Julia Child o la musa gigante #historiaycomida

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4 Comentarios
Uno tiene la sensación de que las grandes figuras, los chefs célebres (ésos que vemos hasta en la sopa), siempre salen de frente en las fotos. En plano frontal para ser reconocidos, supongo, no porque se vean más guapos.

Nada tienen que ver esos retratos con éste. Una mujer alta en una cocina pequeña. Vestida de andar por casa, con mandil arrugado y trapo lleno de manchas que ya no se quitan, rodeada de utensilios sencillos y envuelta en una nube de vapor.

Sisshhhhh fiusssssssh. Esa vaharada reconocible que te empaña las gafas cuando cuelas macarrones.

Es la foto de cualquier madre o abuela en la cocina, de alguien que se esfuerza por poner la comida encima de la mesa con los medios a su alcance. De ésas que siempre preguntan si te has quedado con hambre porque en un momentito te pueden freír un huevo.

Paul Child, París, ca. 1950

Aunque no se parece en nada, la cocina de la imagen me recuerda a la de mi tía. Allí siempre me esperaba reservada el agua de los espárragos en un vaso de Duralex. Seguro que Julia Child tenía una vajilla igual, la mítica de cristal marrón, y seguro que también hacía lo mismo por alguien a quien quería: dejarle el mejor trozo de carne y el melocotón más prieto.

La señora que trajina en el fregadero de esta foto inventó la cocina televisada y fue la mejor divulgadora de la gastronomía francesa en el mundo. Julia Child (1912 -2004) y sus 1,90 metros de humor, sapiencia y disfrute a dos carrillos cambiaron el mundo culinario. Por eso se merece un señor retrato como éste, de perfil y entre vapores.

Esta semana volveremos a hablar de esta musa gigante. Nada es suficiente para homenajear a una persona que pensaba que "una fiesta sin pastel es tan sólo una triste reunión".






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4 comentarios:

  1. Anónimo10/13/2014

    Ya es hora de comentar: me encanta tu blog y esos recuerdos que cuentas y que hablan de la niñez de tantas personas. ¡Viva la vajilla marrón de duralex!. Cierto que ese es un señor retrato.

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  2. Como gigante de 1,90 en cocinas pequeñas, me siento completamente identificado.
    También con la obsesión por freír un huevo para completar cualquier comida y con la sensación de haber calculado mal si todo lo que había preparado se ha comido y no ha sobrado nada.
    Añado a los clásicos la pregunta diaria después de cenar de "¿qué comemos mañana?" y subo tu apuesta con esas madres que se comían las puntas mientras te dejaban los lomos.
    Viva la Child y viva la madre que la parió.

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  3. Son estas fotos las que nos ensenñan la verdadera dimensión de esos mitos nuestros.
    Felicidades por la entrada.
    José

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  4. Gracias Ana por sacar a la más grande. Quiero ya que llegue la siguiente parte del homenaje. Te leo SIEMPRE y es que me da una pena terrible cuando veo que se acaba la entrada. Un abrazo enorme

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