La memoria perdida

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Avelina Marcelina Santos López, mi vecina bonita, falleció hace casi dos meses y aún no hay día en que no me acuerde de ella. Quizás por eso he esperado tanto tiempo para escribir, porque siguiendo las reglas no escritas de los blogs, se merecía una despedida por todo lo alto y no un texto leído a toda prisa entre los calores vacacionales.

La presidenta Avelina era la musa de este humilde espacio mío, y si el tiempo y la salud le hubieran dado permiso, podría haber llegado a dominar el mundo desde su silla en el corral. Para qué hablar de grandes personajes cuando la Historia con mayúsculas se hace a base de las historias minúsculas de gente humilde. Por eso le convencí para que me contara la suya, más en blanco y negro que en technicolor.

Me hablaba de hambre y trabajos duros con una sonrisa, como hacen todas las personas que no olvidan el pasado pero le quitan importancia. Le hacia gracia que yo le preguntara por esos tiempos remotos en los que comían castañas y altramuces y todos metían la cuchara en el mismo plato. "¿Pero esto para qué van a querer saber ésos que te leen? ¡Se van a aburrir!" y yo le decía que no, que era interesantísimo y que esas cosas tenían que saberse porque pronto ya nadie las recordaría. Ella se reía suavecito, se arrebujaba en la chaquetilla y seguía contando.


Este año, por causas tristes que no vienen a cuento, no pude ir a visitarla. Me he quedado con la pena de no haberme sentado otra vez con ella en su patio lleno de flores, de no haberle hecho sentir de nuevo como a una estrella de cine con una sesión de fotos.

Como me decía su nieto Luisma, Avelina no tenía estudios pero sí una sabiduría digna de aparecer en los libros. Quizá las Avelinas, Eulogias u Hortensias del mundo se vayan todas discretamente, como ha hecho ella, y les baste con dejar el recuerdo de un mandil cruzado y sabores retenidos en la memoria a base de amor. Pero también merecen que alguien derrame lágrimas como castañas de gordas mientras escribe sobre ellas, lamentándose por no haber tenido una tarde más.

Su imagen se queda conmigo, al igual que con todos los que la quisieron. Pero su conocimiento lo he perdido, del mismo modo que todos los días se pierde parte de nuestra cultura en pasillos de hospital, residencias y páginas de esquelas.


Apresurémonos a salvar las antiguas recetas. ¡Cuántas vejezuelas habrán sido las postreras depositarias de fórmulas hoy perdidas! En las familias, en las confiterías provincianas, en los conventos, se transmiten reflejos del pasado, pero diariamente se extinguen algunos.

Emilia Pardo Bazán, en su prólogo a "La cocina española antigua", 1913

Seguramente no haya mejor homenaje para Avelina que tomarnos unos garbanzos con tocino y un vaso de Colacao. Si acaso, coger de la mano a alguien y escucharle con la memoria preparada y el bloc de notas al lado. Nunca se sabe.

Así os saludaba Avelina hace un año. ¿Era la más bonica o no?



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12 comentarios:

  1. Anónimo9/10/2015

    Ay que mona, me ha recordado a mis amamas y aitites, con esa mirada melancólica. Qué homenaje más bonito :). Isa

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  2. Rebeca9/10/2015

    Ay, Ana, esto me toca la fibra sensible. Qué bonita que era Avelina y qué suerte haber podido conocer su historia. Me recuerda mucho a mi abuela, que hace dos años que nos dejó, amante también del tocino (y las torrijas). Una no puedr decir mucho más porque, eso, lágrimas como castañas.

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  3. Anónimo9/10/2015

    Gracias por compartirlo, tengo a mis abuelas conmigo y entiendo perfectamente lo importante que es mantener y transmitir sus memorias. Qué bonita ella y qué bonita tú!

    Marta J.

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  4. ¡Cómo me has hecho recordar a mis abuelos! Soy asturiana, pero yo tenía, bueno tengo en mi corazón, un Aitona, el mejor del mundo y una Meme, que nunca perdía la paciencia jugando a comiditas con mi hermana y conmigo o cosiendo ropa para las muñecas. También un Linín que me enseñó el nombre de los árboles, los pájaros, los edificios históricos de Oviedo....¡Cuanto les hecho de menos! Pero tengo que pensar en la suerte que tengo al haberlos tenido durante más de 35 años y aún me queda Tensina, mi mentora en labores, pintura,....
    Cuánto me enseñaron todos ellos, de cocina, de la vida, del amor incondicional..¡¡Puff, no puedo seguir porque ya no veo las letras!!
    Gracias por este homenaje

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  5. Ohhh qué penita! Me acuerdo cuando publicaste el post de ella, me encantan las historias contadas por nuestros mayores. Un beso y mucho ánimo!

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  6. Precioso hasta luego, el tuyo. Casi se la puede intuir sonriendote con la mirada, desde donde ande.
    Enhorabuena, Ana.

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  7. Una señora de los pies a la cabeza según nos cuentas. Sana, sencilla, paciente, sabia, humilde, risueña, puro amor.... Personas así no deberían marcharse nunca. Debería estar siempre con nosotros para transmitirnos esa sabiduría adquirida en tiempos tan revueltos y para darnos continuas lecciones de la vida, que hoy en día está todo tan "desvarajustado" que no vemos más allá de nuestras cuatro paredes.

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  8. Está bien lo de despedirse así...es verdad que se pierde mucho... un besote,
    Mar

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  9. Qué bonito Ana!! "Apresurémonos a salvar las antiguas recetas."
    Y que vivan las Avelinas, Eulogias u Hortensias y sus mandiles cruzados :)
    Te mando muchos bss

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  10. Preciosa semblanza de una mujer que me recuerda a abuelas, tías y gente que se está yendo sin que la literatura ni los espacios públicos le dé el lugar que su dedicación familiar y social merecen.
    Hoy se recuerda el Alzheimer como esa terrible enfermedad que borra los recuerdos poco a poco.
    Está bien que desde los blogs se sirvan este tipo de presencias.
    Enhorabuena por haberla conocido y por haberla sabido valorar.

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  11. Quien está picando cebolla aquí cerca? o es que se me metió algo en el ojo?
    Avelina, estés donde estés, dile a Bet, mi abuela, que la quiero más de lo que pude decirle. y que cada vez que cocino cocina mallorquina se que ella es la que me ayuda a remover los pucheros. seguro que os llevareis divinamente.

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