23 agosto 2012

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Pannacotta de limón y menta

Si no tienes calendario o trabajas en casa en pijama sin asomar la nariz por la calle, puedes saber en qué época del año estás leyendo un puñado de blogs de cocina. 

Si me apuras, puedes saber hasta la fecha aproximada. En Navidad tocan galletas, en Reyes roscón, pasamos por el rosa y rojo meretriz a mediados de febrero, las torrijas dicen que es Cuaresma, las cocas que San Juan... Ahora debe de ser verano porque leo helados por todos los lados. Sí, hace calor, no apetece encender el horno, pero a mí no me gustan los helados (¡tachán, confesión!)

Me ahorro comprar azúcar invertido, la omnipotente y omnipresente heladera del Lidl o el accesorio de la Barbie Kitchenaid. Sólo como helado cuando hace un calor infernal, y por la calle, en cucurucho. No sé por qué, pero para mi desubicado gusto personal, comer helado a cucharadas (ya sea casero o comprado) dentro de cuatro paredes desmerece la experiencia. Como mucho, hago algún sorbete sencillo que, según las etiquetas de mi mente, como no es helado no cuenta.

Así que estos días intento preparar cosas que sean fáciles, rápidas y frías. La pannacotta también dice que es verano, sobre todo si lleva limón y menta fresca.


La pannacotta es una de las recetas más fáciles que existen, está buenísima y no hacen falta herramientas nuevas, ni cacharros galácticos. Se puede hacer prácticamente del sabor que se quiera, con muy pocos ingredientes, y queda muy rumbera sobre la mesa. 

En vasos, flaneras, fuente o copas, tiene ese toque señorial y cosmopolita que el pobre flan ha perdido. Si disfrutas de una terraza o jardín, sólo tienes que echarle imaginación e imaginar que estás en el palacio de Burt Lancaster de El Gatopardo.

Pannacotta de limón y menta

Dificultad, así de primeras: none at all Sabor: a agosto en el jardín Tiempo: 20 minutos de elaboración + nevera 

INGREDIENTES para 5-6 raciones

500 ml de nata para montar
150 ml de leche entera
150 g de azúcar
1 limón
1 puñado de hojas de menta fresca
4 hojas de gelatina o cola de pescado


La pannacotta es un postre típicamente italiano hecho a base de nata cocida, azúcar y espesantes. No tiene ningún misterio y se puede hacer de muy diversos sabores. Como a mí me pirria el limón y el otro día afané un poco de menta piperita durante un paseo, la he hecho con eso. La menta aporta un sabor fresco, muy distinto del mentolado fuerte al que se suele asociar.

Si encontráis menta en el campo, perfecto, pero también se suele encontrar en mercados y grandes superficies. Se puede sustituir por hierbaluisa, hierbabuena, romero o cualquier otra hierba, o dejarla como pannacotta de limón, sin complicarnos.


PREPARACIÓN:
Pelar el limón: hay dos opciones, sacar tiras grandes de piel o rallarlo, como prefiráis. Echar la nata, la leche y el azúcar en un cazo y calentarlo a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva.

Subir la temperatura, añadir la piel del limón, las hojas de menta limpias y esperar a que empiece a hervir. Dejar borbotear 2 o 3 minutos, y apartar del fuego para que se temple.

Mientras, exprimir el zumo del limón y echar en ese líquido las 4 hojas de gelatina para que ablanden. Incorporarlas después al resto de ingredientes, remover con una cuchara para que la gelatina se derrita y mezcle homogéneamente, colar para retirar los restos de piel de limón y las hojas y dejar enfriar.

La pannacotta se puede echar en diversos moldes. Si la vais a comer directamente de un vaso o copa, no hay más que verter la mezcla en ellos. Si queréis usar flaneras o un molde con una forma especial (el mío es antiguo, de cobre con interior de estaño), para que sea más fácil darle la vuelta después, untad el interior con una servilleta mojada en aceite.



Sólo queda taparlo bien cuando se haya enfriado a temperatura ambiente, y dejarlo en la nevera unas 3 horas o más, hasta que vayáis a comer la pannacotta.

Es suave, fresca y con una consistencia melosa que se derrite en la boca, ya que no lleva mucha gelatina.


¿Qué os parece? ¿Podemos cambiar el helado por un día?

20 agosto 2012

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Cuadrados de melocotón, barritas de fruta para los disgustos

Hay gente educada, decente y honorable que cuando sufre un disgusto, deja de comer. A los demás pobres mortales se nos abre el estómago, de modo que podamos hundirnos aún más en la miseria gracias a unos kilillos de más y la culpabilidad que arrastran consigo. 

Aceptémoslo: cuando uno está triste, o no le pasa la comida más allá del garganchón, o se pone como un cerdo. También existe la posibilidad de sentirse como un cerdo apático e inapetente con momentáneos ataques de gula y subsiguientes revolcones en el barro de la autocompasión. 

Mientras los ánimos remontan, lo mejor es evitar la tentación del placer inmediato ofrecido por los donuts y otros vicios industriales, y ya puestos a engorrinarse, cocinar algo uno mismo. Será mínimamente más sano, pero trajinar en la cocina da la oportunidad de pensar en otras cosas y relajar el cerebro.

Una receta indulgente para las malas rachas. Las barritas de fruta tienen un nombre suficientemente light y unos ingredientes suficientemente viciosos como para calmar el espíritu. Si las partimos en trozos pequeños, dará el pego de que comemos poco a la vez que podremos guardar una reserva para ocasiones de urgencia nocturna.

Los cuadrados de melocotón son una de las recetas que hicimos en el curso de Basollua, fáciles, rápidos y muy efectivos para los estados carenciales de vitaminas, minerales y ganas de vivir. 


Cuadrados de melocotón (barritas de fruta)

Dificultad, así de primeras: ninguna, se hacen con las manos. Sabor: a mimos y abrazos, cuando se necesiten Tiempo: 15 minutos de elaboración + horno, un chimpún Receta de inspiración: con cambios porque yo lo valgo, ésta de Smitten Kitchen

INGREDIENTES para cantidades para 24 cuadrados de 5x5 cm

200 g de azúcar
370 g de harina
220 g mantequilla fría
2 g de sal
5 g de impulsor o Royal

1 limón
1 huevo
4-5 melocotones maduros
una pizca de cardamomo molido (sustituible por canela o por nada)
1 taza de copos de avena, semillas de lino u otro tipo, cereales, almendras fileteadas...


En vez de melocotones, se puede usar cualquier fruta: albaricoques, ciruelas, nectarinas, manzanas, frutos rojos... La base de los cuadrados es una masa tipo shortbread de mantequilla, así que podéis combinarla casi con todo.

PREPARACIÓN:
Forrar una bandeja o fuente rectangular (para que sea luego más fácil de cortar en barritas) con papel vegetal, y engrasar éste con un poco de mantequilla. Precalentar el horno a 200º.

Rallar el limón, y frotar la ralladura resultante con el azúcar en un bol grande, hasta que el azúcar se vuelva de color amarillo pálido y salgan los aromas esenciales que dan el aroma a la fruta.

Pelar y cortar los melocotones en trozos pequeños, y dejarlos macerar en un recipiente aparte junto con el zumo del limón que hemos rallado antes.


Añadir al bol del azúcar la harina, la sal, el impulsor y el cardamomo molido (si no tenéis, se puede sustituir por otra especia u omitirlo).

Batir el huevo y agregarlo a la mezcla.

Cortar la mantequilla en trozos pequeños, agregarla y chafar con un tenedor, para desmigar todo junto después con las manos, sin calentarla en exceso. Se trata de conseguir una textura de arena, con migas gruesas. ¿Por qué la mantequilla se echa fría? Pues porque se derretirá en el horno, y no antes, dejando huecos entre la masa y así ésta resultará más crujiente. Pero vamos, que en el curso entre tanta gente y espera, se ablandó y quedó igual de bueno...

Echamos la mitad o dos tercios de las migas en el fondo de la bandeja, y extendemos con las manos o una cuchara. Al horno con ello 5-7 minutos.

Sacamos del horno y dejamos enfriar unos minutos, echando después los melocotones (sin el jugo que habrá con ellos) encima del fondo. El resto de migas se mezcla con los copos de avena o semillas que tengamos, para conseguir una textura diferente en la parte de arriba, y se reparte sobre la fruta.

Bajamos la temperatura del horno a 180º grados e introducimos la fuente dentro, dejándola unos 25-30 minutos o hasta que la capa superior esté un poco dorada.

Sacar del horno, dejar enfriar y si es posible, meter todo a la nevera un rato. Esto hará que la parte de la fruta, más jugosa, se endurezca un poco y sea más fácil luego cortar rectángulos pequeños.



Las recetas del taller de repostería veraniega, las barritas y unas magdalenas de cereza con almendra yogur y aceite, las tenéis aquí y aquí por si os interesan.

Fue todo un lujazo estar en Basollua dando mi primer curso, lo pasamos genial y me perdonaron todos mis fallos de principiante. Gracias a Loren por animarme y a todos los que acudieron, cocinaron y rieron, cocinillas a los que conocía de las redes y pude desvirtualizar ese día.

Algunas entradas que han escrito en sus blogs acerca del curso y en las que podéis ver fotos :)

Como yo soy un poco desastre, no me acordé de sacar fotos casi hasta el final, pero aquí van algunas:


Yo y mis estados carenciales nos vamos unos días fuera a ver si nos animamos, después tendré un montón de tiempo (mucho, demasiado, indefinido) para hornear y difundir la buena nueva gorrinera porque no tendré otros quehaceres, desgraciadamente.



01 agosto 2012

12

Verano en Basollua: curso de repostería + comida de Lorentzero

Dicen que la ocasión la pintan calva, para que no puedas cogerla ni por los pelos cuando ha pasado. A mí se me ha presentado una de sopetón, y sin tiempo para pensar ni elucubrar, me he tirado a la piscina con un salto carpado de doble tirabuzón.

Este sábado día 4 daré mi primer curso (glups) de la mano de alguien que me quita los miedos, y si hiciera falta, seguramente a tortas. Lorentzero me ha invitado a que dé un taller en Basollua, sociedad gastronómica en cuya cocina él es jefe y señor. Así que nerviosa y con un mandil decentemente limpio, enseñaré a los que quieran asomarse por allí a preparar recetas dulces y veraniegas.


Magdalenas de cereza, cuadrados de melocotón y alguna sorpresa más si hay tiempo y nadie sale corriendo.

Será un taller práctico y totalmente participativo, en el que se podrán degustar los resultados y cada alumno se llevará a casa pruebas fehacientes para epatar a su familia. Los participantes sólo tendrán que traer ganas, un delantal y un táper grande para transportar comida.

Esto es lo de menos, lo de más es que el curso incluye una comida preparada por Loren Herrero, que es un as de la cocina, además de corredor de fondo, aficionado de la Real, padre y buenísima persona.

Para los que no lo conozcáis, entrad en su blog. Podéis ponerle cara si visitáis Donosti, reservando para comer en Basollua, o viéndole en Robin Food, donde ya ha compartido recetas y conversación un par de veces. La última, enseñó la fórmula de su menestra magistral:



El curso + comida cuesta 25 euros, y será a partir de las 11 de la mañana de este sábado día 4 de agosto, en la Sociedad Basollua (San Bartolomé 30, Donostia - San Sebastián). Si queréis apuntaros, sólo tenéis que mandar un mail al correo electrónico que viene en la foto de arriba o llamar al móvil que está al lado.

Intentaré portarme bien, no decir barbaridades y sacar mis genes guipuzcoanos a relucir.