Estaréis extrañados porque últimamente casi no escribo: no estoy a dieta, ni se me ha estropeado el horno, ni he desarrollado una rarísima intolerancia a las dulzainas.

Estoy de mudanza y rodeada de cajas de enseres, así que tengo muy poco tiempo para cocinar, y además el kit de la Barbie cocinillas está ya metido y sellado en alguna caja que luego seguro que me costará mucho encontrar.

Mudanza es sinónimo de estrés, agobio y sudada mortal. Y para los sofocos veraniegos no hay nada mejor que beber algo frío directamente de la nevera, y si es a morro aún mejor.

Así que me he animado a hacer mi propia versión de limonada para el reto de agosto de Memòries d´una cuinera, con un toque de cardamomo.


Es una receta muy sencilla y perfecta para tener en la nevera porque se hace en un momento. Ácida y con un toque sutil de cardamomo, que para los que no sepan a qué sabe, tiene un aroma cítrico y un gusto especiado y chispeante (cómo se describe un sabor?).


Limonada al cardamomo:

Dificultad, así de primeras: muy fácil. Probabilidad de complicaciones: encontrar cardamomo en la tienda. Presentación: amarillo y en botella. Sabor: fshhhhh. Recetas de inspiración: en parte, Pham Fatale

Ingredientes: (1 litro)
1/2 taza de azúcar de caña
1/2 taza de azúcar blanco
2 limones
1 lima
10 vainas de cardamomo
una pizca de sal
agua fría


Preparación:
Primero, aviso de que se puede usar el azúcar que prefiráis: blanco, moreno, moscovado, etc. Yo he puesto en conjunto una taza, pero si os gusta la limonada más ácida tendríais que echar entre media y 2/3 de taza, o más de una si os gusta muy dulce.

He usado 2 limones y una lima porque me gusta el olor que aporta ésta última y además tenía una rodando por casa: perfectamente podemos usar sólo limones, 3 pequeños o 2 grandes.

El cardamomo es una especia un poco rara y no suele encontrarse en grandes superficies sino en tiendas especializadas, entero (con las pequeñas vainas que veis al principio del post) o en polvo. "Tienda especializada" no tiene porqué ser igual a "delicatessen" o "tienda extra-cara", yo compro cardamomo en un puesto del mercado donde tienen sólo especias!

Primero hay que preparar un sirope de cardamomo: este paso ayudará a disolver el azúcar y a sacar más aroma de las semillas infusionadas. Si tenéis el cardamomo en polvo, perfecto, si lo tenéis entero como yo, hay que meter las vainas en una bolsa de plástico y aplastarlas con un rodillo, o en un mortero. Así podremos separar la cáscara de las semillas interiores (redondas y oscurillas).

Calentamos la taza de azúcar al fuego junto con una taza de agua, hasta que se disuelva completamente. En ese momento, y sin que la mezcla hierva, agregamos las semillas o polvo de cardamomo y dejamos reposar unos 2 minutos. Después lo apartamos del calor y dejamos enfriar, echando el sirope en un vaso. 

El sirope se puede colar pero a mí me gusta que se vean las semillas nadando por ahí...

Mientras, exprimimos los cítricos y echamos una pizca de sal en el zumo. Cuando el sirope esté frío, hay que mezclarlo con el zumo, y éste con agua fría al gusto, según se desee un sabor más o menos concentrado.

Yo simplemente eché el limón + cardamomo en una botella de un litro, y añadí agua hasta llenarla del todo. Ahora solo hay que esperar un rato a que la bebida esté bien fría, y ya está!


Otro tema antes de perecer devorada por la mudanza:

Ya tenemos ganador del colgante cupcake!!! el viernes resultó ganadora a través de Sortea2 Dae Neris, una seguidora de Facebook. Si no se pone en contacto conmigo en unos días, volveré a sortear el premio, así que no os deis por vencidos...
Lo prometido es deuda, y antes de entrar en una vorágine de mudanzas y cambios que está prevista para finales de este mes, durante la cual no podré escribir casi nada, os dejo la receta de la crema de toffee.

Sabe, tal cual, a caramelo de toffee de esos que llevaban las abuelas siempre en el bolso: cuadrados, blanduchos y que se pegaban al paladar. La asepsia moderna los ha reconvertido en Werther´s o Solanos sin azúcar, pero el sabor sigue siendo parecido.


Es sorprendentemente fácil de preparar, y si hacéis más cantidad, podéis guardarla en un tarro dentro de la nevera y os aguantará como mínimo una semana.


Crema de toffee:
Dificultad, así de primeras: chupada. Probabilidad de complicaciones: cuidado con quemarse al hacer el caramelo! Presentación: como se quiera. Sabor: slurpp. 

INGREDIENTES (para una taza de crema):

media taza de azúcar moreno (da un sabor más acaramelado y un tono más oscuro, pero también sirve el blanco)
1 taza de nata para montar
1 cucharadita de mantequilla


PREPARACIÓN:
Echar el azúcar moreno junto a la mantequilla en un cazo y calentar al fuego sin remover hasta que empiece a fundirse. 

Cuando la mezcla empiece a burbujear, es hora de mover el cazo con cuidado, en círculos para que el caramelo se deslice y no quede ningún grano de azúcar suelto.


Cuando esté homogeneizado, apartamos el recipiente del fuego, y colocándolo encima del fregadero (para más seguridad, porque ahora salpicará y siseará como una serpiente) echamos dentro la nata.

Removemos un poco y volvemos a ponerlo al fuego. En un primer momento el caramelo se nos habrá apelotonado en torno a la cuchara: no pasa nada, con otra cuchara quitamos los restos duros, los introducimos en el líquido y con el calor volverán a derretirse.

Hay que dejar que la mezcla hierva y espese, removiendo de vez en cuando.


Yo lo que hago es bajar el fuego a medio-bajo y seguir dando vueltas con la cuchara, para que no se quede ningún resto pegado a las paredes del cazo.

Si vais a usar la crema como salsa para adornar una tarta, helado o postre, igual queréis dejarla de una consistencia más líquida. Si la necesitáis para rellenar unos cupcakes, como hice yo, o estáis haciendo más cantidad para usar entre las capas de un pastel, es mejor dejar que engorde más.


Cuando esté brillante y un punto más delgada de lo que necesitáis (al enfriarse espesa), la retiráis del calor. Al entibiar, no queda dura, y podréis usar una manga con agujero fino para hacer los "hilillos" decorativos o una cuchara.

Alehop! A que está chupada?

cupcakes de chocolate rellenos de toffee

La mayoría de los que somos golosones sin remedio somos fans acérrimos del chocolate. Los más finos comen una onza de chocolate gourmet sin azúcar 80% después de cenar. Otros, los más, nos pegamos atracones de nutella a cucharadas y nos da igual negro, blanco o mestizo.
    
Para todos vale este receta de LOS cupcakes de chocolate, con mayúsculas, negrita y subrayado. Son los más chocolateados que he hecho nunca, y el bizcocho supera en sabor y humedad al de los cupcakes de Guinness, o al de la tarta de chocolate y fresa.  Mezclado con crema de ganaché de chocolate y toffee, gloria bendita.


Por casualidades de la vida (o mejor dicho, invenciones sobre la marcha y la receta original) creo que he dado con la receta requetedefinitiva, aunque habrá que ajustarla un poco.

Como no pensé que crecerían tanto, la masa se desbordó un poco y como veis en la foto, quedaron con forma de champiñón. Tardan un poco más de lo normal en hacerse pero la parte superior queda con una especie de costra crujiente, y el interior blando y jugoso. Arf.

Están basados en una receta de la Primrose Bakery, pero como he hecho varias modificaciones, me otorgo el atrevimiento de ponerles mi nombre. Porque yo lo valgo.


Cupcakes de chocolate Biscayenne:
Dificultad, así de primeras: media. Probabilidad de complicaciones: comerte la masa a cucharadas, entonces no te quedará nada! Presentación: soberbia. Sabor: a puro vicio. Recetas de inspiración: Primrose Bakery y mi imaginación

Ingredientes BIZCOCHO DE CHOCOLATE  (para unos 6 - 8 cupcakes, si queréis hacer más, multiplicad):
60 gr. de chocolate fondant negro
40 gr. de mantequilla semisalada a temperatura ambiente
90 gr. de azúcar moreno
1 huevo grande a temperatura ambiente
70 gr. de harina
2 cucharadas de cacao puro en polvo
125 ml. de leche a temperatura ambiente
vainilla al gusto
3/8 de cucharadita de polvos de hornear o Royal (o sea, 1/4 de teaspoon + medio 1/4 más)
3/8 de cucharadita de bicarbonato (o sea, 1/4 de teaspoon + medio 1/4 más)

Preparación:
Precalentar el horno a 180 grados y colocar los papeles de cupcakes en los moldes que vayamos a usar.


Primero hay que derretir el chocolate fondant: al baño maría o al microondas. Yo siempre uso el segundo método, partiendo el chocolate en onzas o trozos y calentándolo 30 segundos a media potencia. Entonces se saca el recipiente, se revuelve bien el contenido y se le da otro golpe de 30 segundos. Esto sirve para que no se nos queme el chocolate: normalmente, a la segunda ya está blanda la mitad del chocolate y revolviendo con una cuchara conseguiremos que el calor se distribuya derritiendo todo.

Dejamos el chocolate aparte para que enfríe ligeramente. 

En un bol grande, batimos la mantequilla hasta que esté cremosa y añadimos el azúcar batiendo unos 3 o 5 minutos a continuación. Este paso es muy importante ya que es lo que permitirá introducir aire en la mezcla para que luego suba bien: debe quedar una crema suave, en la que se habrá disuelto parte del azúcar. Podéis usar azúcar blanco, que es más fino, pero el moreno de caña da ese toque meloso y acaramelado que quedará tan bien conjugado con el toffee. La mantequilla semisalada ayuda a agudizar el sabor del chocolate, si no tenéis, echad una pizquita de sal. 


Hay que separar la yema de la clara del huevo. La yema, la batiremos ligeramente con un tenedor y la agregaremos al azúcar + mantequilla, batiendo muy bien hasta incorporarla. Seguidamente haremos lo mismo con el chocolate derretido, añadiéndolo a la masa y mezclando hasta que quede una crema homogénea.

Si tenéis el libro de la Primrose Bakery, podréis ver que su receta de cupcakes de chocolate muestra una foto de un bizcocho que no tiene mucho color. De modo que yo alteré los ingredientes, disminuyendo la harina, aumentando los líquidos e introduciendo cacao en polvo. De este modo, ha quedado una base mucho más oscura y chocolateada que la original. 

Ahora es el momento de mezclar en un vaso la leche (que no esté fría!) con la vainilla natural o en esencia que tengáis. Entre media y una cucharadita.

En otro recipiente aparte tamizamos juntos la harina, el bicarbonato, el royal y el cacao. Es muy importante tamizar? Pues sí, porque la harina, y sobre todo el cacao, tienden a agruparse y si no los separamos bien nos quedarán grumos en la masa. Ni no tenéis tamiz, podéis usar un colador con una red tupida.

Echamos un tercio de los ingredientes secos a la masa principal, incoporándolos bien pero sin batir demasiado, para que no se pierda esponjosidad. Después, la mitad de la leche con vainilla, mezclando a conciencia. Luego, otro tercio de secos, la mitad restante de leche y finalmente lo que quede de la harina. En todos estos pasos es importante mezclar bien, raspando los bordes del bol para que no queden grumos  pero no batir en demasía!


La clara que ha sobrado antes, debemos montarla a punto de nieve hasta que forme picos blandos (o sea, que al levantar el batidor los picos o "churretes" se doblen hacia abajo sin desprenderse y tengan un aspecto muy aireado). TRUCO: Es muy, muy importante que esto se haga en un recipiente hondo sin mota de grasa, mejor de metal o cristal, y si tenéis dudas de si puede haber algún resto, echar antes unas gotas de limón y esparcirlas por el interior con una servilleta de papel. 

Con cuidado y cariño, añadir la clara a punto de nieve a la masa, usando una cuchara o lengua de gato en vez de un batidor, y con movimientos suaves y envolventes, no vaya a ser que se nos baje la clara.

Es hora de repartir la mezcla en los moldes, con una cuchara de helado o jarra si os es más fácil. Yo llené las cápsulas hasta 3/4 de su capacidad, pero me quedaron "champiñones" por encima, auqnue no se derramaron. Si queréis unos cupcakes más planitos, llenadlos sólo hasta 2/3 partes de la altura del papel.


Normalmente, los cupcakes se hacen en un horno a 180 grados en torno a unos 20 minutos. Estos, como usé unas cápsulas altas y eran bastante líquidos, tardaron un pelín más, casi cerca de la media hora. Estad atentos, palillo en mano, para insertarlo a partir de los primeros 20 minutos y comprobar si sale limpio y seco, o sucio. 

Cuando estén listos, hay que sacarlos del horno y dejarlos unos minutines dentro del molde, pero pasarlos después a una rejilla de enfriamiento porque el calor del molde de silicona (que es el que yo uso) puede reblandecer el bizcocho. Me salieron 6 cupcakes muy altos y 4 minis con un poco de masa sobrante, o sea, 8 cupcakes normales, calculo.

Cuando estuvieron fríos, los rellené de crema de toffee, que usé también para decorar el frosting. Esa receta la tenéis aquí!


FROSTING DE CHOCOLATE  (para unos 8 cupcakes, si queréis hacer más, multiplicad):

Mi intención era usar solamente ganaché de chocolate, cuya receta tenéis al final de esta entrada. La tenía guardada en la nevera pero mi ansia y varias expediciones furtivas hicieron que su cantidad menguara, de modo que inventé un híbrido entre ganaché y buttercream, usando lo que me había quedado.

80 gr. de chocolate fondant 70%
100 gr. de mantequilla semisalada, a temperatura ambiente
media cucharada de leche, a temeperatura ambiente
media cucharada de vainilla
azúcar glas al gusto

300 gr. de ganaché de chocolate negro (150 gr. de chocolate + 150 ml. de nata)

Preparación:
Derretir el chocolate en onzas en el microondas o al baño maría, revolviendo bien para que no quede ningún grumo (ups, yo en esto fallé y por eso no quedó tan brillante como debería) y dejando enfriar un poco antes de utilizarlo.

Batir la mantequilla junto con la leche y la vainilla hasta conseguir una crema suave de color pálido. Agregar el chocolate fundido y batir homogeneizando el color y la textura de la crema.

Aquí podéis ver los puntitos oscuros de las semillas de vainilla
Yo añadí también 2 cucharadas de azúcar glas, pero no hace falta mucha, porque es para endulzar (si queréis) no para aportar consistencia ya que el chocolate y la mantequilla, al enfriarse en la nevera, endurecen bastante el frosting. Usamos glas en vez de azúcar normal para que no se noten los pequeños cristalitos al comerla.

Yo aquí agregué toda la ganaché que tenía en la nevera, y batí muy bien hasta incorporarla. Podéis usar perfectamente sólo ganaché (que era mi intención original), o una receta de buttercream de chocolate que os guste (ya sabéis que yo no soy muy fan de la buttercream, porque además con ella es difícil conseguir el color oscuro y el sabor mega chocolateado que a mí me gusta).

Guardaremos la crema en la nevera durante unos minutos, pero no mucho, porque se quedará como un bloque y será muy difícil volver a suavizarla para poder introducirla en la manga pastelera.

Como en los cupcakes de lima y coco, sólo usé la manga (o bolsa de congelar, o cucurucho de papel de cocina) con un agujero grande para cubrir los cupcakes con una capa gruesa de frosting, sin hacer florituras. Si la crema tiene la consistencia necesaria, podéis usar boquillas con efectos o simplemente, echarla con una espátula o cuchillo por encima del bizcocho dándole forma redondeada.

aquí podéis ver mejor lo que pasa cuando no fundís perfectamente el chocolate: grumos.

Al final, cubrí con unos trazos de toffee, y a comer! Ah, en las fotos no se nota, y no pude hacer ninguna del interior, pero el corte es glorioso y el bizcocho por dentro es casi negro!
Cuáles son los dos sabores dulces más contrapuestos? eso es en lo que estuve yo pensando cuando me hicieron el ancargo: quería hacer dos tipos de cupcakes, que no se parecieran entre sí ni en el blanco del ojo. Tenía claro que unos iban a ser hiper chocolateados, así que pensé en algo que contrarrestara tanto cacao, algo fresco, elegante, ácido... ergo > limón.

Como tenía varias limas en casa que me sobraron de cuando hice el trifle, y me gusta mucho más el verde que el amarillo, decidí hacer los cupcakes con ellas, y luego curioseando por ahí entre mis libros de recetas,  vi la combinación de lima y coco para el frosting.


El resultado? una maravilla. Aunque tuve que probar 2 recetas para el bizcocho de base porque el primero no subió casi nada, la combinación final es exquisita para los amantes de lo cítrico, como yo. Son unos cupcakes ligeros, con un bizcocho súper esponjoso y de un sabor muy fino.


Cupcakes de lima y coco:
Dificultad, así de primeras: sencillitos. Probabilidad de complicaciones: manchar mucho, desordenar más. Presentación: resultona pero simple. Sabor: delicioso. Recetas de inspiración: yo misma, blog Coconut & lime y libro de Primrose Bakery

Ingredientes para el bizcocho: (para 6 cupcakes grandes, sólo tenéis que multiplicar las cantidades para hacer más)
75 gr. de harina de repostería (no bizcochona)
95 gr. de azúcar normal
85 gr. de mantequilla semisalada a temperatura ambiente
1/4 + 1/8 de taza o 90 ml. buttermilk 
1 huevo a temperatura ambiente
1/4 cucharadita de polvos de hornear (royal)
1/4 cucharadita de bicarbonato sódico
el zumo de 1 lima
ralladura de 2 limas

Perfectamente puede sustituirse la lima por limón, sólo tened en cuenta que los limones suelen ser bastante más grandes por lo que tendréis mucha más ralladura y zumo!
Lo de la mantequilla semisalada os parecerá raro, fue fruto de una confusión porque me equivoqué al comprarla y cuando ya la había echado me di cuenta de que no era la normal. Ha sido todo un descubrimiento: la que yo he usado es de marca Carrefour y le da un punto perfecto a todo, sobre todo en las recetas que como ésta, originalmente llevaban una pizca de sal entre los ingredientes.
El buttermilk ya sabéis que si no lo conseguís en la tienda, se puede hacer en casa con la misma cantidad de leche y una cucharada de zumo de lima, en este caso (limón o vinagre también sirven). Remover y dejar reposar unos 10 minutos hasta que el líquido espese.

Preparación:
Precalentar el horno a 180 grados. Después de varios experimentos, he descubierto que a mí me sale todo mucho mejor si no pongo la función ventilador, sólo calor normal arriba y abajo. Colocar las cápsulas de papel en sus moldes.

Tamizar en un recipiente la harina, el bicarbonato, el royal y la sal (una pizca si no usáis mantequilla semisalada).

En un bol, batir la mantequilla ablandada (recomendado 2 horas fuera de la nevera, podéis acelerar la "ambientización" cortándola en trocitos muy pequeños) junto con el azúcar hasta que se convierta en una crema esponjosa y clara. Añadir la ralladura (sin la parte blanca!!!) y batir un poco más para que impregne de olor la masa. 


Si no habéis preparado el buttermilk, es hora de hacerlo, midiendo la leche y añadiéndole una cucharada de zumo de lima: remover y dejar que la leche se corte ligeramente, espesando. 

Añadimos a la crema de mantequilla + azúcar + ralladura un huevo entero, y batimos bien hasta que se incorpore completamente. Después, agregaremos el zumo de lima: esto va por gustos, desde media cucharada hasta 2 que creo que le eché yo, dependiendo del gusto a cítrico que deseéis.


Cuando el zumo esté bien disuelto en la masa, empezaremos a añadir los ingredientes secos y los húmedos. Primero una tarcera parte de la harina, homogeneizando pero sin batir demasiado, luego la mitad del buttermilk. Y seguimos así, harina - buttermilk - harina, siempre hay que empezar y acabar con los ingredientes secos.  


La masa resultante es bastante líquida, por eso para echarla en los moldes y no manchar todo es mejor hacerlo con una jarrita  o con una cuchara de helado (de las que tienen en la heladerías, con el mecanismo que rebaña el interior), yo la uso mucho y sirve para medir la misma cantidad en cada cupcake. Llenad cada papel hasta 3/4 o así de su capacidad, no es un bizcocho que suba mucho.

Introducimos los cupcakes en el horno y dejamos unos 20 minutos. A partir de ese momento se puede abrir la puerta del horno sin miedo a que baje la masa y pincharla con un palillo. Si éste sale limpio, ya están hechos. 

Dejad entibiar dentro de los moldes unos minutos y cuando no quemen, ponerlos sobre una rejilla hasta que se enfríen completamente.

FROSTING  Ingredientes para la crema de queso, lima y coco: (para 6 cupcakes bien cubiertos y sobró)
50 gr. de mantequilla semisalada a temperatura ambiente
1 cucharada de zumo de lima
ralladura de 2 limas
azúcar glas (100 gr. y a partir de ahí al gusto)
coco rallado
250 gr. de queso mascarpone (no lo usé todo, unas 3/4 partes) sin el suero

Preparación:
Aviso de que no es una crema muy espesa, es decir, que no sirve para usar boquillas de manga pastelera ni hacer florituras. La receta original de la Primrose Bakery es de buttercream, pero a mí no me gusta porque sabe demasiado a mantequilla y hay que echar azúcar glas a cascoporro. Así que la reconvertí en cheesecream usando mayoritariamente queso mascarpone y quedó buenísima. Tendré que perfeccionar la receta, quizás añadiendo gelatina neutra para que espese un poco más.


Batir la mantequilla blanda junto con la mitad de la tarrina de queso (cuidado con no coger parte del suero que lleva, hay que desecharlo!!) hasta conseguir una crema uniforme. Añadir el zumo, la ralladura de la piel de lima (reservando un poco para después)  y el azúcar glas y batir hasta homogeneizar.

A partir de aquí podéis echar más queso y más azúcar hasta dejar la crema a vuestro gusto.

Introducir en una manga pastelera desechable y meter en la nevera para que coja firmeza. Al cabo de un rato, sacar la crema de la nevera y adornar los cupcakes.

Podemos hacer un pequeño hueco o hendidura en el bizcocho de abajo con la punta de un cuchillo, de manera que la crema también sirva de relleno. Yo hice un agujero grande en la punta de la manga (unos 2,5 cm.) y simplemente apreté para cubrir todo el cupcake, con un espesor grueso y sin llegar a ras del borde, para que no se derrame.

mini cupcakes que hice con un poco de masa sobrante
Echar bien de coco rallado en un bol hondo y con cuidado, coger cada cupcake por la parte del papel, voltearlo y hundir la crema boca abajo en el coco. No hace falta apretar demasiado! Pasar el borde del cupcake por el coco para que se peguen las virutas por todos los lados y sacudirlo ligeramente para que caiga el sobrante. Para adornar, podemos echar ralladura fresca de lima por encima, que aportará color y aroma.

Os animáis a hacerlos?

Hoy estreno década vital y aunque de primeras no me lo esté tomando muy bien, es un día histórico-conmemorable que no hay que dejar pasar en balde.

Aunque no sus lo creáis, no tenemos postre ni planes de tenerlo: las malvadas vacaciones veraniegas se han llevado lejos a amigos y familia y habré de esperar para festejar la efeméride como se merece. Con una gran tarta de capas y más capas de crema.

Los cumpleaños y otras fechas señaladas suelen traer en la mochila una lista de deseos y propósitos: la mayoría, de esos que ya se sabe que no vamos a cumplir (ir a correr, bajar kilos, dejar de fumar...), pero es tan reconfortante pensar que sí!

Yo esta vez tengo uno, grande y gordo, y no sé si podré con él. Pero lo voy a intentar.

Para comprobar que es posible, os dejo un vídeo sobre un sueño hecho realidad, una idea hecha chocolate. (en inglés)


The Mast Brothers from The Scout on Vimeo.

Los hermanos Mast (pelirrojos, barbudos, simpáticos, marinos y chocolateros, qué más se puede pedir?) han hecho de la artesanía dulce un negocio y sobre todo, un modo de ver la vida muy parecido al mío.

Crucemos los dedos!
Hoy es viernes y gracias a dios y a los santos no he horneado nada nuevo desde las carolinas. Mi cuerpo y mi media mandarina no me lo permiten, así que tendré que esperar a la próxima semana, durante la cual habrá un par de fechas señaladas (entre ellas la de mi primer encargo!!!) para probar nuevos vicios y ensuciar vuestras mentes con ellos.

Como muchos estáis de vacaciones, igual no os apetece cocinar ni engordar, pero sí leer. Aunque otro día hablaremos de libros, hoy vamos a limitarnos a la pantalla del ordenador, áipaz, áifon o cualquier otra ái-modernidad que uséis para cotillear internet.


Igual que el día en que os presenté varios blogs reposteriles que sigo habitualmente en español, hoy os traigo otras ideas, igual de inspiradoras, en inglés y otros idiomas extranjeros y de ultramar.

Si no sabéis mucho inglispitinglis, siempre podéis usar el traductor de google, que sorprendentemente, funciona bastante bien.

Kinfolk:
Sin duda mi descubrimiento del mes. Kinfolk ("gente cercana", más o menos en inglés) es una revista digital que se define como una guía para pequeñas reuniones. También es un proyecto colectivo de varias decenas de artistas y blogueros, centrado en ofrecer ideas para compartir la mesa y abrir las puertas de nuestra casa a los amigos. Recetas y fotos preciosas, mezcladas con literatura y sin asomo de artificio.



Kinfolk también tiene un blog en el que postean recomendaciones, links e imágenes que no aparecen en la revista, que de momento es bianual.

Raspberri cupcakes:
Últimamente cada vez encuentro más blogs australianos. El de Steph es increíble, hace recetas muy originales y es una obsesa de los macarons.


Kiss my spatula:
Vietnamita residente en Estados Unidos, G. tiene un blog ultra sencillo, basado sobre todo en excelentes fotografías.


Sprinkle Bakes:
La mejor repostería tradicional americana, auténticamente sureña, la encontramos en este blog.


Call me cupcake:
Uno de mis preferidos! tartas y cupcakes con frosting y más frosting, y unas fotos que quitan el hipo. Escribe en sueco y en inglés, y Linda está a punto de publicar un libro...


Photisserie:
Diario de una fotógrafa que estudia repostería en París. Más maleni, imposible. El problema es que está escrito en alemán, y aunque el traductor funciona, los que no sabéis deutsch tendréis que conformaros con las fotos, ya que la mayoría de las recetas están no en texto, sino en imagen.



Otro día, más.

Para el fin de semana os dejo con este maravilloso vídeo incluido en Kinfolk, en el que preparan una ensalada rizada de espárragos trigueros, queso y piñones. Ñam


ribboned asparagus salad from tiger in a jar on Vimeo.

Las Carolinas son un dulce típico y endémico de Bilbao, objeto de deseo para todos los niños botxeros y centro de disputas en las sobremesas familiares. En mi casa, como no solíamos comprar pasteles, eran casi una leyenda urbana y nos pegábamos por poder comerla llegada la ocasión.

Se compone de dos elementos bizarros a más no poder: la parte de abajo es un pastel de arroz envuelto en hojaldre (que no lleva arroz, ni nada que se le parezca: en Bilbao somos así) y arriba lleva una nube gigantesca de merengue con rayas de chocolate negro y yema. Su poder atiborrante es tan extremo, que ésa debe ser la razón por la cual de momento la carolina no ha sido exportada a otras partes del mundo.

Inauguro hoy con ella una nueva y flamante sección en el blog: con denominación de origen.


Se trata de versionar a mi humilde manera postres típicos, esos de toda la vida de nuestra ciudad, región o tradición. No es "modernizar" porque maldita la necesidad que hay de modernizar todo, espumarlo, reducirlo y gelificarlo.

Confieso que en un principio iba a hacer una carolina normal, como dios y los cánones mandan, pero no tenía moldecitos para la base y tampoco hojaldre, de modo que se me ocurrió adaptar la receta a formato cupcake.

Así que esta receta la podéis usar como la de un frosting cualquiera, parecido al de los hi-hat que hemos visto tan bien explicados recientemente por Las aventuras de Teresita y Pigscuit. Como base, yo he usado unos cupcakes esponjosos de chocolate que intentaré explicaros esta semana, pero se podría utilizar cualquier receta de bizcocho.

Dedicadas especialmente a todos los bilbainos, a los que lo son pero están lejos, y a los que no lo son pero podrían serlo debido a su mastodóntica capacidad de ingesta.


Frosting de merengue Carolina:
Dificultad, así de primeras: del 1 al 10, 6. Probabilidad de complicaciones: el merengue salpica que da gusto. Presentación: estratosféricaSabor: dulce a rabiar.

Ingredientes: (para decorar unos 8 o 9 cupcakes)

    2  claras de huevo
    1 taza de azúcar normal o glas (con glas el merengue queda más suave)
    unas gotas de zumo de limón o crémor tártaro
    1 yema
    1 cucharada de azúcar
    chocolate negro 70% al gusto


Preparación:

Encontrar un recipiente con el que poder usar la técnica del baño maría. Colocarlo sobre una olla con agua hirviendo (en cuanto hierva bajar el fuego para que siga caliente pero no suba de nivel) y echar dentro el azúcar, las claras y las gotitas de limón, que a falta de crémor tártaro ayudarán a que el merengue tenga más cuerpo.

Remover para ligar los ingredientes y empezar a batir con una batidora eléctrica de varillas. CUIDADO con no salpicar demasiado alrededor, porque costará despegar la mancha, y con que os entre agua dentro del recipiente superior!

Este merengue suizo se puede hacer así, o también elaborando un almíbar que posteriormente se echa sobre las claras a punto de nieve. Como yo no tengo termómetro de azúcar y la iba a liar, me fue más fácil usar este método. Si necesitáis más merengue, sólo tenéis que usar media taza de azúcar por cada clara extra.

Hay que estar batiendo durante un rato: ya, ya sé que cansa pero el resultado lo vale. Poco a poco el merengue irá espesando y cuando empiece a formar picos duros y a arremolinarse (unos 15 minutos, dependiendo de la potencia de la batidora), podéis apartarlo del fuego.

Es importante tener en cuenta que cuando se enfría aún coge más consistencia, así que mejor no batirlo en demasía para que no quede excesivamente duro.


En cuanto esté listo, lo dejamos templar unos minutos y lo introducimos en una manga pastelera con boquilla redonda lisa, o si no tenemos boquilla ni manga, en una bolsa de congelar a la que le haremos un corte recto en la punta.

Para hacer la forma del merengue, apretamos la manga y cubrimos con círculos la parte superior del cupcake, haciéndolos más estrechos a medida que vamos subiendo en altura, y al final dejamos de apretar para levantar la punta ligeramente.

El almíbar de yema se hace con una de los yemas sobrantes, calentándola a fuego junto con una cucharada de azúcar y batiendo hasta que ésta se disuelva por completo. Atención a no incorporar nada de clara!!! Precalentar el horno a unos 100 grados.


Esta mezcla de yema hay que dejarla enfriar y después verterla con cuidado con una cuchara sobre la punta del merengue, dejando que caigan hilillos por cada lado. Si queréis que la yema sea más visible, podéis usar más huevos y en vez de dejarla caer, bañar un lado del cupcake con cuidado en un recipiente con el almíbar.

Como la yema está cruda, para cocinarla ligeramente y que quede dura y brillante habrá que meter los cupcakes dentro del horno a 90-100 grados durante 5 minutos. Esto hará también que la parte exterior del merengue se endurezca un poco mientas que el interior queda blando.

Ya sólo falta el chocolate: para esto, yo derretí unos 50 gramos de una tableta (en el microondas, o al baño maría) y de nuevo lo vertí sobre la punta con una cuchara.

Para comer las carolinas, es mejor esperar a que el chocolate vuelva a solidificarse para que cruja un poco al morder.


Os animáis a bilbainizaros?
En las fotos de la entrada de ayer pudisteis ver las galletas que mandé por correo: unas eran las chip cookies de 2 chocolates, pero y las otras?

"Qué otras?" "Había otras?" "Yo no me he fijado" "Uh, pues ahora que lo dices ya pensaba yo que..." "Espera que voy al post de ayer y miro"

Chst! No hace falta que os mováis porque ya os las recuerdo yo, por si acaso:


He estado esperando varias semanas para escribir sobre estas excelsas galletas. Pero-por-qué-hija-mía-de-mi-vida-con-la-pinta-que-tienen, pensaréis, así, todo seguido. Pues porque al igual que casi todas las que os apunto aquí, no es mía propia pero existía la posibilidad de que la publicara la persona que me la pasó a mí en primera instancia.

No os ha ocurrido nunca que alguien os pasa una receta, la hacéis, triunfáis, pero vosotros íntimamente se la seguís atribuyendo e incluso la bautizáis en su nombre? La tarta de Cristina, el guiso estilo Pablo...

Pues éstas, para mí, son las citrus sablés de Mikey F.


Detrás de Mikey F. se esconde uno de mis mejores amigos, otro goloso incorregible  y gourmet multidisciplinar: lo mismo hace comida oriental, que postres, que patatas a la riojana. Recientemente ha abierto un blog sobre comida, en el que nos cuenta que toda historia tiene una receta, y toda receta tiene una historia.

Estas galletas, originarias de Joy the Baker, son un pecado de mantequilla mezclado con lima y limón. Con su punto de sal marina, han sido una de las creaciones más celebradas por mis catadores y son verdaderamente fantasbulosas. De sabor delicado y cítrico, aguantan perfectas durante muchos días si es que no os dais un atracón antes.

Como fue Mikey el que me recomendó esta maravillosa receta de galletas, os emplazo a que le visitéis y la leáis en su blog, y yo os pongo aquí unas cuantas fotos del proceso.

1. La mantequilla en pomada   2. Ralladura de lima y limón   3. Masa final   4. Rollitos de masa refrigerada

Larga vida a Mikey F. un blog de comida!

Como la entrada de los Brownie Cookies, con su sencilla explicación de cómo mandar galletas en una caja por correo es una de las más leídas, me dispongo a enseñaros el paso a paso de cómo preparo yo el envío.

Lo básico y más importante, es haber hecho previamente las galletas y no habéroslas comido. En caso contrario, no hay regalo, no hay envío, pero sí remordimientos.

El objetivo es conseguir una caja repleta de galletas que no se muevan ni un ápice, para que no se partan durante el viaje y nos quede un regalo de puturrú de fuá. Este tutorial también sirve simplemente para embalar galletas de una forma práctica y bonita, aunque no las vayáis a mandar si no a entregar en mano.



Mandar galletas por correo:


Dificultad, así de primeras: chupado. Probabilidad de complicaciones: cortarse con las tijeras. Presentación: para el que recibe el paquete, genialSabor: a lo que sepan las galletas! Inspiración: años de experiencia con embalaje

Materiales que nos van a hacer falta:

Galletas
Caja (mejor rectangular para cuadrar mejor el contenido sin dejar espacios. La mía era cuadrada, de los chinos y de unos 20 x 20 cm.)
Tijeras
Bolsas de plástico apto para alimentos (también sirven unas de congelar si son bonitas)
Lazo o cuerda
Plástico de embalar con burbujas
Papel de seda
Cinta adhesiva
Cartón rígido
Cúter

INSTRUCCIONES:
Lo primero es elegir una caja adecuada, preferiblemente con tapa y de forma rectangular, así al disponer los pisos de galletas no quedarán espacios huecos. Si vais a enviar un montón de pastas, podéis optar hasta por una caja de zapatos o similar, que tiene más altura.





Sobre el fondo de la caja, ponemos un rectángulo grande de plástico con burbujas, que sobre bastante por los lados para al final poder plegarlo hacia el interior y que nos tape todas las galletas. Yo después me di cuenta de que queda todo aún más bonito si bajo el plástico se coloca un papel de seda, blanco o del color que mejor os combine, para que sea lo primero que se vea al abrir la caja.

Es mejor poner otra capa de burbujas aislantes del tamaño del fondo de la caja, para que no haya posibilidad de que el contenido se golpee.





Las galletas se pueden embolsar individualmente pero de esa manera ocupan más espacio: yo las meto con cuidado en una bolsa de vinilo transparente, formando una capa horizontal con 4 de ellas, que son las que cabían bien por su tamaño en el fondo de la caja.




Para el regalo de mi amiga Raquel elegí las galletas de dos chocolates y pistacho que ya expliqué la semana pasada, pero lógicamente podéis usar cualquier receta que queráis, eso sí, cuanto más frágiles peor porque sufrirán mayor peligro de rotura. 


La bolsa, apoyada con cuidado sobre una mesa o superficie plana, se cierra con un lazo intentando evitar que las galletas se desplacen de su sitio. Podemos adherir a la bolsa una pegatina o colgar de ella una etiqueta con el nombre de la receta o de quien va a recibir la caja, así el regalo quedará más personalizado!





Esta primera bolsa de galletas la disponemos con cuidado dentro de la caja, y la tapamos con un rectángulo de plástico de embalaje, un poco mayor que el área a tapar para poder remeter los bordes en las esquinas y los bordes. Si quedan espacios huecos, podemos ir usando pequeños trozos de burbujas o de papel de seda para rellenarlos.




Con las siguientes capas de galletas hacemos lo mismo: embolsamos en plano, cerramos y colocamos cuidadosamente sobre el fondo, volviendo a cubrir con capas alternas de plástico protector.

Así hasta que lleguemos al borde superior de la caja.






Al final, comprobar la existencia de huecos y rellenarlos bien para que las galletas no se muevan ni lo más mínimo de su sitio. Es el momento de colocar la tapa y sacudir muy ligeramente la caja: si hay espacio libre por arriba, poner más papel o plástico hasta que no se oiga ningún ruido proveniente del interior de la caja!

Hecho esto, doblamos los extremos del primer plástico hacia dentro y los aseguramos con celo o cinta adhesiva. Ahora podéis incluir papel de seda, una carta, un lazo o lo que queráis que se vea nada más abrir la caja.





Ya sólo queda envolver la caja con más plástico protector, asegurándolo de forma que quede bien tirante y no se vaya a abrir la tapa.

Para que viaje con todas las precauciones, yo uso una cubierta exterior de cartón: si tenéis a mano una caja rígida que pueda contener el tamaño de la que habéis usado, perfecto, si no, tendréis que recortar 6 piezas en cartón duro con el cúter: dos para el fondo y la parte superior, y otras cuatro para los lados.




Pegamos bien todos los lados de cartón sobre la caja, para que no quede ningún hueco, prestando especial atención a las esquinas y junturas, que habrá que reforzar con cinta doble. 



Sólo queda escribir la dirección, remite y confiar en el correo certificado!
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