilla natural raspada. O nada!

Tamizar la harina con la sal y el bicarbonato, y agregarla poco a poco a la masa de azúcar. Añadir las gotas o trocitos de chocolate y los frutos secos partidos, incorporándolos bien dentro de la masa.

Tapar el recipiente y enfriar en la nevera como mínimo 4 horas, aunque a mí 2 días enteros me han venido de perlas y la segunda hornada ha salido muchísimo mejor, con las galletas más uniformemente doradas y sin extenderse tanto.

A la hora de hornear, debemos precalentar el horno a 180 grados. Si tenéis uno con función ventilador, es mejor bajar la temperatura 20 o 30 grados. ¡Sacad la bandeja del horno para que no esté caliente! Si no, las galletas empezarían a hacerse sólo al disponer la masa... Preparad una hoja de papel de horno o silicona sobre la bandeja.


Veréis que la masa es muy espesa y difícil de repartir. No hay que hacer una bolita perfecta, la galleta se extenderá ella sola circularmente y quedará bien. Yo eché cucharadas grandes y puse 6 en cada bandeja, porque crecen un montón. Podéis usar una cucharita de postre y hacer más de inferior tamaño, pero dejando bien de espacio entre ellas.

Se cocinan en una media de 10-15 minutos: estad atentos porque dependiendo del horno igual se os hacen más rápido! a media cocción, abrir la puerta del horno y echar un poco más de sal marina sobre cada galleta y unas gotas de chocolate para que quede más bonita la parte superior de la galleta. Si hace falta, darle la vuelta a la bandeja (lo que estaba al fondo, adelante) para que se doren de modo uniforme.

El desayuno de los campeones

En cuanto veáis que ya están dorados los bordes, y en torno a los 15 minutos, ya podéis sacarlas. Puede parecer que el centro está blando y sin cocer, pero eso hará que estén más blanditas por dentro. Dejad enfriar un poco sobre la bandeja, y después pasadlas a una rejilla.

Cuando se entibie la bandeja (si es que no tenéis más de una, como me pasa a mí, esnif) ya se puede hornear la siguiente tanda de galletas. 

¡Y esto es todo amigos! En los próximos capítulos pondré un paso a paso de cómo enviar las galletas por correo, porque la anterior explicación ha desatado pasiones...
Para acabar esta semana súper hiperchocolateada, os pongo la receta de unas galletas pecaminosas como ellas solas.

Ya sabréis todos que los brownies son un don de dios, la ambrosía hecha dulzaina. Y tenía muchas ganas de empezar a buscar la receta definitiva, ésa en que la parte de fuera está crujiente y costrosa, y el interior pegajoso y húmedo. Arf.

La cuestión es que los rigores del verano me hicieron cerrar el horno, y no tenía pensado empezar a practicar hasta septiembre. Pero hete aquí que a través de Twitter (esa moderna herramienta de cotilleo) conocí a todo un señor, un cocinero cocinillas que sin previa presentación me hizo un favor muy grande. Lorentzero me envió a casa, a MI casa, un tarrito de masa madre supervisada por el mismísimo Dan Lepard.

Así que yo no podía ser menos y pensé en una justa manera de agradecérselo. Como él también es un goloso irredento, qué mejor que hacerle llegar unas dulcerías: así que ni corta ni perezosa, la semana pasada encendí el horno especialmente para él y perpetré estas galletas browniezadas para mandárselas.


La receta se la cogí prestada a Mi dulce tentación, que a su vez se la vio a Alicia de Canecositas, que a su vez la copió de Mar de Todocaserito... y así hasta el fin de los tiempos.

¡Gracias a todas ellas porque están verdaderamente buenísimas! tal cual como un brownie, crujientes por fuera y húmedas por dentro, con un inefable sabor a chocolate y con tropiezos de nuez.


Brownie cookies:
Dificultad, así de primeras: tremendamente fácil. Probabilidad de complicaciones: ninguna!. Presentación: sin más ni másSabor: chocolateado. Recetas de inspiración: Mi dulce tentaciónCanecositas y Todocaserito


Ingredientes a recopilar: (20 galletas brownie grandes)
150 gr. de chocolate fondant
100 gr. mantequilla
180 gr. azúcar
1 pizca de sal
1 cucharadita de vainilla
115 gr. harina
1/2 cucharadita de polvos de hornear (Royal)
2 cucharadas de cacao en polvo puro
nueces picadas
2 huevos


Preparación:
Derretir en un bol la mantequilla, al fuego o en el microondas. Cuando esté líquida y caliente, añadir el chocolate fondant en trozos y remover hasta que se derrita.

A todo esto, precalentar el horno a 180 grados y sacar antes la bandeja para que esté fría. 


Batir en un recipiente aparte los huevos con el azúcar, y añadir después la mezcla de chocolate y mantequilla. 

Agregar la esencia de vainilla (o vainilla natural raspada) y la harina más el cacao y el Royal, preferiblemente tamizados.

Cascamos las nueces y las partimos en trozos, cuantas más mejor porque luego los mordiscos con tropezón de nuez serán sublimes.


Ya está. Más fácil imposible! Esta masa así a cucharadas ya está impresionante, pero mejor reservarla para el horno... Sobre un papel sulfurizado, silicona o similar, vamos poniendo cucharadas de masa. 

AVISO: mejor bastante separadas porque luego se expanden y se pegan unas a otras. A mí en una bandeja me cupieron bien las 20, pero no pensé que iban a ser tan grandes, así que podéis hacer los montoncitos con una cucharilla de postre y os saldrán más galletas.


Al horno con ellas durante 15 minutos, a 180º. Se podría incluso reducir el tiempo algún minuto si os gustan más blandas por dentro. Después, dejadlas 10 minutos sobre la bandeja, y luego pasadlas a una rejilla para que se terminen de enfriar. 

El reto para mí era no comerlas todas antes de empaquetarlas: resistí la tentación (menos con las que estaban rotas) y una vez frías me preparé para la operación.

Para mandar galletas por correo y que no lleguen hechas miga, hay que cuidarlas mucho y decirles cosas bonitas. También ayuda una caja adecuada, plástico de embalar con burbujas y sentido común.

La experiencia me dicta que es mejor usar una caja cuadrada, donde podamos ir superponiendo niveles de galletas. Sobre el fondo, un trozo grande de plástico burbujeado que sobre por todos los lados, para después plegarlo por encima. Embolsad las galletas en plano, no unas sobre otras sino paralelas. Cerramos la bolsa con un lacito o cierre de pan de molde, y colocamos encima más burbujas, llenando bien las esquinas y los espacios vacíos. 

Sobre el primer nivel, podemos poner sucesivos con más galletas, burbujas, galletas... siempre tapando bien los huecos. Al final, doblar los lados del plástico del fondo hacia el interior, y probad a poner la tapa de la caja. Si moviéndola ligeramente se oye ruido, es que hay que meter más burbujas o papel de seda en las esquinas y por encima, hasta que no se mueva nada de nada. Podéis meter dentro de la caja una tarjeta, o nota, incluso la receta para que el que las recibe pueda hacer las galletas en casa.

Entonces, hay que envolver a su vez la caja con más plástico de embalaje, y sujetarla bien con celo. Sólo resta cortar unos cartones rígidos al tamaño de la caja, y pegarlos bien haciendo una caja contenedora bien dura. Si está todo bien, al agitarla no se moverá el contenido ni lo más mínimo.

Y así es como queda, una sorpresa golosa en el buzón. Además de las galletas brownie, a Lorentzero le envié también otras que espero poder desvelaros dentro de poco... 

Eskerrik asko, Loren!
Esta mañana, un pajarito disfrazado de señor vestido de mensajero me ha traído un paquete a casa: mi premio por el concurso de For the Cakes.

Todos a una: "ohhh, aahhhhhh!"


Esta preciosa tartera (cakestand para los cosmopolitas anglófilos) es mía, y sólo mía... Mirándola ya me entra hambre.

Los amables pajaritos de For the Cakes me avisaron de que podía aprovechar para comprar otras cosas y recibirlas en el mismo envío, y yo (que tengo menos voluntad que un gato arrebujado junto a la estufa) caí en la tentación.

El kit de la Barbie repostera se va completando poco a poco, y aquí está todo lo que he recibido hoy:


La tartera, y además como autopremio para mí por ser yo, he comprado un molde alto para mis futuras tartas de pisos, un bote de pasta de vainilla de Tahití que huele que alimenta y un delantal. Yo siempre uso el mismo delantal en casa, uno marrón de Ikea al que ya no se le van las manchas, y tenía ganas de tener uno bonito y decente.

En plan para recibir a las visitas a lo Bree Van de Kamp, con el delantal inmaculado y un gintonic en cada mano. Éste es el no va más porque tiene un estampado de amas de casa de los 50: los gintonics los pondré yo.

Quiero agradecer desde aquí a For the Cakes por el regalazo que me han mandado, por la rapidez con la que ha llegado el pedido (2 días) y por lo bonito que venía empaquetado. Cada artículo en una bolsita con pegatinas, más una tarjeta de visita preciosa y un imán para la nevera. Podéis encontrar todas las cosas que yo he comprado en su tienda online, pero cuidado con emocionaros demasiado y gastaros la paga extra...


Tendré que ponerme este fin de semana el delantal, encender el horno (porque va a hacer mal tiempo), poner música decadente y sacar la botella de vermú. Y estrenar la tartera, claro!
Creo que el chocolate, más que cualquier otro ingrediente, es un vicio adictivo y culpable. No nos engañemos, algo malo tiene que tener cuando sabe tan bueno.

Yo, como buena golosa, soy fan enfervorizada del chocolate, pero no en tableta, ni en elegantes bombones o políticamente correctas versiones 70% : soy fan del cacao dulce, lascivo y engordante. Y hoy os traigo un buen ejemplo de ello, tierno y húmedo bizcocho de chocolate, con fresas, nata, queso y una decadente crema de trufa. Slurp.


Si existe el hada madrina de la pastelería encochinante y pecaminosa, sin duda está en EEUU/YUESAI. Allí saben conjugar como nadie el aspecto tentador con la golosinería más absoluta. Y una de sus maestras (o al menos de las mías) es Amanda Rettke, un ama de casa de Minnesota que en vez de ver Sálvame y tomar vermús, hace pasteles impresionantes en su blog I am baker.

Aunque nunca conseguiré sus acabados perfectos ni sus multicapas de colores, me consuelo con sus excelsas recetas altamente perjudiciales para la línea. En busca del pastel de chocolate definitivo descubrió esta tarta que os dejo hoy,  que yo también considero la reina de los postres hiperchocolateados. La adapté a mi chapucera manera, porque como se puede ver, mi pastel no se parece en nada al suyo...

¡Y tampoco ahora he encendido el horno! ¡Esta receta la hice hace mes y medio!



Tarta de chocolate y fresa:
Dificultad, así de primeras: principiantes. Probabilidad de complicaciones: cortarte el dedo al partir el bizcocho. Presentación: preciosa. Sabor: a vicio. Recetas de inspiración: I am baker

Ingredientes para el bizcocho, 20 cm de diámetro y 3 pisos de altura:
220 gr. o 1 3/4 tazas de harina
380 gr. o 2 tazas de azúcar
70 gr. o 3/4 de taza de cacao puro en polvo
2 cucharaditas (de postre) de bicarbonato
1 cucharadita de polvos de hornear (Royal)
1 cucharadita de sal
240 ml. o 1 taza de buttermilk (o la misma cantidad de leche con una cucharada de vinagre o zumo de limón, a temperatura ambiente durante 15 min. hasta que se corte)
120 ml. o 1/2 taza de aceite de girasol
2 huevos grandes a temperatura ambiente
1 cucharadita de esencia de vainilla
240 ml. o 1 taza de café reciente


Preparación:
En un bol, mezclamos los ingredientes secos tamizados: harina, azúcar, cacao, bicarbonato, levadura y sal. Revolver hasta integrar unos con otros.

Precalentar el horno a 180 grados y preparar el molde engrasándolo. Puede ser redondo, cuadrado, desmontable, también podéis hacer cupcakes...

En otro recipiente, batir los ingredientes húmedos: el buttermilk, el aceite, los huevos y la vainilla. Hay que añadir esta mezcla a la de los ingredientes secos, batiendo suavemente. Agregar finalmente la taza de café caliente y mezclar para homogeneizar la masa, que quedará bastante líquida. 

Rápidamente para que no empiecen a funcionar los gasificantes antes de tiempo, llenamos el molde y lo metemos en el horno, dejándolo entre 35 y 45 minutos. A partir de la media hora podéis meter una brocheta larga en el centro del pastel para comprobar si sale limpia, y tapar la parte superior con un papel albal para que no se queme. 

AVISO: sube muchísimo, es genial para hacer pisos pero si no tenéis un molde alto tendréis que forrarlo con papel de horno asomando hacia arriba para que la masa no se desborde y siga creciendo.

Como podéis ver aquí, el bizcocho queda aireado, esponjoso y de color muy oscuro!

Hasta aquí la base académica de la tarta, desde este momento sois libres de rellenarla de lo que queráis, adornarla como os dé la gana, etc...

Como tenía a mano fresas de temporada, yo ideé una especie de relleno con nata montada, queso mascarpone para darle consistencia y que no desapareciera por el peso del bizcocho, y azúcar. A esta crema le añadí fresas picadas. Todo esto a ojo de buen cubero, claro.

Nata montada, azúcar, fresas y mascarpone
Almíbar de fresa

El bizcocho lo corté con la lira en 3 pisos, y los emborraché con almíbar de fresa (mermelada de fresa aligerada con agua al fuego). Recordad que para que no se salga el relleno, el almíbar no tiene que llegar al borde exterior del bizcocho.

La parte exterior de la tarta iba recubierta de una trufa o ganaché de chocolate, cuya preparación ya os he explicado en otra ocasión. Es muy importante batir la ganaché ya mezclada y refrigerada, para que se monte la parte de nata y quede en vez de una crema dura, una mousse suave y fundente.


Y ya está! Intentad alisar la ganaché lo más posible, porque si luego metéis la tarta a la nevera se endurecerá y será más difícil corregir los errores. Por encima, podéis poner unas fresas cortadas como yo, o usar otra fruta, virutas de chocolate... Y disfrutad sin remordimientos!


Biscayenne. Con la tecnología de Blogger.