Soy una golosa irredenta, una glotona incorregible que no se preocupa nada por las calorías.
Disfruto comiendo, y por eso disfruto haciendo de comer. No hay fiesta sin su jamada correspondiente, no hay día sin su "algo rico" obligatorio.
Cocinar diariamente es una obligación que podemos sobrellevar con más o menos interés, pero la supervivencia física no incluye los caprichos. Ese homenaje que nos dedicamos con excusas grandes y pequeñas: el postre del fin de semana, las galletas que nos esperan en el armario, esa guarrería extrema (siempre asquerosa para los demás) que nos zampamos con nocturnidad y alevosía...
En mi caso, admito orgullosamente que el azúcar me puede. Y el chocolate, y la nata montada, y la untuosidad de la mantequilla, y la esponjosidad del bizcocho, y el empalague supremo de la leche condensada...
Mi afición, recientemente ascendida a pasión total, es la repostería casera. Tener todos las semanas un buen postre hecho en casa es una costumbre que he heredado de mi ama, cocinera sin igual que se sabe todas las recetas de memoria. Yo las busco en internet, comparo, apunto, innovo y les paso el obligado test de cata.
Aquí iré poniendo muchas de ellas, con consejos prácticos para que vosotros, golosos incorregibles ¡¡no metáis la pata como a mí me ha pasado tantas veces!!!


