Ayer por la noche, leí este post de Gratis total, que me llevó a otro, ése a otro, y aquél a otro más.

Tratan sobre la diferencia entre la vida chiripitifláutica color de rosa que sale en los blogs y la vida real.  Ya os he hablado antes de mi cruzada personal contra el monismo, cuquismo y pastelismo. No porque no me gusten las cosas bonitas o adornadas, sino por la artificiosidad que venden, las expectativas que crean.


Ahora lo que se lleva en internet es que todo sea bonito. No normal, cutresalchichero o corriente. Todo es perfecto, inmaculado: la ropa que lleva ésta, la casa de revista que tiene ése, o la comida sin tacha de aquélla. 

Supongo que le gente piensa que para ver cosas feas ya tenemos nuestra propia vida, y que entramos en los blogs para ver cosas atractivas, aquello que no tenemos y a lo que aspiramos. Pero la sobreexposición a lo bonito puede tener efectos secundarios y adversos: ¿nunca os ha entrado bajón después de leer alguna cosa en un blog? esa sensación de yonuncavoyapoderhaceralgoasí, yyoconestaslorzas, todoelmundotieneunavidagenialmenosyo ... No se trata de celos, sino de la percepción errónea de una parte por el todo. 

Los blogs se han convertido en una revista de alto nivel, en la que sale solamente lo hermoso, lo conjuntado y preparado. Nadie cuenta sus miserias, sus fallos, secretamente estamos contentos de que los lectores anónimos piensen sobre nuestra ficticia vida genial. 

Pinterest es la guinda del pastel, ése que por dentro es de porexpán. Fotos y más fotos de perfección sublimada, donde hasta lo que tiene pinta de casero y espontáneo está milimétricamente planificado. Experimento: probad a buscar shit (mierda en inglés) en Pinterest y ved las cosas cucas que aparecen.

La ficción publicitaria llevada al terreno de los blogs de comida, que es lo que me atañe a mí, tiene otros aspectos. El estilismo culinario ha llegado para quedarse, las fotos son de nivel profesional. A los lectores les da la impresión de que hay gente que nada más levantarse se pone un delantal bordado para hacer bizcochos (o guisos) sin mácula. Parece que tienen vajilla y trapos de todos los colores que conjuntan con el tono de la comida, flores que aparecen estratégicamente difuminadas al fondo de la imagen, mesas de madera kilométricas, todos los ingredientes y cacharros del mundo... No sólo eso, sino que además tienen tiempo para hacer todo esto y más, posts todos los días, cursos, eventos, saraos y llevar una vida normal que sólo intuimos.

Ésa no es toda su realidad, y es bueno que no lo sea. Todos los blóguers intentan sacar en su espacio lo mejor de sí mismos, ya sea monista o no, de nuestro gusto o contrario a él. Cuesta mucho esfuerzo y horas sacar adelante un blog, pero yo echo de menos saber qué es lo que hay detrás, conocer a quien lo escribe detrás de esa imagen de postal. Quizás un poco de realidad no estaría mal de vez en cuando, ¿no?

Yo intento siempre daros un punto de vista realista sobre lo que hago, pero puede ser que también a veces contribuya a crear esa sensación de que todo es fantástico en mi vida y en mi cocina, así que aquí van algunas cosas que me da miedo contar, porque la vida no es tan dulce, queridos:

  • No siempre me sale todo bien a la primera, ni a la segunda o la tercera. Ha habido cosas que he hecho que nunca he puesto en el blog porque pensé que no pasaban el corte de la calidad media que se ve por ahí. Los macarons no he conseguido hacerlos por mucho que lo he intentado, así que les he cogido manía.
  • Al principio soñaba con llegar al nivel de otros. Como sé que eso no es realista, y no me apetece gastar mi tiempo en conseguirlo, lo he dejado por imposible.
  • A veces me agobia no tener nada que escribir, ninguna receta nueva que poner aquí. No tengo mucho tiempo libre y en demasiadas ocasiones lo quito de otras actividades para invertirlo en el blog: estoy intentando ser más racional y racionada.
  • Me repatean las modas y las reglas. Cada vez me estoy volviendo más integrista y radical contra las tonterías impuestas.
  • Me preocupa perder el rumbo. Este blog no es sólo de recetas, o sí, pero con mi propia voz y mi modo de contar las cosas. No quiero que se convierta en un recetario bonito al que vengáis a copiar una fórmula, sino a leerme. De todos los blogs que sigo, hay muy pocos que lea por el "además". La diferencia que estriba entre "leer blogs" y "mirar blogs".
  • Me he sobresaturado de blogs de cocina y gastronomía. Me importa un rábano a qué sarao promocionado va Periquita o qué recomendación da hoy Fulanito. Leo historias sobre comida, no recetas. Y mucho sobre series, historia, literatura. Mi vida no gira sobre la repostería, a dios gracias.
  • He estado a punto de dejar el blog dos o tres veces en menos de un año. Porque me robaba tiempo, o porque no llegaba a ser lo que yo quería.
  • Soy muy negativa, y muchas veces pienso que lo de los demás es mejor que lo mío.
  • Hago todas las fotos del blog con el móvil. Sí. Cuando quedan oscuras, o claras, las retoco con photoshop, que para eso soy una profesional del diseño. No tengo dinero para comprarme una supercámara ni paciencia para estilizar todo.
  • Intento no montar atrezzos para enseñar la comida, pero a veces es inevitable porque mi cocina es un desastre y no hay casi luz en ella (ahora menos, porque andamos sin bombillas), así que me voy con toda la historia a la mesa del salón.
  • Todo lo que enseño se come: de hecho, a veces se come antes de enseñarlo y para cuando quiero hacer las fotos no queda demasiado. Una vez corté un trozo de tarta para poder fotografiarlo antes de llevarla a la mesa y me arrepentí porque la sensación de cortarla delante de los comensales no se paga con nada.
  • Tengo una cocina normal, más grande que la que tenía en el anterior piso de alquiler, pero nada pega con nada ni es especialmente bonito. No tengo boles ni platos de todos los colores del arcoiris, los trapos y manteles están sin planchar, y todo lo que sale es mío y de uso habitual, hasta las cosas antiguas.
  • No me regalan nada. Todo lo que enseño en este blog lo he comprado yo, para bien o para mal, porque aún no me han ofrecido mandarme ningún jamón.
  • Tengo una gran tendencia a sabotearme a mí misma y a pensar que todo saldrá mal.
  • Soy impuntual y muy desordenada. Hasta límites insospechados.
  • Trabajo en casa y es lo peor que os podáis imaginar. Aburrido y monótono hasta la saciedad, siempre ando en pijama y hecha un desastre.
  • No me gusta el trabajo que hago 40 horas a la semana y estoy deseando cambiarlo por algo tremendo que tengo en mente, pero voy retrasándolo y poniéndome excusas porque pienso que no seré capaz de conseguirlo. Y esto no es para que me digáis que sí, que claro que podré, porque soy cerril y me suelen dar igual las flores que me echen.
  • La vida que pensé que tendría con 30 años no se parece en casi nada a la que tengo.
  • Soy tímida, insegura y no me gustan los consejos. Ni el fondant, ni la artificiosidad ni el color rosa.
  • Me aburre la perfección que durante algún tiempo intenté alcanzar.
  • Odio los programas de viajes porque no me puedo ir de vacaciones.
  • Antes era delgadísima y ahora normal. Lo llevo fatal.
  • Si no comento en otros blogs no es porque me crea guay, sino porque no tengo tiempo.
  • A veces escondo mis aficiones o conocimientos porque creo que la gente va a pensar que soy una pija o elitista. Y nada más alejado de la realidad, soy muy normal. 


Esto es lo que esconde este blog. 

Me gustaría que más gente, igual que ocurrió con la iniciativa Things I´m afraid to tell you en muchos blogs extranjeros, se animara a contar su realidad. No he tratado de criticar la labor de nadie, sino de dar mi opinión sobre el bonitismo imperante y la brecha que existe entre lo asequible y lo publicado.

Me encantaría conocer las historias que hay detrás de muchos blogs, porque las #cosasquemedamiedocontar son lo que nos hace cercanos, normales, achuchables.

La foto de arriba es vuestra si la queréis usar en un post como este. Ánimo, valientes.


Blogueros intrépidos que también han contado sus cosas que da miedo contar:
- Sano y de rechupete
- La flor del calabacín
- Pigscuit
Dr. Muerte se come el mundo
Absolutamente Posh
- April´s kitch
- La cuchara de Neter
- Con azúcar y a lo loco
- Bloc de recetas
- Aliter Dulcia
- Noemozica
- Mandarinas en Berlín
- La libélula roja
- Mis vacas flacas
- The Sweet Pig
- Pinchos y canapés
- Cupcakes are my new love
- Blog Appetit
- Experimentando en la cocina
- Oh, pero esto se come?
- Migas con locura
- Ecléchico
- Veganizando
- Grab Bag
- La cocina de Miss Cherry
- De cómo Pebbles aprendió a querer a Bam Bam
- Lucia Be
- Fly me to the moon
- Biblogtecarios
- No sin mi blog
- La cocina de Mar
- Amazing Morci-men
- Contando cuentos
- La cookería
- Yoya´s treats
- Tartufo recetas
- Esther sweet home
- El pastelito valiente
- Endulzando la vida





Cuando el día está de que no, está de que no. A mí me suele ocurrir siempre que tengo que hacer una tarta: las tartas de pisos son mi némesis, mi kriptonita particular. 

Si algo puede salir mal, segurísimo que saldrá terriblemente mal. Que se queme, que se espachurre, que el relleno se desborde, que no pueda cubrirla... Mal que bien, hasta ahora había solventado las vicisitudes tartiles de alguna disimulada manera. Pero este sábado pasado, la hecatombe llegó y tuve que tirar mi primer bizcocho a la basura. Sin contemplaciones, entero, chimpún. 

El pérfido bizcocho tenía pinta de estar hecho, me hacía ojitos desde el horno. Pero al sacarlo después del tiempo recomendado de cocción, enfriarlo, reposarlo y hablarle con mimo, el muy malvado resultó que no estaba cocido por dentro. Al intentar cortarlo en dos pisos, se espanzurró obscenamente y me miró con cara de chufla. 

Aquello (que iba a ser una tarta de piña) estaba incomible y acabó en el cubo de la basura. Y yo, pensando diosmíoyahoraquéhago porque tenía que llevar postre para 25 personas. Sí.

Como ya había preparado el día anterior las flores de adorno, y la crema para rellenar la tarta, pensé que mejor era aprovecharlo y pergeñé unos cupcakes rápidos, de coco y cardamomo para que conjuntasen con lo que ya tenía hecho.

A lo loco, me dio tiempo en una mañana de tenerlos listos, tan monos que no parecen ni hechos por mí. 


Cupcakes de coco y cardamomo

Dificultad, así de primeras: fácil, fácil, no agobiarse. Sabor: exótico y tropical Tiempo: 1 hora, más o menos Receta de inspiración: para la ganaché, un poco cambiada, ésta de Le Fabuleux destin du chocolat.

INGREDIENTES para 24 - 27 cupcakes

180 g. de mantequilla ablandada a temperatura ambiente
200 g. de panela rallada o azúcar moreno
4 huevos
250 ml. de leche de coco
18 g. de impulsor (Royal)
350 g. de harina blanca
50 g. de coco seco rallado
cardamomo en polvo, una miaja
una pizca de sal

GANACHÉ DE CHOCOLATE BLANCO, COCO Y CARDAMOMO:
2 tabletas de chocolate blanco (150 g.) troceado
100 ml. leche de coco
300 ml. de nata para montar
3 o 4 vainas de cardamomo

RELLENO (opcional):
piña cocida con azúcar y ron
o
cualquier fruta tropical picada fina y confitada


La leche de coco se puede conseguir enlatada en cualquier supermercado, es densa y a veces tiene tropezones, así que hay que revolverla bien antes de usarla. La panela es todo un descubrimiento: azúcar puro de zumo de caña, cristalizado en bloques y con un sabor que recuerda a la miel y el regaliz. Es muy sana y está disponible en la sección internacional de casi todos los súpers. 

Para rellenar los cupcakes usé un puré de piña que tenía ya hecho para la infausta tarta: piña cortada muy menuda, cocida al fuego con un caramelo hecho de ron (cualquier licor vale) y azúcar moreno, hasta que esté blandita. También serviría puré de mango, fruta de la pasión, o cualquier cosa exótica que se os ocurra y que penséis que pega. O nada.

Si no tenéis leche de coco, podéis usar leche normal con un chorrito de ron y vainilla, pero entonces es mejor que uséis más coco seco y un poco más de mantequilla (la leche de coco es grasa y por eso la receta lleva menos de los 225 g. de mantequilla que suelo usar)

PREPARACIÓN GANACHÉ:  
Hay que hacerla antes, para que esté bien fría y se pueda montar. Simplemente, medir la nata y la leche de coco, echarlas juntas en un cazo, añadir las semillas de cardamomo y calentar hasta hervir.

Las semillas de cardamomo son lo que está dentro de la vaina verde: bolitas negras enteras que infusionarán dentro de la nata.


En un bol, tenemos que tener el chocolate blanco ya troceado finamente. Colocamos un colador encima, y vertemos encima la nata en cuanto rompa a hervir. Apartamos el colador con las semillas de cardamomo, y revolvemos suavemente la mezcla para que el chocolate se funda con el líquido.

Cuando la mezcla sea homogénea, la dejamos templar y luego, tapada con film o en un tupper la guardamos en la nevera hasta que esté bien fría.

PREPARACIÓN BIZCOCHO:  
Tamizar la harina en un cuenco junto con el impulsor y la sal. Añadir a esto el coco rallado y el cardamomo en polvo, de éste un poco sólo porque aporta mucho sabor. Precalentar el horno a 180 grados y preparar los moldes de magdalenas poniendo una cápsula de papel en cada hueco.

Batir la mantequilla hasta conseguir una pomada. Aparte, rallar la panela si es el azúcar que vais a usar. Es un poco coñazo trabajoso pero vale la pena.


Añadir el azúcar a la mantequilla y batir hasta que la mezcla se esponje, unos 5 minutos. Agregar los huevos uno a uno batiendo bien después de cada incorporación.

Añadir la tercera parte de los ingredientes secos, batir, la mitad de la leche, batir, otra tercera parte de secos, batir, el resto de la leche, batir y terminar con lo que queda de secos.

Recordad que lo más importante es batir muy bien la mantequilla con el azúcar, para crear burbujas de aire. A partir de ese momento, hay que batir poco, lo justo para que se mezclen los ingredientes.

Llenar con la masa las cápsulas de papel, hasta la mitad o 2/3 más o menos. Yo puse más y me quedaron los cupcakes demasiado reventones...


Introducir el molde en el horno y cocer durante 15-20 minutos, hasta que un palillo pinchado en el bizcocho salga seco. Sólo queda sacar, dejar entibiar un par de minutos, retirar los cupcakes del molde y colocarlos sobre una rejilla para que se enfríen completamente.

Si queréis rellenarlos, cuando estén fríos (a la de unos 20 minutos) hacer agujeros con un descorazonamanzanas (qué bonita palabra) hundiéndolo hasta la mitad y dándole vueltas, para sacar un poco de bizcocho. También vale hundir la punta de cuchillo fino y sacar un cono de la masa en la parte central. Luego, meter en el agujerico lo que os dé la gana.

ENSAMBLAJE TÉCNICO:  
Sacar la ganaché de la nevera. Estará líquida, no pasa nada. Montarla igual que lo haríais con nata líquida y echarla con una manga pastelera o a cucharadas sobre los cupcakes ya fríos.


Los podéis dejar tal cual, o introducirlos boca abajo en una taza grande llena de coco para rebozarlos, o hacer estas flores de piña tan monistas que veis en la foto.

Para engatusar a las 25 personas del evento, también hice galletas de arándanos, y tabletas de chocolate para el cumpleañero. Un sindiós. Pero ésas y otras cosas, como el ataque de las flores de piña gigantes, son para otro día.

Ahora para compensar este episodio de cuquismo tan impropio de mi persona, tengo que estar una semana a chorizo y garbanzos. 


¡¡Y acordaos de leer el primer número de Sugartremens!!
Dicen por ahí que la repostería es cuestión de fórmulas exactas y matemáticas. Yo hago muchas cosas a ojo de buen cubero, a veces salen bien, y otras mal. Más importante que el uso de exactas proporciones es la planificación.

Yo no tengo de eso, ni siquiera cuando me esfuerzo. De modo que en la mayoría de los casos, tengo que improvisar una solución porque resulta que me faltan ingredientes, o no le ha dado tiempo a enfriarse al bizcocho, o... Esta solución normalmente es chapucera y no se parece en nada a la visión excelsa que yo tenía en mi cabeza. Así que tomad nota, pequeños pádawans, de que a veces no vale la pena complicarse demasiado, y que cuando quieres lucirte es mejor hacer algo que ya conozcas...


La semana pasada celebramos con retraso el día de la madre, y mi madre pidió tarta de limón. Tenemos en mi familia una especie de frenesí apasionado por el limón, porque comemos la ensalada con limón, las fresas con limón, el puré de patatas con limón...

Tenemos una tradición imperante según la cual la tarta de limón es de brazo de gitano o de hojaldre, no hay más. Así que me arriesgué a sacar los pies del tiesto y pensé en hacer una imponente tarta de pisos de té con limón, con relleno de lemon curd y frosting de earl grey y.....

De ahí a lo que luego salió, hay un trecho. El bizcocho quedó muy bueno, la crema de limón también era digna. Ambas cosas hechas con planificación y organización militar, el día anterior. Todo lo que intenté pergeñar el día D fue un churro malagueño, mezclado con alergia galopante y espesura mental dominical. 

Al final, ni tan mal, pero el decadente frosting al té no acabó de cuajar (literalmente) y fue sustituido sin contemplaciones por una humilde nata montada con limón.

¿Estaba buena la tarta? sí ¿Era lo que yo había pensado? no. Al final, pensé que lo importante fue que todos la comieron con entusiasmo. El mundo de las perfectas tartas de infinitos pisos, ésas con un corte milimétrico en el que ninguna miga osa asomarse, nos tiene un poco sorbido el seso. 

Cuanto más exacto queráis que os quede algo, más insatisfechos estaréis, pequeños pádawans :)


Tarta de limón (y té, y nata e improvisación)

Dificultad, así de primeras: asequible con un buen despertador.  Probables complicaciones: ¿frosting? ¿frostries de kellogs? ¿mande?. Sabor: a limón limonero Tiempo: y lo que te rondaré morena Receta de inspiración: para el bizcocho, Lemon layer cake de Sweetapolta, con modificaciones.

INGREDIENTES para un bizcocho de 2 pisos y 20 cm.

225 g. de azúcar
ralladura de un limón
225 g. de mantequilla en pomada
120 ml. leche
120 ml. nata agria o sour cream
zumo de un limón grande
1/2 vaina de vainilla raspada o una cucharadita de extracto
4 huevos a temp. ambiente
300 g. de harina
1 pizca de sal
8 g. de impulsor (como Royal)

Para el almíbar:
té negro fuerte (hervir en una tacita 2 cucharadas o bolsitas)
2 cucharadas de azúcar

Para el relleno:

Para la cubierta o frosting:
nata montada
1 cucharada de azúcar
2 cucharadas de lemon curd


En principio, hice la crema pluscuamperfecta usando té en vez de leche: estaba muy buena de sabor pero no hubo tiempo suficiente para que se enfriara y espesara, de modo que tuve que apañarme con la nata montada, mezclada con un poco de esa crema, lemon curd y azúcar.

La nata agria: no es lo mismo que la crème fraîche, es más espesa y tiene menos grasa, pero si sólo encontráis ésa, vale. Si no encontráis ni lo uno ni lo otro, yo hago mi propia nata agria con nata (de leche cruda sin pasteurizar) dejándola fermentar. En el caso normal que es no tener nada parecido ni quererlo intentar, podéis probar a sustituirla por nata espesa, queso crema, yogur natural (no desnatado), buttermilk... No será igual pero servirá. Yo usé mezcla de sour cream y natas de la leche.

PREPARACIÓN BIZCOCHO:  
Precalentad el horno a 180 grados, y preparad un molde engrasándolo bien con mantequilla y espolvoreándolo de harina. Si tiene los bordes bajos, colocad alrededor papel de horno forrando el interior y consiguiendo mayor altura.

Lo primero es rallar la piel del limón y mezclar lo obtenido con el azúcar, frotando con las yemas de los dedos. Así saldrán los aceites esenciales de la fruta y el bizcocho será mucho más aromático.

Añadir la mantequilla ablandada a temperatura ambiente y batir (más eficazmente con batidora, si puede ser) unos 5 minutos hasta conseguir una crema esponjosa de color más claro que el de la mantequilla. Reservar.

Mezclar en un recipiente aparte los líquidos: leche, nata agria, vainilla y zumo de limón. En otro bol, los ingredientes secos tamizados: harina, sal e impulsor. 

Agregar los huevos a la mezcla de mantequilla y azúcar, uno a uno, batiendo bien después de cada adición. Después, sólo hay que añadir alternativamente los ingredientes líquidos y secos: harina / leche / harina / leche / harina / leche / harina.

Así se pone una cocina normal en pleno zafarrancho de combate
Echar la masa en el molde, sacudirlo para que quede la superficie superior más o menos lisa y la masa repartida, y meter en el horno. 

Sweeatpolita, que es muy listilla y perfecta, usa 3 moldes para hacer los 3 pisos de una vez. Así no hay que cortar el bizcocho después, quedan más lisos y se hacen más rápido. ¿Quién tiene dinero y sitio para atesorar 3 moldes de cada tamaño? Yo no, de modo que lo hice a lo bruto en un molde de 20 cm. con bordes altos: no sube tanto y salen 2 pisos normales o 3 muy delgados.

Cocer en el horno durante unos 45 minutos (si usáis 2 o 3 moldes, serán unos 25) o hasta que un palillo pinchado en el centro salga limpio. Ya podéis sacar el bizcocho, y 10 minutos de reposo después, desmoldarlo y dejarlo enfriar sobre una rejilla. Cuando esté frío, envolver con plástico para alimentos y dejarlo en la nevera varias horas o una noche entera para que sea más fácil cortarlo.


PREPARACIÓN RELLENO:  
Mientras se hornea el bizcocho, podéis preparar el lemon curd, dejándolo bien espeso para que al día siguiente sea lo suficientemente firme como para aguantar en su sitio entre 2 pisos de bizcocho sin espachurrarse. 

MONTAJE TÉCNICO:  
La mañana del día D, sacar el bizcocho y cortarlo con una lira o cuchillo de sierra. Con cuidado, intentando que el corte sea recto y horizontal. La parte inferior, es decir, lo que era el culo del bizcocho, lo pondremos arriba porque tienen una forma más lisa. CUIDADO al mover las planchas de bizcocho, es muy tierno y se puede romper!

Preparar un té muy fuerte y mezclar la infusión con una o dos cucharadas de azúcar, disolviéndolo bien. Echarlo con una cuchara sobre la parte superior de los pisos de bizcocho, emborrachándolo.

Sacar el lemon curd de la nevera y esparcirlo sobre el primer piso. Sed generosos, que si no, ¡no se notará el relleno!

Queda lo más complicado. Si habéis preparado un frosting, tiene que estar frío y espeso. La teoría dice que hay que esparcir un poco por encima de toda la tarta, sellando bien el relleno y las migas, refrigerar durante una hora y luego volverlo a cubrir, alisar y refrigerar. En la práctica, llevas ya desde ayer haciendo la puñetera tarta y estás hasta el gorro: coges la nata, echas cucharadas grosso modo e intentas que no se escurra demasiado por las lados. Si se escurre, pasas el dedo y te lo chupas, tan simple como eso.

El colmo de la finura improvisada es hacer marcas con la cuchara, como si tuvieras un propósito artístico y el acabado fuera cutre aposta, y mezclar ralladura de limón o lima con azúcar, dejar que su olor sosiegue tu mente, echarla por encima y darte por contento.



Ah! Nota importantísima: acordaos de pasar el lunes por Sugartremens o por aquí para leer el primer número de la revista, ¡cagonriáu!

Yo, que soy muy rancia y anticuada, tengo una querencia especial por todo lo decadente. Decadente, pasado de moda y calórico, como los postres victorianos, las rosquillas con manteca de cerdo y la leche entera. 

Cuando me pongo rumbera y recuerdo mi educación de pago, a veces saco el mantel y las tazas buenas para merendar como una señorita. Y no hay nada más finolis y decadente que tomar un cream tea. A lo lady británica, pero sin tener que estirar el dedo meñique. 


Contraviniendo todas las reglas de la decencia y la moral, los scones son escandalosamente fáciles de hacer. Pronunciado "escons", como diría Mrs. Patmore, no "escóuns", que eso es una americanada. 

Si tenéis vuestra propia cocinera victoriana particular, decidle que los tenga listos para las 5 de la tarde. En caso de tener que manchar vuestras finas manos, no os preocupéis. Se hacen en un momento y ya preparados se pueden congelar para hornearlos cuando os visite la reina de Inglaterra.


Scones

Dificultad, así de primeras: aptos para cualquiera que no tenga criados.  Probables complicaciones: ninguna, es vergonzoso. Sabor: wonderful, dear Tiempo: 30 minutos Receta de inspiración: Plain scones, del libro "Breakfast, lunch, tea" de Rose Carrarini

INGREDIENTES para 15 scones

500 g. harina
1 puñado de harina de maíz amarilla (opcional)
2 cucharadas de impulsor (Royal o similar)
2 cucharadas colmadas de azúcar
1 cucharadita rasa de sal
110 g. de mantequilla fría cortada en trozos
300 ml. de leche
huevo batido o nata para pincelar

PRA ACOMPAÑAR:
clotted cream o en su probable ausencia, mantequilla o mascarpone
mermelada de fresas
un buen té


Aclaro que los que veis en las fotos eran descongelados, por eso la forma no es muy canónica ya que se me pegaron los unos a los otros en el congelador, ejem. 

PREPARACIÓN:  
Tamizar la harina junto con el puñado de maíz (si lo echáis), el impulsor, el azúcar y la sal. Añadir la mantequilla en trozos y mezclar todo con los dedos hasta conseguir una especie de migas.

Hacer en el centro del recipiente un hueco o volcán y verter la leche. Juntar todo con la ayuda de un tenedor, y cuando esté más o menos homogeneizado, meter las manos y amasar hasta conseguir una masa suave y firme. No tiene que ser pegajosa: en ese caso, añadir un poquito más de harina. 

Precalentar el horno a 200 grados y poner un papel de horno sobre una bandeja.

En una superficie ligeramente enharinada, extender la masa con un rodillo hasta que tenga un espesor de unos 2 cm. Con un cortador, aro, vaso o herramienta casera parecida, cortar círculos de unos 4 - 5 cm. de diámetro.


Los recortes que sobren se pueden volver a amasar, estirar y cortar, para no perder ni un scone.

Colocad los círculos de masa sobre la bandeja del horno y pinceladlos con una mezcla de nata y sal (a lo tradicional) o con huevo batido (esta opción los dorará más). 

Sólo queda introducirlos en el horno y cocerlos durante 15/20 minutos, hasta que estén ligeramente dorados y hayan subido. That´s it, darlings. Mientras, podéis preparar el té, sacar la vajilla de herencia y poneros las perlas. 


Están mucho, mucho más buenos un poco calientes, partidos en dos y servidos al estilo de Devon (primero la crema y luego la mermelada). Si no encontráis clotted cream fresca, podéis extender por encima una buena mantequilla, nata montada o queso mascarpone. Y la mermelada de fresa, of course. Casera, aún mejor.

Otro día que esté rumbera os enseñaré a epatar al personal con un afternoon o low tea completo, con sus sandwiches de pepino decadentes.


God save the Queen!


Para saber más:
- Cream teas
- Scones y cream tea, El foro del pan

Oigan, ya puestos, me dicen que aproveche para vender. La tetera - cafetera de lad fotos, a la venta aquí, y las tazas, próximamente.
El monismo*, el cuquismo** y la idolatración y posterior importación de todo lo extranjero nos han traído la moda de los cupcakes. Cualquier sabor, cualquier color es posible. Cualquier estrambótica combinación de sabores es susceptible de cupcakeizarse: melocotón y queso de cabra, caramelo y bacon, sangría y arroz con leche...

* monismo: dícese del movimiento estético que encumbra todo lo "mono"
** cuquismo: relacionado con el anterior, movimiento gastroartístico que ensalza todo lo "cuco".

Ya hablé anteriormente de todo esto, y defendí los "cápqueics", bien hechos, a ultranza. El problema (para mí, claro está, ya que yo soy una talibana antibobadas radical y peligrosa) está en que cada vez se riza más el rizo, y dentro de poco la parte que se come estará escondida por kilos y kilos de adorno. Mucho lazo y poca chicha. 

Así que para variar un poco el panorama, y porque me siento reivindicadora, hoy tenemos magdalenas. Sencillas y recias magdalenas de pedigrí español, pero ah, reventonas como ellas solas y rellenas de salsa de chocolate.


Una de mis debilidades más inconfesables son las magdalenas de supermercado. No las normales, sino ésas que tienen dentro una especie de chocolate líquido, que se desparrama al untarlas en la leche y morder. Ay.

Las que yo compraba las han dejado de reponer, y llevaba dos semanas como alma en pena hasta que me decidí a hacerlas yo misma. El relleno es tal cual, salsa de chocolate, no trocitos que al enfriarse se ponen duros, no. Las magdalenas suben mucho y son de sabor suave y textura un poco tiesa, para poder untarlas hasta los nudillos sin que se rompan. Slurp.


Magdalenas reventonas rellenas de salsa de chocolate

Dificultad, así de primeras: las magdalenas son para patosos, el paso del relleno igual necesita de colaboración.  Probables complicaciones: empacho por chupeteo masivo de dedos manchados de chocolate Sabor: oh ah uhhhh Tiempo: 30 - 40 minutos Receta de inspiración: para la salsa o sirope de chocolate, ésta de Annie´s Eats

INGREDIENTES (para 6 magdalenonas enormes como las mías o 10-12 normales)

MAGDALENAS:
225 g. de harina
75 g. de azúcar
9 g. de impulsor / levadura química
1 miaja de sal
1 huevo
175 ml. leche
90 ml. aceite de girasol
azúcar moreno o blanco para adornar

SALSA DE CHOCOLATE:
230 g. azúcar
80 - 90 g. de cacao puro en polvo
230 ml. agua
1 pizca de sal
media vaina de vainilla raspada o 1 cucharadita de esencia


Si preferís las magdalenas sin untar, u os gustan más tiernas, podéis aumentar la cantidad de aceite. Al gusto, podéis echarla a la masa del bizcocho vainilla, ralladura de limón, licor o cualquier otra esencia.

PREPARACIÓN:  
Precalentar el horno a 200 grados y colocar las cápsulas de papel dentro de los moldes de magdalenas. 

Tamizar la harina y mezclarla con el azúcar, el impulsor y la sal. En otro recipiente aparte, hay que batir el huevo junto con la leche, y después añadir el aceite. Esta mezcla de ingredientes líquidos hay que agregarla poco a poco a la de ingredientes secos. En 3 o 4 veces y batiendo muy bien tras cada adición.

Llenar cada cápsula hasta tres cuartas partes de su capacidad, y espolvorear con un poco de azúcar moreno.


Meter el molde dentro del horno a 200º y cocer durante 20 minutos aproximadamente, hasta que un palillo insertado salga limpio. Después, sacar del horno, desmoldar, y colocar las magdalenas sobre una rejilla para que se enfríen.

Podéis pasaros los 20 minutos de la cocción delante de la puerta del horno, haciendo aspavientos al ver cómo sube la masa, llamando a toda vuestra familia para que sea testigo de tamaño copete, o ir haciendo la salsa de chocolate.

Esta salsa mágica os servirá para ahorraros el tener que comprar sirope de chocolate cuando queréis acompañar un helado o unas tortitas. Se guarda perfectamente en una botella o frasco dentro de la nevera, dura un montón y sabe infinitamente mejor que el sirope comprado.

Magdalenas reventonas enfriando sobre la mesa de mi cocina normal antimonista.

PREPARACIÓN:  
Mezclar en un cazo el azúcar, el cacao en polvo y la sal. Añadir el agua, revolver para emulsionar todo y llevar a ebullición. Cuando la salsa esté hirviendo, reducir el calor a medio-bajo y dejar que reduzca durante unos minutos, removiendo de vez en cuando.

Con estas cantidades sale mucha salsa, de modo que si queréis guardar la que sobre para usar otras veces, agenciaos un bote hermético. Para rellenar es mejor añadir una cucharadita de maicena disuelta en agua, volver a hervir y engordar la consistencia de la salsa. Podéis apartar la mitad de la cantidad en una botella, para usar como sirope líquido, y espesar el resto con la maicena para usarlo con las magdalenas.

Apartamos el cazo del fuego y añadimos la vainilla, revolvemos bien y dejamos que entibie.

ENSAMBLAJE TÉCNICO:
Para rellenar las magdalenas, podéis usar una jeringuilla gruesa o una boquilla de manga pastelera, de las especiales que hay para rellenar.


Si no tenéis nada de lo anterior, el método casero es cortar con la punta de un cuchillo estrecho y fino una especie de cono en la parte superior del bizcocho.

Echar el chocolate dentro con una cuchara, cortar la parte puntiaguda del cono de bizcocho dejando solamente la parte de arriba, y volver a colocarlo sellando la magdalena.
A comer, a untar y a disfrutar. Guardad las magdalenas que no os comáis en un recipiente hermético para que no se sequen, y ya está todo hecho.

¡Vivan las magdalenas! Como dice Dr. Muerte: ¡BANG BANG, MOTHERCUPKER!



Ya hemos hablado antes de los postres de urgencia. En mi casa, son recurrentes debido a mi total incapacidad para la previsión o la medida real del tiempo. Impepinablemente pienso que las horas son más largas para mí que para el resto de la humanidad, en torno a 75 minutos más o menos.

Para esos casos en que las dichosas horas se encogen, o suena el teléfono anunciando una visita de cuñados, vecinos o amigos intempestivos siempre a veces hay una solución. 

A grandes problemas, sencillos remedios.

La nieve de manzana se hace un chimpún con con 3 ingredientes básicos que hasta los más despistados tendrán en la despensa: manzanas, claras de huevo y azúcar. Si estáis espléndidos y habéis hecho la compra hace poco, se pueden añadir parches gourmet como especias, limón, nata ...




Nieve de manzana

Dificultad, así de primeras: cero coma  Probables complicaciones: montar el merengue a mano a falta de batidora  Sabor: a frio y navidad Receta de inspiración: omenalumi, de Scandi foodie

                  INGREDIENTES (para 2 - 3 personas)

3 manzanas grandes, Granny Smith para los más ácidos, o reinetas.
Zumo de medio limón.
2 claras de huevo.
3 cucharadas de azúcar.


La nieve de manzana es una receta típica del norte de Europa, en finlandés se llama “omenalumi” pero en Gran Bretaña también se conoce como “apple snow”. Se puede cambiar la fruta de base y hacer nieve de limón, de plátano, de pera … incluso de fresas, pero en ese caso el color ya no sería blanco y no parecería nieve 

PREPARACIÓN: 

Necesitamos una salsa o compota de manzana, así que hay que cocinar la fruta hasta que esté blanda, junto con una cucharada de azúcar y el zumo de limón. Con el método queprefiráis: asándolas enteras en el horno, o peladas y cortadas al fuego en un cazo o en el microondas. Tan sólo hay que regarlas con el zumo, espolvorear el azúcar y dejar que las manzanas se ablanden y se vuelvan translúcidas. En el micro, calentadlas a tope de potencia durante intervalos de un minuto.

Cuando estén cocidas, pasamos las manzanas y su jugo con la batidora para obtener un puré, o las aplastamos bien con un tenedor. Después, dejad enfriar la mezcla.

Sólo queda montar el merengue con la restante cucharada de azúcar, hasta que haga picos duros. Es decir,  hasta que cuando levantemos el batidor, la clara montada que haya en él se quede tiesa y no resbale. 

Tan sólo queda mezclar el merengue con la salsa de manzana, colocarlo en copas y decorar con canela, galletas trituradas o lo que prefiráis. Quedaréis como unos reyes al sacarlo a la mesa.



Trucos:

Al hacer la salsa de manzana se puede omitir el limón, si no tenéis, o añadirle especias como vainilla, canela, jengibre, etc.

Se puede agregar un poco de nata montada para que el resultado sea más untuoso.



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