Fervudo por San Antón, remedio pueblerino

/
16 Comentarios
Como no sé muy bien en qué día vivo, el viernes pasado resultó de sopetón ser San Antón. Y yo con estos pelos. Y sin acordarme.

Básicamente, me da igual que sea San Antón o San Sursum Corda. Prueba de ello es que no llevo reloj y que siempre pienso que es domingo cuando es sábado. Por eso, cuando el otro día viendo en la tele un reportaje sobre gente chalada que lleva perritos disfrazados a bendecir exclamé "¡Ha sido San Antón!", el que se sienta en el otro sofá me miró raro: "¿Y?". "Pues nada, que me he acordado de Vega".

Vega soy yo, y también es mi pueblo. Vega es Vega de Infanzones. Donde nació mi padre y mi abuelo y mi bisabuelo y hasta el último de mis ascendientes de piel cetrina. Vega son los veranos de mi infancia y los tres años que pasé viviendo allí por cosas del destino. Vega es chorizo, garbanzos y pimentón, y en mi cabeza marida perfectamente con el bacalao a la vizcaína y las almejas en salsa verde. Porque yo soy de Bilbao pero más de pueblo que las amapolas.

En Vega ya no hay moñigas en las calles ni gente con madreñas porque de repente le sobrevino el s. XX. Yo recuerdo perfectamente el tiempo en el que no había asfaltado, ni teléfono, ni tractores, y seguro que mi madre se acuerda demasiado bien de cuando fue por primera vez y no encontró neveras ni baños. Ahora llega hasta interné, no os digo más.

Pero por San Antón me viene siempre a la cabeza la imagen del pueblín como era antes, en blanco y negro. Con desayunos de sopas de vino y vecinos esperando la menor ocasión para alegrar el ánimo y el estómago.

Lo más bizarro de esta foto no es el dulzainero ni la señora cafetera en mano, sino la novia vestida de negro. Sí, es una boda.

Las Navidades se alargaban casi hasta el 17 de enero (hasta San Antón Pascuas son) porque ese día había procesión, vermú matinal, pasodobles, verbena y toda la pesca. Los cofrades del santo rifaban un pavo y daban chorizo dentro de la ermita a todos los niños, cuestión ésta de la que se acuerda muy mucho mi padre y de la que se deduce que merendar chorizo era el súmmum.

En la iglesia se cantaba el ramo y se ofrecían hogazas o molletes, que ya bendecidos se llevaban a casa para repartirlos entre familia y animales y que el santo patrón de los cochinos les conservara la salud mediante ósmosis digestivo-milagrera. 

Lo del pan aunque parezca raro tiene su aquel: los frailes de la orden hospitalaria de San Antonio Abad (San Antón para los amigos) trataban en la Edad Media a los enfermos de fuego sacro, fiebre de San Antonio o lo que es lo mismo, ergotismo. Esta plaga que producía alucinaciones, quemazón, gangrenas, abortos y en muchos casos la muerte, fue terriblemente común entre los siglos IX y XV. Hasta mucho después no se descubrió que era provocada por la ingesta frecuente de centeno contaminado con cornezuelo. Como la mayoría de los pobres comía centeno en vez de trigo, caían como moscas mientras flipaban gracias al LSD que tiene el cornezuelo. Por pura chiripa en los hospitales antonianos se alimentaba a los pacientes con pan de trigo candeal en vez de centeno, así que cuando los enfermos iban allí se ponían mejor. Oh, milagro.

De ahí viene la tradición de repartir panes, también llamados cotinos, el día del santo. No tengo la receta y ni falta que me hace, porque no sabría igual. Entonces las hogazas se cocían una vez a la semana en horno de adobe, con el hurmiento (fermento, masa madre) que habías guardado o el que te prestaba la vecina.

Lo que sí tengo es la fórmula del fervudo (equivalente a "hervido"), que es el típico vino caliente especiado con el que se acompañaba el pan. Lo mismo sirve para atemperar el cuerpo que para curar el catarro, o eso dicen. Así son los remedios pueblerinos: friegas parriba y alcohol pabajo. 


Fervudo leonés

Dificultad, así de primeras: cero, apta para estados de confusión mental derivada de procesos gripales  Probables complicaciones: a veces es difícil sacar la miel del bote sin manchar, lo sé  Sabor: a cogorza viejuna  Receta de inspiración: sabiduría popular

INGREDIENTES (para uno)

1 copa generosa de vino
2 cucharadas de miel
orégano y romero


PREPARACIÓN: 
El vino, tinto o rosado. Yo uso uno clarete de mi pueblo, como tiene que ser, casero. Es tan sencillo como poner a hervir el vino, y cuando esté caliente, echar la miel, revolver hasta que se disuelva y a continuación echar una cucharadita de orégano y una miaja de romero. Dejar cocer un par de minutos más, colar y trasegar aún caliente.

Se bebe a sorbines mientras aún arde, sujetando el vaso con las manos para calentárselas.

Fervudo y recuerdos del pueblo: las gafas de picapedrero de cuando mi bisabuelo trabajó levantando el puente de Vega y unas castañuelas.

El sabor es reconfortante pero puede que sea un gusto adquirido. ¿Que esto es una chanfaina y no es receta ni nada y que menudo churro? Me importa un güito, yo aquí escribo sobre lo que me da la gana y en tiempo de nieves me pongo un poco sentimental.

Ya era hora de hablar de mi pueblo y de su sabor, de su olor perdido a moñiga y del que aún tiene a estufa de leña. Con tiempo y un poco de suerte (la que mantiene en pie a mis paisanos más ancianos) seguiré sonsacándoles historias y recetas trasnochadas, de días de jotas y mandil almidonado.



Entradas relacionadas

16 comentarios:

  1. En mi pueblo decimos que hasta San Sebastián Pascuas serán, ya que es el Santo de nuestro pueblo y es fiesta municipal. Muy curiosa la historia del pan de centeno.

    ResponderEliminar
  2. Anónimo1/23/2014

    Eres genial. Me ha emocionado esta entrada como todas las de referencias pueblerinas. Yo conozco este brebaje como "fervido". Bien caliente. Me lo preparó mi padre en una ocasión y me lo recomendó cientos. Decía que no había cosa mejor para espabilar un catarrazo. A mi me parecía una locura del bosque pero a mi padre mi recuperación le pareció de lo más lógica y no hizo ningún aspaviento. Que auténtico¡¡...Gracias por traerme estas maravillas a la memoria.

    ResponderEliminar
  3. Me ha encantado jajajj, y muy interesante la historia del pan de centeno y el dichoso hongo. Oye que me quedé yo con las ganas de hacer glüwein en navidades, y resulta que aquí hay versión de vino calentito especiado para el invierno, y mucho más sencillo. Me lo guardo. Saludos de una sevillana de capital.

    ResponderEliminar
  4. Que gracia me han hecho los comentarios de las fotos. Madre mía qué tiempos aquellos en los pueblos, en esa España rural.
    Para quitarse el frío este brebaje debe venir de perlas.

    Saluditos

    ResponderEliminar
  5. Hay moza, que rebuena eres. Hablando de tu pueblo me he acordado de mi abuela cuando hablaba de sus recuerdos de Cee, y me explicaba que iba a buscar leña para encender el horno con sus hermanas al momente, y se la cargaba en la cabeza, de las reuniones que se hacían en su panadería, de los días de mercado, etc... Ella disfrutaba explicando sus recuerdos y yo escuchando.
    Por favor, explica más de tu pueblo, tú que lo has vivido.

    ResponderEliminar
  6. Pues, por favor, sigue sonsacando historias y recetas, pero sobre todo sigue contándolas por aquí :)

    ResponderEliminar
  7. Ay, me flipa y me gusta tu sabiduría popular. Me has trasladado a mi pueblo, donde solo se veía La 1 y La 2 hasta hace doce años... E internet llegó hace dos (el normal, la fibra óptica ni se conoce). De hecho, para poner fijo en la casa paterna tienen que poner antes 'el poste'... No digo más

    ResponderEliminar
  8. @mc clellan :D en el mío tampoco hay fibra, adónde vas a ir a parar! Pero dependiendo de en qué esquina de casa me siente o si salgo a la huerta, cojo 3G jjjjjjj

    ResponderEliminar
  9. Uy, la leche...

    Cuando pediste en Facebook fotos "de pueblo" estuve tentada de mandarte la foto de bodas de mis abuelos (allá por los años cuarenta con la novia, de 16 añitos, vestida también de negro) y la de su hijo, el mayor de mis tíos (como veinte años después y con la novia ya vestida de blanco... pero en mitad de la plaza del pueblo, con sus boñigas y las abuelas en zapatillas y galochas y rapazuelos de rodillas desnudas y peladas a rasponazos), pero me dio algo de reparo porque, aunque son fotos familiares, bien podrían protestar los protagonistas (mis abuelos ya no, por desgracia).

    Tu receta del hervido me parece sorprendentemente ligera. La versión berciana (yo soy de Ponferrada, pero mi madre es de un pueblín perdido en mitad de los Ancares) incluye una cucharada de unto para que engorde el vino con su miel y romero. Podría mencionar también la versión "descafeinada" que he tomado yo en mi infancia, que consistía básicamente en leche hervida con un generoso chorro de coñac y otra cucharada de miel bien colmada. Mano de santo para padres con niños febriles, porque caías inconsciente durante horas en un profundo (y seguro que etílico) sueño XDD

    ResponderEliminar
  10. @Leydhen yo tengo familia de Paradaseca :) Lo del unto lo había oído pero no siempre, y me parece un poco demasié. En mi pueblo es típico también el "requemao": leche con miel, huevo, orujo y orégano. Pal resfriao.

    ResponderEliminar
  11. Eres única Ana. Siempre se aprende algo leyendo tu blog, por eso, y por todo lo demás, gracias.

    Elsa

    ResponderEliminar
  12. Gracias por refrescarme la historia,

    ResponderEliminar
  13. Muy bizarro el pueblo de tus ancestros por parte de padre. Querría comentar que en aquellos tiempos de la foto de la boda que has publicado, era muy normal que las novias vistiesen de negro o marrón oscuro (a no ser que fueran de ringorango, que sí iban de blanco). Pero eso también en bilbao, que es donde quería llegar

    ResponderEliminar
  14. He probado tu receta de fervudo leonés y en estos días tempestuosos donostiarras sienta de maravilla. Me recuerda un poco al Vin Caldo que me dan en Sauze D´Oulx (Alpes italianos). En cualquier caso, viva el pueblo. Siempre.

    ResponderEliminar
  15. Hola, mi nombre es Francesca y yo soy italiano. Yo estaba buscando nuevas recetas y me encontré con tu blog. Me gusta mucho. Me he unido a sus seguidores. Si usted va demasiado peligroso. Gracias. Francesca.

    ResponderEliminar
  16. Me he reído mucho con tu blog, y solo por eso te doy la gracias. Has escrito un post, muy ingenioso. Yo es que no tengo pueblo, soy de capital, así que no puedo aportar ninguna anécdota, pero me he reído mucho con todas. Enhorabuena.

    ResponderEliminar

Biscayenne. Con la tecnología de Blogger.