Para los que no lo sepan, el fondant es un tipo de recubrimiento usado en la decoración de pasteles que aunque viene del francés "fundente", no tiene nada que ver con el chocolate ídem ni con el ídem hecho sólo con azúcar y agua. En inglispitinglis, lengua materna de los maestros de esta técnica, se llama rolled fondant o fondant icing a la pasta dulce creada con glicerina y gelificantes que puede amasarse, moldearse y estirarse para cubrir o decorar un postre.
Hete aquí que yo me compré un día, en una de mis compras compulsivas por la red, un paquete de fondant blanco, y ahí está, metido en el armario, mirándome con ojos de cordero degollado cada vez que abro la puerta. Investigué, leí y googleé pero me parecía bastante complicado tirarme a la piscina en plan autodidacta.
La versión casera del fondant se puede hacer en casa, a base de nubes de chuchería y azúcar glas a cascoporro. Como no podía ser de otra manera, la barbie repostera se compró para su kit un paquete enorme de jamones (así es como llamamos a las nubes en Bilbao), que también pone ojitos tiernos desde su rincón. La cosa no podía seguir así, de modo que ni corta ni perezosa la semana pasada fui a un curso de decoración con fondant.
A estas alturas ya querréis saber qué porras pasó, si me gustó, si fondant sí o fondant no. Pues tendréis que esperar, paciencia! De momento, esto es lo que me salió:
En mis andaduras blogueriles, llegué hasta el blog de una chica que suele dar cursos de repostería creativa y a finales de julio impartía uno de decoración básica con fondant. Así que el sábado pasado me fui a con mi caja de tartas y mi bizcocho (un madeira sponge cake de chocolate que me salió bastante mazacote porque no puse bien las cantidades, ejem).
El curso, de 4 horas, estaba muy bien organizado y la profesora llevó de todo: almíbar, colorantes, bolas ya teñidas en varios tonos, cortadores, estecas, rodillos, delantales... éramos 6 personas y pasamos una mañana muy entretenida aprendiendo a preparar fondant.
Cortamos los bizcochos en capas, los bañamos en almíbar con un biberón, y los rellenamos y cubrimos: crema de chocolate, de queso, swiss meringue buttercream normal, de frambuesas...
Después de alisar, se metieron las tartas a la nevera y entonces la profesora explicó cómo se colorea el fondant, los tipos distintos que hay, su consistencia y conservación, herramientas necesarias, etc. Aprendimos a amasarlo y teñirlo, a hacer lazos, rosas y a usar cortadores.
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| hablando sobre los colorantes, y arriba, las chorrocientas herramientas y cosiquinas que había |
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| Después de cubrir, cada uno tiró de imaginación y adornó la tarta como quiso |
Fondant entonces, sí o no?
A riesgo de despertar las iras de todos los fondant-fans, me decido por el no.
"Pero vamos a ver alma de cántaro, por qué? si estaba saliendo todo bien"
Entendámonos: escribo el blog porque me gusta cocinar, y me gusta cocinar sobre todo, porque me gusta comer. Mucho. Por eso soy una comedora ansiosa y una golosa irredenta, voy en busca del sabor apropiado, del postre pluscuamperfecto que te deja turuleto cuando lo pruebas, no cuando lo ves.
El fondant ya sé que depende de las marcas (en el caso del industrial y no casero, como era aquí), pero usamos Credipaste, que mi investigación googleadora previa había puesto en el número 1 de los que "saben mejor". Y qué es lo que le pasa? pues que no sabe a nada. O sí, sabe un poco a chuchería dulce sin sabor definido.
Y eso no es lo que yo quiero poner en una tarta! Para mí las tartas tienen que ser (esto lo digo yo, y cualquier hijo de vecino pensará otra cosa completamente distinta) jugosas, con un sabor sorprendente, con una untuosidad viciosa, y ya si nos ponemos a pedir el oro y el moro, bonitas.
Mi obra en fondant cosechó muchos "ohhs" y "ahhhhhs", pero luego casi todo el mundo peló la parte de fuera y se comió lo de dentro. Yo incluida. Se oyó mucho lo de "alguien quiere lo blanco?", de modo que no pasó el terrible test familiar de cata dulce.
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| mi sobrino, quitando el fondant para comerse lo demás... |
No sé si volveré a usar fondant alguna vez, si le daré más oportunidades, en definitiva. No he llegado aún al modelado con pasta de azúcar y ya estoy pensando que a ver, realmente: eso se come? porque si un alto porcentaje de los comensales hacen como mi familia y lo retiran, para qué molestarse? sería lo mismo adornar la tarta con figuritas de plastilina, o con flores de verdad, o...
Me gustaría que comentarais aquí vuestra opinión, si creéis que se puede hacer de otra manera, o que no todo el mundo es tan talibán como mis catadores. Y por supuesto agradecerle a Inés el curso tan fantástico que dio.
ACTUALIZACIÓN (31.07.2011): resumición acientífica de los resultados de vuestros comentarios aquí en el blog y en twitter.
El 58% de los comentarios se decanta por el NO rotundo y sin concesiones.
El 40% por el SÍ con peros.
Sólo el 2% de las opiniones fueron de defensores a muerte del fondant.
Mi conclusión personal: lo que más me ha sorprendido es que muchos de los fondant-fans han admitido que no les gusta y/o que no lo comen en sus tartas. !? Eso no me lo esperaba para nada.
Muchos habéis dicho que el fondant resulta demasiado empalagoso, yo el problema que le vi no es que fuera demasiado dulce (tipo atracón de leche condensada), sino que no sabía a nada, absolutamente a nada más que a artificialidad.Como en este blog hablo de repostería casera (de pequeños vicios que podemos hacer para satisfacernos y sacar una sonrisa a los demás desde una cocina pequeña), intento siempre que los ingredientes sean lo más naturales posible y que estén al alcance de todos. El fondant industrial no es natural, pero tampoco es pernicioso, tiene ingredientes que habitualmente llevan muchos productos que consumimos con asiduidad. Cada uno es libre de elegir usarlo o no, y de que le guste o no.
Simplemente creo (gracias a varios expertos que me han orientado!) que el método que usé en la tarta no es el mejor, que su versión casera deja mucho margen a la mejora del sabor, y que el fondant puede ofrecer un montón de posibilidades creativas pero que hay que supeditarlas al objetivo final de un postre: que alimente y que enamore.
De momento y hasta que no aprenda a utilizarlo mejor, el fondant no es para mí ni para mis degustadores habituales: hay muchas maneras de adornar un postre, muy pecaminosas y muy apetecibles y que no se van a quedar en el plato. Seguiréis viendo todas ellas aquí!
PD: gracias sinceras a todos los que habéis expresado vuestra opinión y habéis ayudado a que nos formemos una idea mejor de cómo trabajar esta técnica.















































